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| Dorothea Tanning. Flor |
EL PELIGRO DE
JUGAR CON LOS CISNES
Maria Eugenia Sánchez
Abril 2024
Cada quien
libra a diario, consciente o inconscientemente, durante el transcurso de toda su
vida, una batalla cuyo único fin es ser aceptado en el mundo y amado por los
demás. Aunque parezcan muchas y diferentes, en el fondo todas se reducen a esa única y
personal batalla, siempre insatisfecha, que libramos cada día bajo otros ropajes
y con las armas que tengamos a nuestro alcance. Es que, sin ser amados o
aceptados, no podríamos concebir la vida.
Las armas que
utilizó Truman Capote fueron su genio, su prodigiosa memoria y su talento
histriónico para ser “adoptado” por la entonces llamada Café Society, símbolo de status,
garantía de pertenencia a un Paraíso mundano y deslumbrante al que muy pocos
accedían, cercano y esquivo a la vez. Para él significaba no solo reproducir la
misma aspiración de su madre, sino reestablecer, al menos ilusoriamente, el único
vínculo que la unía a ella.
Las mujeres
pertenecientes a esa élite, encarnaban el epítome del refinamiento y el lujo, todo
aquello que no podía comprarse, todo lo que estaba más allá del dinero. El las
adoraba, las sorprendía con su agudeza y su inteligencia, las encantaba por su
conversación, hasta lograr al cabo de un tiempo, transformarse en su leal amigo
y confidente.
“delgadas,
bellas, elegantes, meticulosas. Tanto en su atuendo de ciudad como en el
campestre, conservan el exquisito encanto del espíritu”
¿Mujeres
amadas? Para Balzac eran lirios. Para Capote eran cisnes:
“Puede ser
que el cisne se deslice sobre las aguas de una liquidez lucrativa, pero eso no
explica a la criatura en sí misma. Su talento –como todo talento- se compone de
sustancias que no pueden comprarse. Porque un cisne es invariablemente el
producto de la adhesión a un sistema de pensamiento estético, un código
transpuesto a un autorretrato. Lo que vemos es el retrato imaginario,
proyectado con exactitud. Es la razón
por la cual ciertas mujeres, que sin ser verdaderamente bellas han triunfado
sin embargo sobre su físico ingrato, han podido ocasionalmente parecer un
cisne. Ellas tienen de sí mismas una visión tan segura, decorada tan hábilmente
de artificios exteriores, que cedemos a sus exigencias, e incluso quedamos
convencidos de su (pretendida) autenticidad, que al cabo deviene verdaderamente
auténtica”
Magnificas
criaturas a las que, sin embargo, Capote traiciona. Después de la publicación
de su libro ‘Plegarias atendidas” obedeciendo a la desdichada idea de divertir
a sus lectores a costa de hacer públicas las confidencias íntimas que sus “cisnes”
le han revelado en ocasiones al filo de suntuosas cenas, Capote lo pierde
todo de un golpe. Al menos todo lo que había formado una parte de su empeño
vital, de su necesidad existencial. Había vivido durante tanto tiempo en la
atmósfera de esas charlas privadas y levantado con tanta paciencia el edificio
de su prestigio, que no había calculado el riesgo y sin darse cuenta, vanamente
impulsado por la necesidad de repetir el suceso de “A Sangre fría” y sorprender
nuevamente al mundo, esta vez con una obra de estilo “proustiano”, había caído en
su propia trampa y lanzado a la plaza pública lo que le había sido confiado
bajo el sello de una amistad íntima.
La reacción a
“Plegarias atendidas” había sido inmediata: sus fieles estaban consternados,
los ricos, enojados por su audacia y su indelicadeza, se sentían traicionados.
Algunos habían hablado de auto-destrucción. De nada había servido el baile en
blanco y negro que celebrara en el año 1966 como demostración frente al gran
mundo, de su notoriedad internacional. Para él, “Plegarias Atendidas’ fue la
experiencia inédita del asombro y al mismo tiempo, el comienzo del descenso a
los infiernos. Comienza a experimentar a partir de entonces, el paulatino
abandono de la mayoría de sus amigos, abandono que no cesará de producirse
hasta el final.
Hasta el
mismo Norman Mailer, quien siempre lo consideró un escritor extraordinario, se
vio obligado a decir:
“Jamás
hubiera pensado que se mostraría tan imprudente. Y no se trata de audacia. Se
trata de inconsciencia. Ya lo había visto mostrarse audaz –lo había sido toda
su vida- pero no arrogante. Finalmente, ¿a quién le interesa ese género de
cosas? La historia no tiene interés si uno no sabe de quién se trata”
Capote había
elegido el título de su novela de la frase de Teresa de Ávila:
“Más lagrimas
se derraman por las plegarias atendidas, que por aquellas que no lo son”
Y
efectivamente, aunque no se expresara en lagrimas, el efecto que el rechazo mundano tuvo sobre el resto de su vida, fue
definitivo. A partir de “Plegarias atendidas” comenzó a nadar contra la
corriente. Al final de su carrera, exhausto y enfermo, cercado por la depresión
y las ideas de suicidio, se interroga sobre las causas que lo llevaron hasta allí.
Y, sin
embargo, sus “dobles” (Joel, P.B.Jones, Holly Golightly) ya habían conquistado
la inmortalidad. Desde “Otras voces, otros ámbitos” a “Una infancia radiante”
sus personajes han permanecido atados a sus paraísos perdidos, revivido
terrores pasados, la angustia del abandono, la imposible realización edípica. Con
solo leer “Mojave”, “Miriam”, “Música para camaleones” o “Un verano indio”, comprendemos
que Capote poseyó la fuerza de evidenciar, de convencer, tallada en su permanente
obsesión por encontrar la forma más natural de contar una historia, de hacer
que una vez leída, fuésemos incapaces de imaginarla de otra forma. Es gracias a esa depuración, que hoy es considerado
el mejor estilista de su generación, un soñador realizado, donde la escritura
obedece a leyes de perspectiva, de luces y sombras, como la pintura y la música.
Desde su
muerte, en agosto de 1984, la figura del extraordinario escritor que fue
Capote, no ha dejado de crecer en Estados Unidos y en Europa. Artículos de
prensa y revistas, reedición de sus novelas, reportajes y entrevistas, el cine,
con los films “Escandalosamente celebre” de Douglas Mc. Grath, y ‘Truman Capote”
de Bennet Miller, donde Phillip Seymor Hoffman obtiene el Oscar al mejor actor
masculino por su magnífica interpretación de Capote, dan cuenta de su nivel icónico
(por sus escritos desfilan cincuenta años de la sociedad de su tiempo) y de su
inmenso prestigio literario, reconocido y ensalzado por los mejores escritores
de su época.
Los círculos intelectuales
y universitarios americanos, (Stanford, Iowa, Carolina del Norte, Cornell) lo
celebran por su parte, a través de premios, como “Truman Capote Fellowship”,
entre otros premios y reconocimientos.
Capote
alcanzo la Gloria real, después de jugar peligrosamente con sus cisnes
imaginarios.


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