lunes, 15 de julio de 2024

PORQUE TENIA FRÍO

 


Mario Abreu. Objeto mágico 


«Me lo puse porque tenía frio» son las palabras que pronuncia Wladislaw Szpilman, pianista judío polaco, como explicación del uniforme alemán que lleva puesto cuando la resistencia polaca lo encuentra, después de haber estado durante un año escondido en un edificio del barrio alemán de Varsovia.

Antes de ese ‘final feliz” llevaba ya varios años huyendo junto a su familia, y después de perderla, sólo, en los innumerables albergues donde pudo refugiarse. Más de tres años escondido, huyendo, más de siete soportando ultrajes y vejaciones, más de cuatro de haber perdido a toda su familia en Treblinka.

La frase “porque tenía frio” es la condensación perfecta de una historia de locura e injusticia: la historia de la segunda guerra mundial, en este caso aislada del relato escueto de los hechos, y llevada a la historia personal de quien la vivió y sobrevivió en carne y hueso. Su simplicidad, su desnudez, su prístina verdad, nos conmueven profundamente por algo que, por su obviedad, no nos detenemos a pensar, y es “porque son pronunciadas”. Porque para decirlas, había sido preciso conservar la vida, permanecer entero, poseer la necesaria integridad físico-corpórea que albergara la mente y el alma de quien tan solo meses antes de ser descubierto y salvado por la resistencia polaca, había sido salvado por Chopin.  

En la película “El pianista” de Román Polansky, la Ballade N° 1 en Gm. Op. 23, que el pianista se ve conminado a interpretar en el desvencijado y polvoriento piano de la habitación, luego de ser descubierto en su escondite por un oficial alemán de alto rango, la música, como un elemento puro de la naturaleza, se transmuta en verdadera presencia, una presencia que, paulatina e inexorablemente, penetra la sensibilidad del oficial alemán, sepultada y aparentemente perdida bajo el peso de años de perpetración del horror, y lo humaniza.

Lo humaniza hasta el punto de perdonarle la vida y apaciguar su hambre y su frio, regalándole su propio abrigo. El mismo abrigo que lleva puesto al momento de la liberación de Varsovia, cuando, sin percatarse de que lo lleva puesto, sale al encuentro de sus partisanos, queriendo abrazarlos.

La música. Solo eso: la música pura y diáfana tal como debió existir en el instante mismo de la creación, como debe existir aun  en el Reino de lo Indecible, en ese Reino al que solo almas como la de Chopin tienen acceso para traducirla al lamentable, mísero y pequeño mundo de los ignaros, el que habitamos; esa música, expresión del misterio y de la magia en sí mismos, traspasó los oídos del oficial alemán, salió por la ventana del edificio en ruinas donde se encontraban el pianista y él, quizás buscando rozar los muros derruidos de la ciudad destrozada, con su fulgor y su materia inasible, y su presencia, invisible pero todopoderosa. En la película, la música desciende hasta la calle, envuelve la calzada (o lo que queda de ella) donde se ha detenido el automóvil del oficial alemán y el chofer, que lo espera, también la escucha. Nosotros, que lo observamos, “sabemos” que la escucha. Lo atrapamos en el gesto fugaz y detenido de desconcierto, en ese infinitesimal re-encuentro con su propia alma. La música es el inaudito recuerdo de que hubo una vez inspiración, que esa inspiración está esperándonos, alta, en otras esferas, y que es posible para nosotros los humanos, alcanzarla. La música nos recuerda que más allá de la miseria queda un rescoldo de esperanza en el lado noble de la humanidad.

Pienso que la imagen puede trasponerse a lo que nos espera a los venezolanos ante la renovada esperanza que envuelve hoy, en este mismo instante, (15 de julio de 2024), al país.

Lo digo porque, aunque en Venezuela no hemos sido víctimas de un invasor extranjero y enloquecido que se ha propuesto exterminarnos por motivos raciales, nos han querido exterminar de todos modos, real y figuradamente, a causa de una ideología mal entendida y peor aplicada: la ideología comunista, sobre la que no me voy a detener porque sus consecuencias son de sobra conocidas en todos los países donde se ha impuesto o pretendido imponer. En nuestro caso, la agresión nos la han infligido nuestros propios compatriotas, que se apropiaron del Poder para su propio beneficio y se han mantenido en él hace más de 20 años, repartiendo las migajas de lo que no les pertenece, (porque la riqueza del país le pertenece a la nación y no a quienes poseen cargos en el gobierno) a un pueblo totalmente indefenso. Indefenso sobre todo de utensilios y herramientas históricas, de educación y  auto-determinación,  un pueblo que nunca antes se había forjado en el sufrimiento, ni adquirido la fortaleza que otorga la consciencia de su papel y sus posibilidades, mas allá de depositar todas sus esperanzas en distintos “Mesías” que, cada uno en su momento, llenaba las expectativas de milagrosa salvación que el pueblo esperaba de ellos, y que, como era de esperarse, fueron fugaces y la Historia, con sus leyes inflexibles, los sobrepasó y los condenó al olvido. Porque la Historia, para cumplirse como los pueblos la esperan, requiere la acumulación de experiencias, del aprendizaje, y de la consciencia de ella misma: de la Historia y de lo que ella significa.

Ahora, en estos momentos, Venezuela esta imbuida en una ola espiritual. Más allá del análisis de los “datos objetivos de la realidad” que, de atenerse a ellos, harían la empresa de liberar al país de la pandilla de gánsteres que la gobierna, (por la via de elecciones democráticas, me refiero) prácticamente irrealizable, el pueblo venezolano ha decidido obviar esos “datos” y se ha volcado por entero a la esperanza milagrosa, adoptando un lema por decir lo menos, inhabitual en el mundo de la política: “Mano, tengo Fe”

Y el candidato que el régimen aceptó como contendor, proclama su adhesión a lo sobrenatural y deposita en esa instancia toda su FE, en la confianza de que desde allá vendrá, no solo la liberación sino la solución de los ingentes problemas que existen en el país y los que por añadidura le esperan al nuevo gobierno, si el Milagro esperado se produce.

Pero los móviles que encienden en un pueblo la llama de la esperanza, llámese a ello inspiración, o ese ‘algo” indefinible, albergue de lo imposible, pertenecen al Universo de la Magia. Es allí, en ese Reino, el mismo de donde extraen su inspiración los creadores, los artistas, los músicos, los poetas, donde el sufrido pueblo venezolano ha ido a buscar su llama de esperanza.

Y nadie provisto de “lógica histórica’, “racionalidad científica” o métodos cartesianos de análisis, ha podido nunca, ni podrá jamás, penetrar los misterios de esa conexión con lo mágico que se Esperanza. produce cuando un pueblo ha decidido apostarlo todo al Reino de la Esperanza.

lunes, 8 de julio de 2024

AISLADOS PERO INTERCONECTADOS

Dorothea Tanning "Cauchemar" 


Byung-Chul Han (Seul, 1959), filósofo y ensayista experto en estudios culturales, profesor en la Universidad de las Artes de Berlin y autor, entre otros ensayos de: "El  Corazón de Heidegger" (1999), "La sociedad paliativa" (2021), Infocracia" (2022), "Capitalismo y pulsión de muerte” (comp. 2022) –por mencionar apenas algunos de sus 16 libros publicados- es sin duda, quizás junto a Yuk Hui (Hong Kong, 1982) uno de los filósofos más importantes de nuestra era. En “Capitalismo y pulsión de muerte” autores como Slavoj Zizek, esloveno, Peter Sloterdyk, alemán, Paul Preciado, español, Yuval Noah, israelí, Judith Butter, estadounidense, Jorden Pellerson, canadiense, y otros importantes investigadores realizan la compilación y el análisis de 14 de sus artículos, entre ellos “La sociedad del cansancio” “La agonía del Eros”, ‘Psicopolitica” y “Pos-democracia”. En ellos, Chul Han emplaza una época -la nuestra- en la que el acopio forzoso de nuestros datos y nuestra exposición voluntaria en las llamadas “redes de información digital”, hacen posible intervenir en la psique humana e influir sobre ella sin que los afectados lo noten. Pero mas allá de esa acotación, en general  ya asumida resignadamente como obvia, Han profundiza sobre otro aspecto no tan obvio y señala: "Aunque contamos con medios de expresión instantáneos para exhibirlo todo y entregarnos al «imperativo de autenticidad”, también se priva al dolor de toda posibilidad de exposición". Volveremos sobre ello al final de este artículo. 

Chul Han hace énfasis en las transformaciones que la comunicación digital ha instaurado en el planeta y afirma que son de tal envergadura que la mente humana no alcanza a percibirlas en su totalidad.
 
Por su parte Yuk Hui (Hong Kong, 1982) actualmente profesor de filosofía de la tecnología en la Universidad de Hong Kong, conocido por sus conceptos sobre cosmotécnica y tecnodiversidad, rechaza el imaginario catastrófico que acompaña la automatización tecnológica, el discurso distópico y la Inteligencia Artificial. Propone, en cambio, desarrollar una nueva critica de la política económica que señale “en particular las problemáticas tecnológicas del presente, para entender las nuevas formas de alienación que trae consigo la tecnología contemporánea” Su concepto de diversidad tecnológica va dirigido a la profundización de una “imaginación tecnológica” que esté al margen de la hegemonía capitalista y el colonialismo, y buscar, por el contrario, “formas localizadas y avanzadas en las relaciones particulares que cada cultura ha mantenido históricamente con sus propios desplazamientos tecnológicos” En otras palabras, a la globalización y cosmovisión capitalista heredada de la modernidad occidental, que hemos asumido como universal, oponer una suerte de "localización tecno-cultural". 

En sus acuciosos estudios sobre el sistema económico capitalista y sus repercusiones sociales, Chul Han se refiere al conocido concepto customer lifetime value (valor del tiempo de vida del cliente) que, en el capitalismo tradicional, designaba el valor que una persona representaba para una empresa al cabo de toda su existencia como cliente, basado en el propósito de transformar paulatinamente a la persona humana en un valor puramente comercial. Al cambiar el capitalismo su carácter puramente empresarial para pasar a lo que es actualmente, un capitalismo financiero movido por la comunicación digital a través de Internet, la diferencia en cuanto a las relaciones interpersonales, “consiste en la facilidad con que en nuestra era se someten a explotación comercial ámbitos de la vida privada de cada ser humano a los cuales antes no se tenía acceso”. Ante la ineluctable pérdida progresiva de nuestros contornos personales, Han considera necesaria la creación de “nuevos ámbitos vitales, nuevas formas de relación interpersonal” que se le opongan, coincidiendo en este punto con las propuestas de Yuk Hui.

En “La Sociedad del Cansancio”, Han rehace la ruta que ha seguido la economía neoliberal a partir de la crisis financiera de los años 90’s, y encuentra en ella el origen de lo que lo que él denomina la “transparencia” (en otras palabras, la compulsión que nos induce a exhibirnos) (1) y el “agotamiento” que expresan esa crisis a nivel de la sociedad y los seres humanos que la integran. Chul Han considera que la neo liberalización económica que siguió a la crisis, y que se tradujo en medidas de flexibilización laboral, competencia descarnada, desregularización de los despidos, donde “todo quedo sometido a una supuesta eficiencia y rendimiento” produjo lo que él denomina “La Sociedad del Cansancio”. El miedo al futuro, el aislamiento personal y la búsqueda de la felicidad bajo la forma de placeres instantáneos y sin consecuencias, condujo a las sociedades a buscar en la exposición de sus vidas, el remedio a sufrustraciones. “Y al final estamos todos agotados y deprimidos” (…) “En realidad, el conjunto de la vida social se convierte en mercancía, en espectáculo. “La existencia de cualquier cosa depende de que sea previamente expuesta, de su ‘valor de exposición” en el mercado. Y con ello, la sociedad expuesta se convierte también en pornográfica (..) “Lo invisible no existe, de modo que todo es entregado desnudo, sin secreto, para ser devorado de inmediato, como decía Baudrillard” (..) “La transparencia (pornográfica) exigida a todo es enemiga directa del placer, que exige un cierto ocultamiento, al menos un tenue velo". 

"La mercantilización es un proceso inherente al capitalismo, que solo conoce un uso de la sexualidad: su valor de exposición como mercancía” Para Chul Han “la forma de curar esa depresión es dejar atrás el narcisismo. Mirar al otro, darse cuenta de su dimensión, de su presencia" (..) “porque frente al enemigo exterior se pueden buscar anticuerpos, pero no cabe el uso de anticuerpos contra nosotros mismos” 
Para precisar lo que sugiere, recurre a Jean Baudrillard: el enemigo exterior adoptó la forma de lobo, luego de una rata, se convirtió más tarde en un escarabajo, y acabo siendo un virus. Hoy, sin embargo, “la violencia, que es inmanente al sistema neoliberal, ya no destruye desde fuera del propio individuo. Lo hace desde dentro y provoca depresión o cáncer (...) “La interiorización del mal es consecuencia del sistema neoliberal que ha logrado que el hombre actual sea su propio explotador, lanzado sólo a la búsqueda del éxito"(...) “Quien fracasa en la sociedad neoliberal del rendimiento se hace a si mismo responsable y se avergüenza, en lugar de poner en duda la sociedad o el sistema. En esto consiste la especial inteligencia del régimen neoliberal de la autoexplotación: en que el individuo dirige la agresividad hacia sí mismo. Esta autoagresividad no convierte al explotado en revolucionario, sino en depresivo” 

Puede quizás con alguna razón, argumentarse que los fundamentos filosóficos de Chul Han solo se apliquen (y aun así en ciertos casos) a sectores específicos de las sociedades de economía altamente desarrollada (aunque él analiza profusamente los casos de Corea y China, ejemplo de economías desequilibradas) y en efecto, por esas y otras afirmaciones ha sido ocasionalmente criticado. 
En todo caso, no es cierto que Chul Han solo ofrezca una visión derrotista de la sociedad actual y del futuro. Sus constantes referencias al pensamiento de Hannah Arendt confirman su concepción de lo político alejada de toda esencia, para resolverse más bien en “pura cuestión de práctica”. A partir de esa noción, despliega un posicionamiento filosófico que lo aleja de la neutralidad y de la abstracción.

 Vicente Bellver Capella, de la Universidad Católica de Valencia, España, (2) nos hace estas importantes aseveraciones: “Cabe preguntarse si su postura molesta por la misma razón que a tantos entusiasma: porque resulta luminosa, sugerente, intuitiva, metafórica, poética, y porque uno tiene la sensación de estar siempre escuchando variaciones de un mismo cuento. Indudablemente su filosofía no se acomoda a los usos académicos, pero ha conectado con las preocupaciones existenciales de muchas personas en el mundo. 

Sus frases: “El Smartphone irrealiza al mundo” ...”es el nuevo banco de torturas del ser humano” “En el régimen liberal de la psico-politica solo caben dos estados: trabajar o hundirse”, le han granjeado torrentes, tanto de adeptos como de opositores.

Continua Bellver: “Pese a las críticas, consideramos que su obra entronca con la más genuina tradición filosófica que, desde Sócrates, interpela a la sociedad de su tiempo para que despierte de su sueño aberrado, mediante un discurso sentencioso, atractivo y provocador”. Han se enfrenta al tremendo reto de la sociedad actual, como es el tránsito del mundo real al virtual. Ofrece las bases ontológicas, antropológicas y sociales desde las que pensar el Derecho y la Política en los tiempos digitales en que vivimos. 

"Nuestra vida “real” pasa a ser la que vivimos en el metaverso, mientras que la que vivimos en el mundo físico y contingente se va convirtiendo en anacronismo. Es mposible que esto no nos afecte." 

“La positividad de la felicidad que nos promete la tecnología digital ha desbancado a la negatividad del dolor. Pero entonces lo que duele es el persistente sinsentido de la vida misma

“El medio digital es un medio que nos “reprograma”. No captamos por entero el cambio, pero “por debajo de nuestra decisión consciente el medio digital cambia decisivamente toda nuestra conducta, nuestra percepción, nuestra sensación, nuestro pensamiento, nuestra convivencia” (3) La negatividad es aquello que le viene dado al individuo y se percibe como límite (la “positividad” pasa a ser un acto deliberado que pertenece a la esfera de la voluntad personal. En cambio, la negatividad se percibe como un límite impuesto). Es lo “no-inmediato”, lo extraño, lo “otro”, lo que produce pesar y resistencia. El “dataismo”no imagina otra realidad detrás del “dato” dado”. Se rechaza a lo negativo porque se revela en forma de sufrimiento o dolor. En otras palabras, se niega la existencia del dolor como un componente esencial de la vida humana. 

Dice Bellver: “Lo “no-inmediato” fuerza a la espera, que es una de las formas más insoportables de la negatividad, porque supone pérdida del control e incertidumbre. En apariencia y perentoriamente “la tecnología digital nos permite “superar” esa forma de negatividad” Los cambios que en el comportamiento individual ha ido introduciendo la sociedad digital abarcan toda la vida humana, como ya bien lo ha afirmado Bellver. Entre ellos menciono el relativo al “descanso-trabajo” y con esto termino: Dice Bellver “En la sociedad digital el descanso es parte del trabajo, es la parte de reponerse “pero no es ocio. Ya que el ocio implica ‘entrar en un tiempo distinto al tiempo del trabajo”. En otras palabras, en la sociedad digital, “la libertad de movilidad se trueca en la coacción que lleva implícita la posibilidad de “trabajar en cualquier parte”. No es libertad, es esclavitud encubierta “llevamos nuestro puesto de trabajo encima”

NOTAS: 
(1). Transparencia: De acuerdo a Han, en la transparencia “las cosas se alisan y allanan. Se vuelven inmediatamente disponibles” 
(2). Bellver Capella, Vicente y Lucas Romero W. en SCIO. Revista de Filosofía N. 23. Universidad Católica de Valencia, España. Año 2022.
(3). Byund Chul-Han “La desaparición de los ritos” en “Capitalismo y pulsión de muerte” (comp.) Edit. Herder, España, 2022.

lunes, 1 de julio de 2024

LA HISTORIA ES UNA MENTIRA

 

Cours de Temple. Limoges. Fotografia mía 

El emblema de la muy recomendable serie «Da Vinci’s Demons” es: “La historia es una mentira”. Lema provocativo como ninguno, me ha hecho pensar y tratar de indagar un poco más a fondo en el significado   -más allá del recuento bélico- de la historia de la segunda guerra mundial. Lo encontré en varios documentales que actualmente se exhiben en Netflix. Uno de ellos es “Turning Point”. Magnifico, muy bien documentado y sostenido recuento de los entresijos del poder mundial durante la Gran Guerra, la Segunda Guerra Mundial, la Guerra Fría y la actual guerra en Ucrania. El otro es “1939-1945: La Humanidad en guerra”. A través de ellos, la Historia (¿Verdad o Mentira? ¿o lo más probable, un poco de ambas?) se me ha revelado lamentablemente viva y todavía sangrante por sus numerosas heridas aún abiertas, (basta recordar Gaza, Israel y Palestina al día de hoy) aunque la “banalidad del mal” se haya ocultado tras el ropaje de positividad y narcicismo avasallante que tanto nos marea en la actualidad.

En la invasión a Rusia, un joven soldado alemán recibe la orden de disparar a quemarropa sobre un soldado ruso. Tras conducirlo por un paraje apartado, el soldado alemán le confía al soldado ruso “yo nunca he matado a un ser humano, y no lo voy a hacer ahora”.  El joven ruso escapa. El hecho pasa a la Historia. A la pequeña quizás, pero a la historia, en fin.

Cuando las tropas aliadas conquistan Sicilia y continúan avanzando hacia Roma, la resistencia italiana pasa a la ofensiva y el pueblo se rebela contra Mussolini. Tras su deposición y posterior aniquilación, los italianos con ayuda de los aliados, recuperan la ciudad y los prisioneros de guerra alemanes son llevados a Roma. Al desfilar por la ciudad, recibiendo insultos y golpes de la población, un soldado alemán distingue entre la muchedumbre a una niña que corre hacia él. La niña le ofrece un melocotón. El soldado alemán lo toma y se lo lleva a la boca. Años después confiesa que el sabor de la fruta y el momento quedaron grabados en su memoria para siempre. La guerra continuó, y el hecho –también- pasó a la historia, junto con todo lo demás.

Cuando los americanos liberan las islas del Pacifico del Imperio Japonés, en la guerra de Iwo Jima, la isla fue bombardeada y asediada por tanques y metralla durante tres meses. Bajo una cima volcánica, sesenta combatientes nipones continuaban resistiendo, aun sabiéndose perdidos. A través de un intérprete, las tropas americanas les solicitan su rendición, les garantizan seguridad y les ofrecen socorro médico y alimentación. Cuando los japoneses comienzan a salir con las manos en alto, un soldado americano comenta “no tiene importancia si estás del lado bueno o del malo. Ellos combaten por su patria con coraje. Yo en su lugar haría lo mismo”

En apariencia el poder lo tienen las armas. Pero realmente el Poder lo tienen las ideas. La “Idea” encandila. Fue lo que hizo Hitler con el pueblo alemán, lo que logró Stalin sobre el pueblo ruso. La idea lanzada por un líder carismático sobre las masas cuando éstas se sienten “interpretadas” por él, las fanatiza y enceguece, o más exactamente: la idea coloca un velo sobre la realidad y la distorsiona. Pero en el combate sobre el terreno, donde los hombres luchan contra sus semejantes por su vida, puede haber ocasiones en las que el velo se descorre y entonces el hombre que está dentro del uniforme logra “ver” al otro que se oculta también bajo su uniforme y es entonces cuando la “idea” que lo ha llevado hasta allí se desencarna, se despoja de su ropaje, adquiere toda su naturaleza. O se hace a un lado frente a la realidad, o la confirma.

La guerra es un contrasentido, un absurdo. Es destrucción, avasallamiento, vileza, miseria. Pero también coraje, heroísmo, amor, nobleza. Lo demostró el soldado alemán al dejar escapar al soldado ruso, la niña italiana ante el prisionero alemán, la empatía del soldado americano con el soldado japonés. Cuando Hitler ordena invadir Rusia, la orden es exterminio total, no solo de la fuerza armada, sino del pueblo ruso.  El ejército alemán avanza dentro del territorio ruso con la orden de no dejar a nadie con vida, y eso pasaba por incendiar casas y granjas, incluidas personas y animales.

La reacción del pueblo ruso fue de odio y furia vengativa contra los alemanes, que se cristaliza años después cuando la Armada Rusa entra en territorio alemán a finales de 1944. En confesión de un soldado ruso que formó parte del ataque, los alemanes habían asesinado a toda su familia en 1940; y su único pensamiento desde entonces había sido la venganza. Y lo logró. Tras un ataque despiadado y sin tregua sobre la ciudad y sus habitantes, ese mismo soldado logró clavar la bandera rusa sobre el Reichstag, tras la victoria definitiva sobre los alemanes. No sabemos si su versión es la verdad. Pero lo que simboliza se encuentra mas allá de la Historia y la supera. 

Para este soldado la idea que Stalin había clavado en su mente se volvía carne en el combate, se volvía “real” al liquidar a todo alemán que se cruzase en su camino. Era el mismo tipo de odio que sentían los alemanes hacia los rusos.

La idea de defender la Patria es la más poderosa de todas y cualquier hecho, por abominable que sea, la justifica. Fue el mismo Churchill quien decidió “acabar con los civiles alemanes” bajo la premisa de “desalentar el apoyo que le prestaban a Hitler”, y fue bajo esa premisa que se produjo el bombardeo aliado sobre Hamburgo, en 1940, que destruyó prácticamente toda la ciudad. Tras el bombardeo, los espías británicos informaron, sin embargo, que una gran cantidad de soldados alemanes aún se encontraban escondidos en una Abadía. Roosevelt había prohibido expresamente bombardear objetivos de importancia histórica o religiosa y la Abadía no había sido tocada.  Hasta entonces. Pues, aunque luego se comprobó que la información era falsa y que, en realidad los que se hallaban en la Abadía eran civiles, el comando aliado decidió bombardearla de todos modos. El fin justificaba los medios, una vez más. Uno de los pilotos confesó después lo que sintió en aquel momento, cuando que se vio obligado a hacerlo: “un acto así no se comete en nombre de la Patria, algo así es solo carnicería”

Las ciudades alemanas fueron devastadas por los rusos y luego por las tropas aliadas. Cuando estos últimos entran a Berlin para acabar con la poca defensa alemana que quedaba, sus obuses, sus tanques y sus metralletas solo añaden más ruinas a las ruinas, más dolor al dolor, más tragedia a la tragedia.

El pueblo alemán sufrió pérdidas, destrucción y miseria como los otros pueblos de Europa, pero ninguno sufrió más que el polaco.   No solo Polonia fue el primer país europeo en ser invadido por Hitler, sino que además de los campos de concentración y la infamia del Gueto de Varsovia, tuvo que soportar hasta el final el encarnizamiento personal de Hitler y el abandono de la Armada Rusa, que los condeno a defenderse solos, y a tener que llamar a las filas de su resistencia a mujeres, ancianos, escolares y niños de 13 y 15 años. Dudo que ningún otro pueblo como el polaco haya dado mayores muestras de valor y coraje ante el tormento.

Ciertamente, nada comparable al que sufrieron los franceses, cuya capitulación y colaboración con el nazismo bajo el gobierno de Pétain en Vichy es difícilmente justificable, aun considerando el heroísmo de Pétain en la Gran Guerra, y viéndolo bajo la óptica benevolente con que se mira la “Resistencia” francesa y al General De Gaulle. Basta ver las imágenes de las tropas aliadas entrando en Berlin, en Hamburgo, en Colonia, para quedar pasmado ante el nivel de destrucción causado por la guerra dentro del mismo país de Hitler. Basta ver las imágenes de esas mismas tropas entrando en Paris, para ver la ciudad esplendente, con sus calles intactas, flores en los balcones y chicas bellas, bien vestidas y peinadas besando a los soldados. Y algo curioso: el documental no menciona al gobierno colaboracionista de Vichy, como tampoco el pacto germano-sovietico! ..

Pero, en definitiva, la guerra asoló al mundo por igual. Entre los rostros de libios, marroquíes o egipcios, y los rostros de los prisioneros rusos o italianos, de los ingleses tras los bombardeos, de los japoneses que se rinden ante las tropas americanas, de las víctimas de las bombas de Hiroshima y Nagasaki, de los soldados americanos en Pearl Harbor, no hay diferencia en la expresión, aunque sean de distintas razas. Todos componen uno solo y el mismo rostro: el de una humanidad librada al desvarío, “no importa de qué lado esté”, al sometimiento, a la enajenación de si misma. E innegablemente víctima del sufrimiento, del dolor indecible que surge del desconocimiento de la causa originaria que –tal vez- justificaría su dolor y su tragedia personal. Su mirada humillada, a merced del flujo de circunstancias ajenas y lejanas que lo avasallaron, -aun tratándose de los “vencedores”- nos deja estupefactos y consternados.

El mundo sigue en sus vueltas y la Historia con ella. A la Segunda Gran Guerra le siguieron las guerras “Santas” o la Yihad Islámica, el ataque a las Torres Gemelas, las epidemias virales, reales o inventadas, la guerra actual en Ucrania, el ataque de Gaza y el genocidio que se comete actualmente en Palestina, la Inteligenica Artificial....

También en las guerras y conflictos actuales se confirma esta apreciación de que las Ideas –o más propiamente dicho, las ideologías- han fungido y fungen aun, como motor de la Historia. Y como las ideologías son un velo sobre los ojos, es por eso –creo yo- que en “Da Vinci’s Demons” se dice que la Historia es una Mentira. Esa y cualquier otra historia. Como ejemplo vemos que nada mueve con más eficacia el aparato del terror islámico que la Idea fanática de la supremacía del islam sobre las otras creencias o religiones. Y que nada mueve con más eficacia a las tropas rusas que la Idea de Putin de revivir el antiguo Imperio Ruso. Y a partir de cómo se interpreten los hechos que dan expresión a esas ideas y las concretan, la Historia –así con mayúsculas- podría ser Verdad o Mentira.

Pareciera que la Humanidad no termina de aprender a vivir con ella misma.