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| Obra de Leonora Carrington |
«Hay quienes
causan felicidad por dondequiera que van; otros cuando se van”. Esta irónica e hilarante frase que he traducido libremente, y que no podía ocurrírsele
a otro que no fuera el genial Oscar Wilde, encabeza el film “Sang Froid”,
(2019) versión americana del original, titulado “Refroidis”, escrito por el
realizador, escritor y escenarista danés Kim Fupz Aakeson, que me ha dejado asombrada y sonriendo
interiormente durante días, desde que la vi.
Me encantan las
buenas películas, y esta parodia de una guerra entre bandas de narcos, desatada
accidentalmente por una serie de equívocos que se produce en las montañas
nevadas de Colorado, ocupa desde ahora un lugar preferencial en mis gustos. Lo que no deja, sin embargo, de remitirme una
vez más a la paradoja que define este siglo desde su profundidad.
Este siglo me
incomoda, no encuentro mi lugar en él y por eso mis lecturas, mis películas y
mi música preferida se detuvieron, con algunas excepciones, claro está, en el año
2000. De todos modos, no tengo que hacer
demasiados esfuerzos, el siglo anterior fue apenas ayer, por muy avasallante
que sea la velocidad actual de la comunicación global. En todo caso, lo que hoy observo bajo la máscara
de efectos especiales, sonidos envolventes y producciones de inteligencia
artificial, me parece vacío y totalmente carente de interés. No encuentro en
ellas “obras” que reflejen la existencia de un pensamiento filosófico sobre la
era que estamos viviendo, exceptuando claro está, los que abordan la distopía
actual, pero la mayoria no como reflexión, sino como denuncia sin alternativas. Los temas de esas producciones (hablo de las
que conozco) están falsamente relacionadas con la esencia de “lo humano
universal” y pueden referirse a personajes, historias y leyendas que constituyen
la esencia de la historia de la humanidad, pero se les presenta deformados y deshumanizados
haciendo uso de un exuberante despliegue tecnológico de última generación. Lo
que en definitiva es anti-histórico y por ende, anti-humano. Y por cierto, no es casual, por el contrario,
tiene un propósito claro y definido.
Ya lo he
citado antes, pero sin poderlo evitar, todo camino de reflexión que inicio sobre esta
época que vivimos, me conduce a él, aun cuando él mismo se haya “retirado” de
sus propias conclusiones y “refugiado” en su jardín, hundiendo sus manos en la
tierra, donde ha reconocido la presencia de la verdad-verdadera. Me refiero a Byund-Chul-Han, filósofo coreano
actualmente residente en Alemania, autor, entre otros muchos ensayos, de “La Societé
de la fatigue”, “La Societé de la transparence”, “The Agony of Eros”, por
ejemplo, donde disecciona la “Sociedad digital”, su función dentro de la economía
liberal y la psico-politica, y es uno de los filosofos contemporaneos que ofrece las bases ontológicas, antropológicas y
sociales desde las cuales re-pensar la Sociología, el Derecho y la Política.
Trato de
transferir ese marco general a la esfera de la producción visual y al conocido
con el sugerente, (por revelador de intenciones), término de “entretenimiento” para
insertar ahí mis modestas reflexiones sobre el cine que elijo ver, el que no me
produzca la insoportable sensación de haber sido estafada, y encuentro esta afirmación
suya, que ataca el fondo terrible del asunto:
“Nuestra vida
“real” pasa a ser la que vivimos en el ‘Metaverso”, mientras que la que vivimos
en el mundo físico y contingente, se va convirtiendo en anacronismo”


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