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| Dorothea Tanning. El océano blanco |
Hijo de
Mittelhouse, mártir anarquista francés famoso por haber puesto fin a sus días
abriéndose las venas con el mango de una pequeña cuchara cuando fue hecho
prisionero por la inteligencia enemiga durante la Gran Guerra, Joseph Mittel es
un joven de 22 años que se siente fuera de lugar en el mundo. Sin haberlo conocido, ha heredado de su padre
la leyenda que lo persigue como un lastre. Su enigmática historia y su turbio
final poseen una fascinación que se acrecienta con los años en el medio de los
revolucionarios anarquistas franceses del periodo de entre guerras. Para Joseph
es una celda que lo mantiene preso de una herencia que no desea portar sobre
sus hombros pero que sin embargo controla su vida y determina su acontecer.
Joseph se ha
unido a Charlotte, una joven de su misma edad, militante anarquista con quien
mantiene desde hace dos años una relación, cuando súbitamente, un
encadenamiento de hechos lo arroja a las calderas de un carguero que se dirige
a Panamá y a América del Sur, con un cargamento clandestino de armas cuya venta
ya su capitán ha negociado con los revolucionarios que planean un golpe de
estado en Ecuador.
Pareciera que
la herencia no deseada de Joseph actúa como el origen invisible que determina
el curso de las acciones que se suceden unas a otras sin control. Charlotte se
ha involucrado a fondo en el movimiento anarquista. Para obtener fondos que le
permitan al diario Libertaire (1923)
sostenerse por un año, ha decidido pedirle 30 mil francos al gerente del
mercado de Les Halles de Paris, para quien trabaja como doméstica y amante y a
quien ha amenazado con denunciar ante su esposa si no le pagaba un apartamento
propio y mil francos al mes. Ante la negativa de Monsieur Martin, a Charlotte
no le queda otra salida que dispararle, dándole la muerte. Todo deviene en
tragedia, el crimen es denunciado inmediatamente, Charlotte arrastra a Joseph en
su huida y lo conduce al embarcadero donde rápidamente convence al capitán de La Cruz del Norte, de embarcarlos a
bordo, cosa que el capitán acepta de inmediato, (Charlotte ya ha obtenido
información sobre las armas y se vale de ella para “negociar”) pero el azar
interviene de nuevo. Desde que el
capitán conoce a Charlotte, se inicia un curioso y sutil triángulo amoroso, donde
los sentimientos de los dos hombres permanecen soterrados o disimulados, sin
expresarse abiertamente; como la protección y el afecto que el capitán siente por
Joseph, quien podría ser su hijo, confundiéndolo y paralizándolo; sin por ello
dejar de sentir agradecimiento e incluso admiración y respeto por éste. Los
hilos del verdadero poder parecen tejidos por Charlotte, la única que parece
estar en control de sí misma, abandonada al ocio y a la protección que le
ofrece el capitán. Dócil, encantadora e impasible, los desconcierta, los ata a
su suerte y los mantiene alerta, como si ambos presintieran en ella el origen
remoto de desconocidos peligros.
Pero la
verdadera tragedia está por venir. Como en “El
corazón de las tinieblas”, de
Conrad, en esta novela, “Long Cours” (Gallimard,
1923, 2002) Georges Simenon nos sumerge en la pesadilla de la selva tropical
suramericana y su omnipresencia oprobiosa y temible. Tras numerosos acontecimientos y reveses, a
los cuales Joseph sobrevive sin darse cuenta en manos de designios incontrolables
para él, el carguero arriba al canal de Panamá, donde las autoridades francesas
ya han dado la alerta y emitido la orden de arresto de Charlotte. Para ese
momento ya los rebeldes ecuatorianos que habían encargado las armas a Mopps, el
capitán, han sido vencidos por el ejército ecuatoriano y su líder ha sido asesinado.
Para Mopps eso significa la ruina de su empresa, su barco y su vida. Sin embargo,
logra negociar en el puerto con un rico empresario árabe el pago de la multa
que le ha impuesto la French Line
para atravesar el canal y salir de Panamá, pero debe cambiar de rumbo y de
planes. Decide entonces dejar a Joseph y a Charlotte en el puerto de
Buenaventura, Colombia, con pasaportes falsos y con empleo para Joseph en la
compañía de un traficante de oro, para el momento el hombre más rico de
Colombia.
Todo aquello
acentuaba la angustia, que nunca había dejado de perseguir a Joseph, sobre su
lugar en el mundo, un mundo donde siempre surgía algo que le impedía actuar según
sus deseos, dejándolo en la mitad de situaciones falsas; donde sentía que nunca
había sido “él”. No teniendo ningún punto en común con el partido anarquista,
era simplemente el hijo de un admirado mártir desconocido para él; tampoco lo tenía
con los feroces libertaires que
rondaban la librería de la calle Montmartre, ni con los antiguos amigos
anarquistas de su padre que se habían vuelto ricos, y mucho menos con los
marineros y estibadores del barco que los había conducido hasta Buenaventura. Pero tampoco tenía tiempo para detenerse en
sus cavilaciones, porque enseguida fue conducido junto a Charlotte a los pantanos
de la selva colombiana, equipado con botas de caucho, pantalones de kaki, un
casco y alojado (o más bien arrojado) a un bungalow
donde estaría bajo las ordenes de un geólogo belga, comisionado por la Compagnie Miniére Anglo-Colombienne para dirigir las operaciones
de extracción del oro de los pantanos, lo que realizaban los indígenas y negros
en condiciones infrahumanas. Y muy
pronto aquel pantano, que ya había conducido a la locura al geólogo belga, se presentó
ante Joseph como la materialización de su infortunio y de todas las
incongruencias de su vida. En plena estación lluviosa, durante meses él y
Charlotte no contemplaron más que su choza enlodada y húmeda donde crecían champiñones
encima de su ropa, maletas y enseres, soportaban una temperatura constante de 40
grados, miraban y le temían a un rio pantanoso, plagado de cocodrilos y todo el
tiempo una lluvia interminable e insidiosa caía de un techo bajo de nubes
grises estacionado sobre sus cabezas. Y así
día tras día. Acosados por nubes de mosquitos, arañas venenosas y ratas (había días
en que Joseph debía matar hasta quince antes de poder dormir), aquellos
pantanos se habían convertido en un infierno donde todos agonizaban esperando
un final que nunca llegaba. Dependían de un solo hombre que los aprovisionaba
una vez al mes y no tenían a nadie con quien hablar porque el geólogo belga había
tomado a Joseph por un espía de la compañía enviado para asesinarlo y no les
hablaba.
El relato continúa:
“Los hombres que trabajaban en los pantanos buscando oro eran seres indolentes
y resignados, producto de una mezcla de razas degeneradas que no tenían ni
siquiera el instinto de independencia. Obedecían como bestias, se protegían la cara
con los brazos como niños cuando veían a un blanco encolerizado, eran feos y
casi todos tenían tuberculosis”.
El delirio
persecutorio de Plumier, el geólogo belga, lo conduce finalmente al suicidio,
cuando ya las cartas que ha hecho llegar a la compañía han atestiguado los horrores
de la explotación minera que se supone ha estado bajo su dirección. Charlotte
queda embarazada y a los pocos meses contrae una enfermedad tropical; su vida y
la del niño corren peligro y ese hecho determina lo que se convierte en una obsesión
para Joseph: escapar.
“Mittel
levanta la mirada hacia la grisura de la montaña, semejante a una nube. A lo
lejos, otras montañas, y valles, y ríos. Un continente inmenso con solo aquí y allá,
separados por barreras, pequeños puñados de humanos: blancos venidos de Europa,
negros traídos de África. ¡Y era allí,
en una de esas minúsculas madrigueras que él, Joseph, que poco tiempo atrás aún
estaba en Paris, iba a tener un hijo!”
De las
novelas de Simenon, que disto aun de haber leído todas, sin duda “Long Cours”
debe ser una de las más logradas. Dentro de los cánones de la tragedia clásica griega,
la novela moderna y el género “noir”, moviéndose cómodamente entre ellas, nos
regala un relato sostenido que no decae ni un instante, lleno de matices, sugerencias
estimulantes, intriga, sorpresa, afirmación. Un relato dentro del cual –para no
abandonar el tema marítimo- navegamos con confianza y el placer indescriptible
de sabernos sumergidos en una fascinante travesía.


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