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| Bombardeos sobre Caracas, enero 2026 |
La segunda y
última parte de la serie «Cien Años de Soledad” (Netflix) nos ofrece una
realización extraordinaria. No hay desperdicio:
las imágenes subyugan por su equilibrio y bien lograda teatralidad, las
actuaciones magnificas y convincentes y toda la puesta en escena revelan un
admirable dominio del saber hacer en cine. La historia, contada en off se va colando en la narración visual
en el momento preciso, como una reflexión cargada de gracia, profundidad y poesía
que acompaña las imágenes y nos hace participar no tanto de la historia en sí
misma, sino de la esencia que respira a través de ella, en la que encontramos a
veces con orgullo, a veces con alegría y otras con tristeza o amargura, la
hermandad caribeña que nos une. El universo garciamarquiano ha sido, a mi
entender, profundamente bien captado y se nos va desvelando desde el primer instante
como un lazo genético. Vivimos como
comunes las situaciones excesivas, fantasiosas y hasta extravagantes, que dan sentido
a lo “Real Maravilloso” alegoría con la que alguna vez se nos quiso describir,
y que a estas alturas seguimos aceptando -con reservas- como una bella ilusión
de la que un día despertamos sin saber cómo, ni cuándo, ni por qué.
Sí, porque la
epopeya de Macondo, colmada de prodigios, encantamientos y premoniciones que se
hacen realidad a medida que se cumple el destino del pueblo y de cuatro
generaciones de Buendia, como lo profetizaba Melquiades, quedó sepultada para
siempre junto al propio pueblo en la historia, en la ficción y en la literatura
latinoamericana, tan sepultado como el propio boom. Y como nuestras
ilusiones.
Y aunque la
magnificencia y belleza de la serie parecen evidenciar su vigencia, creo que
más bien confirman la extinción definitiva de una época que pasó y que ya no
nos define. Porque Latinoamérica ya no es lo que una vez se nos dijo que éramos.
No queda entre nosotros lugar para el
asombro y nuestra pretendida realidad maravillosa esgrimida como acta de
nacimiento y asiento natural del absurdo, se ha transformado en una morisqueta
que ya no nos sirve de consuelo. Dimos
la vuelta en círculo a la historia y ahora volvemos a ser el patio trasero de
los nuevos imperios (o del mismo de siempre) y el mismo territorio indefenso,
siempre en subasta pública.
La
circularidad de mi propio pensamiento me llevó desde la matanza de los
trabajadores de las plantaciones bananeras de la United Fruit Company, hasta
los recientes sucesos en Venezuela.
En la novela
(y en la serie) solo con negarla, la matanza termina siendo un hecho que nunca
ocurrió y que dejó de ser real para convertirse en una fantasía más surgida de la
mente alucinada de José Arcadio Buendia.
En Venezuela
el acuerdo petrolero firmado entre Trump y la dictadura rodriguista pareciera
la encarnación de una pesadilla, o la versión real de un hecho literario. Con
la misma malsana perfidia mezcla lo real con lo alucinante, lo innegable con lo
inexplicable, lo factual con lo increíble. Los hechos indican que el acuerdo de
explotación de las reservas petroleras de Venezuela por los próximos cien años
a manos de Trump, al parecer han sellado el futuro del país - un futuro que
estabiliza la dictadura actual mientras la riqueza petrolera es administrada
por los Estados Unidos.
Lo ocurrido
en Venezuela podría encajar en la clásica literatura del boom, pero en clave de pesadilla, por extraordinario, inédito,
inaudito e inexplicable. Una dictadura que hace apenas unos meses parecía tener sus días contados
y encontrarse a la merced de la nación más poderosa del planeta, no solo aún permanece
intacta, sino que ha sido reforzada en el poder por sus previsibles verdugos
Así como de
tanto negarla, con el tiempo la gente de Macondo olvidó la matanza, ahora la
jerarquía rodriguista en el poder emprende con vigor la re-elaboración del
nuevo relato negacionista. No hubo fraude en todas y cada una de las elecciones
ganadas por el gobierno, no quedan varios centenares de presos políticos por
liberar, no hay desaparecidos, muertos y torturados, no hay exilio de líderes
opositores ni destrucción de la economía. No hay hambre y la falta de
electricidad no es su culpa, ellos son víctimas de un continuo sabotaje de la
oposición. No ha pasado nada. La pesadilla es narrada por una sola voz que sustituye
la realidad factual por un hecho que poco a poco va adquiriendo visos de alucinación
colectiva y la población inerme termina acomodándose a la versión oficial para
sobrevivir.
Y es que la
historia describe varios círculos que a veces se entrelazan no tan
caprichosamente como parece a simple vista. Después de la captura de Maduro los
que siguen esperando en vano la liberación de sus familiares presos han debido
soportar a Trump vociferando que en Venezuela “la gente es feliz y baila en las
calles”
Para hacer
más absurdo el absurdo, nuestro relato tampoco nos pertenece, porque ha sido
Trump quien ha venido a revertir la narración, colocando a los personajes donde
estaban al comienzo, como si pretendiera restituir a Mr. Brown (el Director de
la United en Colombia) o a Mr.
Danger, el gringo galleguiano de Doña Bárbara, en sus roles de capataces al
servicio del lucro, único objetivo de las compañías que representan. La actuación de Trump pone en evidencia que
ese objetivo no se ha desplazado un milímetro desde los inicios del Imperio y
que los Mr. Brown y los Mr. Danger se han revestido con nuevos ropajes, pero
siguen desempeñando el mismo papel en la obra. Para nosotros los desengañados de la izquierda
política, el circulo de la historia parece cerrarse y nos encontramos como al
principio: odiando a USA y culpándola de todos nuestros males.
En todo caso lo que parece quedar claro es que
esta confrontación de relatos engañosos desafía (y hasta ahora lo ha hecho con
extrema eficacia) todo análisis predictivo que se realice bajo las actuales condiciones
sometidas a la extrema volatilidad de los caprichos de Trump que pueden
trastocar en cualquier momento las variables que rigen la geopolítica. Pareciera
que el absurdo que nos caracteriza y nos define continuara determinando nuestra
realidad y nuestra historia







