domingo, 4 de abril de 2010

LA AUSENCIA DE LUIS

No ha terminado de irse, aún permanece la estela de todo cuanto tocó, de todo cuanto hizo, de todo cuanto amó.
Sin embargo, no está. El espacio que ocupó es ahora un vacío que se expande, gana terreno minuto a minuto, se impone sobre esta difusa irrealidad de su partida –aún no aceptada, aún incomprendida, y acaso, aún negada- con terrible crudeza.
Sólo puedo atinar a transcribir parte del admirable prólogo que escribió Oscar Sambrano Urdaneta para su último poemario Distancia hacia la zona (Ediciones Rayuela, Caracas, 2004)

“El presente volumen contiene un solo y único poema constituido por ocho partes, todas ellas denominadas "cartas", integrantes de un todo en el que parecen dominar, como temas principales: la muerte, el amor y el caos existencial ¿Cuál de estos es el leit-motiv que se desliza sigilosamente de un poema a otro (…)? Para averiguarlo he vuelto una y otra vez sobre estas cartas, sin conseguir otro resultado que avizorar un mundo en desolación, en el que domina el sentimiento trágico de la vida, la conciencia ensombrecida de la lenta pero segura destrucción propia, y una protesta contra el espíritu burgués, como símbolo del predominio de las hipocresías convencionales, de la pérdida del albedrío ante el régimen que instaura los tabúes sociales, el desplazamiento y la obsolescencia de valores vitales entre los que figuran los más altos del espíritu”

Pocos pudieron penetrar en la poesía de Luis como lo hizo Oscar en esta penetrante visión del hombre total e íntegro que fue Luis Correa. Nadie tomó nota con tanta certeza, de esa inquebrantable rectitud que siempre lo caracterizó, de la conducta irreductiblemente honesta de Luis ante cualquier desviación o ligereza moral. Es eso lo que Oscar llama “la protesta contra el espíritu burgués..la pérdida del albedrío”

Pero dejemos hablar al poeta:


HILANDERÍAS DE HUMO


Cuando tu agua de mármol
cristalice
en los huecos salpicados de mi esqueleto
Perdido en el viento
La calavera que soy
será desfiladero de montañas
cicatrices
sin carne entre las piedras

Comenzaré a tejer
hilanderías de humo
con la magia inaudita de los libros
Serán puntadas largas
Llenas de aguaceros
febriles

En la costura zigzagueante
de los cruceros

Mi voz reventará
las latitudes
el eco
los meridianos
Y la tierra temblará
contra un crujir de miedos

Diré que he vuelto
de la pócima encantada
Y mi sombra
se apostará a tu paso

Nadie me creerá
Solamente tu
Y los cuatro gritos
de la maldición
sentirán la masacre de mi ausencia
y el porvenir de mi tristeza

Como todas las cosas imposibles

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