domingo, 25 de mayo de 2025

HALLAZGOS DEL OCIO DOMINGUERO

 

Yo. Flores de domingo

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« Ces paroles outrancières ou indigentes étaient donc acculées à une existence de recluses, enfonces dans la bourre, vivant dans l’ombre, la honte et le silence. Pourtant, et cela le Crieur l’avait bien compris en sept ans de récolte, ces mots ne mouraient pas pour autant. Ils s’accumulaient, se montaient les uns sur les autres, s’aigrissant à mesure que s’écoulait leur existence de taupe, assistant, rageurs, a l’exaspérant va-et-vient des paroles fluides et autorisées »

 

Fred Vargas « Pars vite et reviens tard »

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DAR VIDA

 *A Cristina

 

Hoy se hizo presente -a través de sus ojos-

Lo vi, tan real como si estuviera frente a mí

Fue un destello del Tiempo

un instante en que comprendí que

existimos como línea de puntos

suspensivos

! Es que nunca se fue, nunca partió!

Permanece ahí

En los ojos de mi hija

Y hoy lo vi.  ¡Era él!

¡Era él! , era él!

Era su mirada, era el color de sus ojos

Era un fulgor, venia de muy lejos

Era eterno

E inmortal

Y sentí pavor, estremecimiento y gozo

Yo, que un día antes

Me estaba acuchillando con

el puñal acostumbrado

Que me repetía que nada había valido la pena

Que nada de mi vida

Importaba. En fin... lo habitual

Comprendí

Me fue revelada la inmensidad del Milagro

Que lo que había hecho “Yo” era algo muy arrecho

Yo le había concedido una parte de su inmortalidad

Con mi cuerpo como herramienta, la creamos juntos

Y ella ahora existe

El mundo es habitado por ella

Y eso es estremecedoramente real.

Regresé de verla

Una agitación incomprensible quería salir de mí

Mientras la identificaba

Pensé que una cerveza quizás me ayudaría

Abrí mi propia tasca en medio

De mi desierto cotidiano

Donde quizás algún día puedan decir

«Además de cerveza

La encontramos ahíta de jamón serrano

Chips y aceitunas»

(Negras, eso sí)

mis favoritas

Sin embargo

De mi encuentro de hoy

Con la Creación misma

De la cual formé parte

Me queda el abismamiento

Esta certitud de pequeñez

Y este deseo

De llorar frente a

Una lata de cerveza alemana


 

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Eduardo Ainbinder

Buenos Aires 1968

 

Si mi padre fuese el hombre bala del circo

Si mi padre fuese

el hombre bala del circo podría

despegar de la camilla en la que está

montado y circula por los pasillos

del hospital. Si fuera el enfermero

que lleva esa camilla

le diría a mi padre: "Te llevo

como un botín, prendido a un

enemigo arrepentido y sin fuerzas

ahora a la merced de todos".

a

Si fuese el enfermero que lleva a mi padre

Si fuese el enfermero que lleva

a mi padre por los pasillos del hospital

pensaría que ese acto es una

peregrinación sin fe. El hombre

bala del circo piensa que en su

salto no va a morir

y es una fe arrojada al vacío.

 

Borde de la cama

Lo real no se parece a nada:

un padre no es el hombre bala

del circo, alguna vez tuvo esa fuerza

en el cuerpo, ahora le dice al médico:

"terminaron mis hazañas" mientras

se sienta al borde de la cama:

para dar o no su salto mortal.

a

Pasillo de hospital hacia afuera

La camilla hizo

un giro brusco en la oscuridad:

ha muerto mi padre y

nadie sabe dónde anda,

ni quién le perdonará los abandonos

a esta camilla que ha tomado

definitivamente autonomía.


viernes, 2 de mayo de 2025

ACASO SOMOS LO QUE HACEMOS?

 

Obra de Peter Blake

En la década de los sesenta’s, desde la óptica del socialismo, se hablaba de alienación, para referirse a quienes nos hallábamos “sometidos” al sistema capitalista. El término era muy socorrido por quienes se definían a sí mismos como “antisistema”. El capitalismo era concebido como una maquinaria que funciona por sí misma (inhumana) que devora a sus miembros y cuyo único objetivo es la ganancia económica. Dentro del sistema capitalista, todos somos mercancía y por lo tanto, intercambiables de acuerdo a las leyes de la oferta y la demanda. Los humanos somos apenas una pieza de un engranaje que una vez creado, se ha independizado de la voluntad humana y aplica implacable y autónomamente el principio que lo rige, es decir el lucro. Y el fin justifica los medios.

Para contrarrestar la inequidad social y económica, la injusticia legal y restablecer las sociedades sobre principios humanistas, estaba el comunismo bajo su faceta más amable, el socialismo.  Hablo en pasado, obviamente, y “estaba” es la palabra adecuada. No me voy a detener en el recuento de la debacle del ideal comunista y su estrepitoso fracaso en la realidad, prefiero centrarme en aquel entonces, cuando ese ideal encerraba sueños colectivos y apelaba a lo mejor de cada uno, porque ¿quién que no tomara conciencia del funcionamiento de la economía capitalista, podía no adscribirse al socialismo, que predicaba la igualdad de todos y nos devolvía la esperanza en la humanidad?  Y aquí viene el término “alienación” a ofrecernos la explicación y la respuesta: el “alienado” no ha adquirido esa conciencia, y la maquinaria invisible trabaja para que no la adquiera nunca, para que viva “enajenado”, es decir “fuera de sí mismo” y en función del mantenimiento del sistema. El alienado se percibe falsamente feliz dentro de una sociedad que incita al consumo como único leit motiv de la existencia humana. El alienado pacta con el sistema, se encuentra inserto en él sin saberlo y sin sentirse infeliz por eso, al contrario.  La prédica socialista nos advertía sagazmente contra las estratagemas del capitalismo para someternos voluntariamente. La más eficaz era –y evidentemente sigue siendo bajo otras apariencias y potenciada un millón de veces gracias a Internet- el acondicionamiento, es decir, la influencia sobre nuestras mentes a través de mensajes “subliminales” utilizando los Mass Media y la publicidad como transmisores de mensajes al consumidor de un sistema de producción orientado al lucro, que a cambio le ofrece la “libertad” de adquirir lo que quiera y, por ende, la “felicidad”.  No hay que olvidar que, por esos años los análisis de los llamados “Mass media” conocieron su mayor auge: ahí están La aldea global, “el medio es el mensaje”, de Mc Luhan; “Apocalípticos e Integrados” de Umberto Eco, “El hombre unidimensional” de Herbert Marcuse _haciendo la honrosa salvedad de que Marcuse también acusó al sistema comunista de alienar a sus individuos_  como prueba de la importancia de un tema que ha trascendido décadas y que emplaza profundamente los fundamentos éticos de la sociedad occidental.

La película “L’arrangement” (‘El arreglo”) escrita y dirigida por Elia Kazan, en 1969, que recién he vuelto a ver, me retrocedió mentalmente a esos años de polémicas fructíferas.  Después de 56 años, pareciera que las preguntas siguen siendo las mismas. El sistema y sus peligros siguen estando ahí, aunque debo reconocer que la “conciencia” también, a la espera de que vayamos a su encuentro, y exigiendo hoy más valor que nunca para afrontar el brillo de su iluminación, que nos empuja a actuar.  Más valor, sin duda, del que tuvo Eddie Arness (Kirk Douglas en el film), quien quiso “romper” con el sistema _primero en un fallido intento de suicidio y después tratando de destruirlo desde adentro__ para terminar siendo víctima él mismo de sus propias indecisiones, al adoptar conductas erráticas y contradictorias que solo consiguieron unir a todos los “adaptados” en su contra y sellar vergonzosamente su fracaso. La “sociedad” actuando como un ente amorfo de mil cabezas aullando por su sobrevivencia, acaba triunfando y su ensañamiento es tan cruel que por momentos se hace insoportable; sobre todo porque la historia tiene como trasfondo la expresión más extrema del sistema capitalista: Norteamérica. Con el agravante de que Eddie, hasta el instante mismo anterior a su “toma de conciencia”, encarna a una estrella fulgurante del Universo de la Publicidad, lo que no es un dato casual.

Para mí el instante más demoledor, de hecho, el que precede a la debacle final, es el dialogo entre Eddie y su esposa Florence    (magistralmente encarnada por Deborah Kerr) cuando ella intenta hacerlo “comprender”, le ofrece su “ayuda” y le pregunta que es lo que verdaderamente quiere “hacer”. Él le responde que no quiere “hacer” nada.  Solo tirarse en la hierba de cara al sol.  Solo quiere “ser”

A continuación, ella le pregunta, ¿pero... “ser qué”? 

-Nada, sólo “ser”

-Pero ser qué cosa, insiste ella...

-Nada, solo “ser” yo mismo

-Pero ¡tú qué eres!  Solo eres publicista... ¿y mientras tanto de qué vamos a vivir?