ESA TARDE, ENTONCES
El sonido de sus mandíbulas
al masticar
Le chocaba
Sus eructos falseados
ya no le hacían gracia
No le gustaba, como antes, que la despertara
su tos
(Lo que le confirmaba que él seguía allí, a su lado)
Ya no
Ahora dudaba…
¿Podría soportarlo?
No obstante
Ciertas tardes
Al ocaso
él empezaba a leer una historia
Sobre la Mandrágora
O le hablaba del Manuscrito
Hallado en Zaragoza
O ella lo sorprendía leyendo
En voz baja
Un poema de Drummond de Andrade
Que hablaba de un poeta
Que no pudo suicidarse
Porque en el bar
Frente a su calle
Bullía demasiado la vida
Y el poeta se quedó escuchando
Las risas, la música, la alegría de
la noche
Y entonces
el poeta
detuvo en el aire a
su mano que
dibujaba un arco
desde su revólver
Hasta su sien
En esas tardes
Entonces
ella volvía a adorarlo


Poema de los poetas!
ResponderEliminarPrecisamente!
ResponderEliminarMe encanta... a los poetas siempre volvemos a adorarlos
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