jueves, 17 de junio de 2010

DOS MUNDOS SEPARADOS

Soy de la opinión de que el respaldo que aún muchos venezolanos le otorgan a este gobierno se origina en un plano emocional desconocido, cuyos resortes ocultos y recónditos no han sido explorados; y en ocasiones me gustaría que alguno de ellos me convenciera con razones incuestionables, de la validez, honradez y verdad de ese apoyo.
Quedan descartados de este grupo, por razones obvias, los que están enchufados y disfrutando temporalmente de los beneficios consustanciales a su enchufe.
Pero, para no caer en la misma emocionalidad que le cuestiono a quienes apoyan al gobierno, digamos desinteresada y honestamente, invoco también la presencia de esa misma sensatez para convencerme de apoyar electoralmente a ciertos personajes de la oposición, quienes –ya es inevitable- constituyen nuestras “alternativas” al presente régimen. Y me topo con la paradoja de que la única forma de darle mi voto a muchos de esos lastimosos “líderes” opositores, es apelando a móviles instintivos y primarios, -nunca a la razón- convenciéndome de modo realista y resignado, de que “esto es lo que hay”. 
Me explico: la misma ruta de pensamiento que me lleva a la conclusión –no verificada- de que todos quienes apoyan a este gobierno lo hacen movidos por emociones de diversa índole, me lleva a la encrucijada de que sólo activando un instinto primario básico, podría emitir mi voto por algunos miembros de la oposición, cuya conducta juzgo lamentable, deplorable o francamente vergonzosa, en el sentido de que dan pena ajena. 
Y asumiendo plenamente esa paradoja, juro que entre unos malos y otros, elegiré a “mis” malos; los del lado de la oposición, sin ninguna duda. También estoy consciente del peligro de que la mayoría de los venezolanos escoja nuevamente el atajo, la salida más inmediata, pero irresponsable y peligrosa, de votar sin mucho convencimiento por una aparente “alternativa”, para salir de un “problemón”, (como pienso que pasó exactamente cuando la mayoría votó sin reflexionar en 1998, por el pico de oro de Chávez, solamente “para salir de los adecos”) pensando, muy a la venezolana, que “en el camino se enderezan las cargas”. Ése es precisamente el riesgo latente dentro de la polarización tan labrada por obra y verbo del militar que “nos gobierna”.
Estoy persuadida de que para resolver este dilema sería de mucha ayuda escuchar qué tienen que decirnos los ideólogos de uno y otro bando, es decir, con qué argumentos van a convencernos. Entiéndanse dos cosas: una, que definitivamente eso me coloca en el bando de los “ni ni” no abstencionistas -¿una nueva categoría de ni nis, acaso?- y dos, que hablo de “argüir”, lo cual excluye frases hechas, muletillas, consignas, sentencias comunes que nunca han sido puestas a prueba y que no resisten ningún análisis serio. Reconozco que el panorama es desolador. Tendría que hacer un gran esfuerzo para recordar algún “argumento” que pueda llamarse tal, esgrimido por algún personaje del gobierno para soportar sus ejecutorias; e inclusive me cuesta recordar argumentos sólidos por parte de “líderes” de la oposición, para desmontar aquéllos. Definitivamente los buenos argumentos no están del lado de los políticos. Hay excepciones, claro está. Precisamente por haber leído bastantes artículos y análisis esclarecidos es que se me ocurre pensar con qué se podrían debatir o rebatir tan brillantes análisis. Pero la realidad real es que aquí no se enfrenta al contrario mediante el debate. No existe el debate en Venezuela, ni entre líderes políticos; ni tampoco entre intelectuales para confrontar sus ideas.
Porque es indudable que este régimen cuenta con sus intelectuales, algunos de renombre, como es también indiscutible que la oposición tiene los suyos. Partamos del principio entonces, de que habitamos un país constituido por dos mundos separados, que no han encontrado la forma de comunicarse entre sí. Cada uno de ellos se alimenta y retroalimenta de sus propias ideas “endógenas”, y jura que ellas explican el mundo todo, incluido el otro, el opuesto al suyo.
¿Cuál es la causa de que hasta ahora de ninguno de los dos mundos haya surgido la intención, o se haya tenido el suficiente valor, de convocar al otro para escucharle exponer sus argumentos y a su vez, exponer los suyos? Sería larguísimo de explicar, pero no olvidemos que la primera causa es lo conveniente que es para el teniente coronel, tener un enemigo bien identificado para culparlo de todos sus errores, no para combatirlo en condiciones de igualdad.
Pero precisamente por eso, convocar a un debate de ideas se hace aún más retador, además de interesante y necesario en estos momentos tan críticos y cruciales para el futuro del país.
A mí me encantaría, por ejemplo, que Luis Britto García debatiera frontalmente con Alberto Barrera Thyska, que Vladimir Acosta debatiera con Tulio Hernández, que Luis Alberto Crespo debatiera con Simón Alberto Consalvi, o que Massimo Dessiato debatiera con Manuel Quintana Castillo, o con Román Chalbaud, que Fruto Vivas debatiera con Oscar Tenreiro, o Gonzalo Ramírez debatiera con Carlos Blanco o con Elías Pino Iturrieta.
De repente eso pone al descubierto cosas mucho más interesantes de lo que nos imaginamos. Un país oculto, el verdadero, quizás. Un país compuesto por dos mundos separados.

1 comentario:

  1. Amiga, totalmente de acuerdo, a pesar que yo si me declaro requetecontrarobolucionariaoposicionista :)
    Lastimosamente, y perdoname el pesimismo, que los venezolanos logren sentarse en la mesa a debatir, porque para eso tendrian que bajarse de sus nubes de individualismo, egoismo y salvese-quien-pueda y dejar de pelar los dientes como perros rabiosos. Los que dirigen y podrian dirigir el destino del pais son incapaces de otorgarle un instante al trabajo honesto por el bienestar común, que es un principio básico de cualquier sistema político civilizado, llámese como se llame :(

    ResponderEliminar