jueves, 10 de julio de 2025

POEMAS DE VERANO

Saltando de un poeta a otro, dejandome caer, encantada por la musica de las palabras, esta seleccion no obedece a ningun otro criterio,  como no sea el mero placer. No hay épocas, tendencias ni estilos que escoger, tampoco explicaciones; sólo la vagancia y la irrupcion de la sorpresa 


I. Balada del viejo marinero, 1799

Coleridge


El invitado escucha la música nupcial, pero el marinero continúa su cuento.

La novia ha entrado en la iglesia, sonrosada como una rosa está

saludando con la cabeza ante ella van los alegres trovadores.

El invitado se golpea el pecho, pero otra cosa no puede hacer sino escuchar:

 Y así continuó el anciano hombre, el marinero de ojos brillantes.

 "El barco es arrastrado por una tormenta hacia el Polo Sur.

—Y entonces llegó la ráfaga de la tormenta, y era poderosa y tiránica:

golpeó con sus alas atrapadoras, y nos persiguió hacia el sur".

 «Con mástiles inclinados y proa sumergida, como quien perseguido

 con gritos y golpes, aún pisa la sombra de su enemigo,

y hacia adelante inclina la cabeza,

el barco raudo andaba, fuerte rugía el viento

y hacia el sur siempre huimos.

 La tierra del hielo y de los espantosos ruidos, donde no se veía cosa viviente.

Y juntas llegaron niebla y nieve e hizo un frío asombroso

 y el hielo, alto como el mástil, llegó flotando, tan verde como esmeralda.»

Y en medio de las corrientes los acantilados nevados enviaban un resplandor lúgubre

ni formas de hombres ni de bestias vimos…

El hielo nos rodeaba. Había hielo por aquí, había hielo por allí, había hielo por 

todas partes: crujía y gruñía, y rugía y aullaba


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II. HISTOIRE SECRÈTE (fragment)

Césare Pavese  

« Mon grand-père disait –me racontait elle une fois- que tout ce qu’on faire comme labour a la campagne, se transforme en force dans notre sang pendant la nuit. Il y a quelque chose dans le terrain que respire quand on transpire »

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« Moi, il me semble qu’il sort de la terre une chaleur continuelle qui maintient les arbres verts y qui les fait pousser et il y i a des jours ou cela m’impressionne de marcher parce que je me dis que si ça se trouve, je mets les pieds sur ce qui vit et que, sous la terre, il s’aperçoit »

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« A ce moment-là, je humais l’air mouille, et je sentis finalement l’odeur de l’éclair : une odeur nouvelle comme celle d’une fleur qu’on n’a jamais vue, écrasée entre l’air et l’eau (…) Il devait être tombe dans le bois, il sentait trop le sauvage. Maintenant je comprends pourquoi on raconte tant de choses étranges sur les bois, pourquoi il y a tant d’arbres, tant de fleurs extraordinaires, et de bruits de bêtes que se cachent dans les fourrés. Peut-être l’éclair devient une pierre, un lézard, une nappe de fleurs, et faut-il le sentir à l’odeur »

 « Une fois, j’avais vu là-haut une belle fleur lilas. Savoir si son odeur n’était pas le même que celle de l’éclair »

« Allons, donc –dit Sandiana- tout ce qui nait est fait de terre : l’eau et les racines sont en terre : dans le blé que tu manges et le vin du raisin, il y a toute la bonté de la terre »                        

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« ...Il vaut mieux s’arrêter à deux pas et savoir que toute la terre est un grand bois que ne pourrait jamais nous appartenir vraiment comme un fruit. Au contraire, les choses qui y poussent à deux pas tirent leur saveur de celles qui sont sauvages, et si le champ et la vigne nous nourrissent, c’est parce qu’il affleure à leurs racines une force cachée. Mon père disait que dans le monde, tout vient d’en bas »

                                  

« Je pensais que maintenant, mon père existait comme quelque chose de sauvage (…) sous terre, mon père n’avait pas changé. Il s’était transformé de corps de chair en racine, une de ces milles racines que, un fois la plante coupée, continuent à vivre dans la terre. Ces racines existent, la campagne en est plein. Les grandes fenêtres colorées de l’église n’y changent rien et font même penser que rien ne change même dehors sous le ciel et que ce qui est loin et enterre, continue à vivre tranquillement dans cette lumière. Maintenant, en toutes les choses, je sentais mon père. Son absence aiguë et monotone changeait tout ce que je voyais et entendais dans la campagne. Je n’arrivais pas à l’enfermer dans le cercueil au fond de la tombe étroite »   


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III.DOS POEMAS DE PLAIN-CHANT

Jean Cocteau 1923

 

Lecho de amor: detente. Bajo tus altas sombras,

al tendernos, zarpamos. Allá abajo se quedan

nuestros pies obedientes. Son caballos que a veces,

lado a lado dormidos, entrelazan sus cuellos.

 

***

 

Nada me da más miedo que la calma engañosa

de un semblante dormido;

tu sueño es un Egipto donde tú eres la momia

con su máscara de oro.

 

¿Qué mira tu mirada bajo el rico atavío

de una reina que muere,

deshecha y repintada por la noche de amor,

negra embalsamadora?

 

Abandona, oh mi reina, oh mi pato salvaje,

los siglos y los mares;

vuelve a flotar aquí, reconquista tu rostro

que se hunde hacia dentro.

JEAN COCTEAU.

Traducción de OCTAVIO PAZ.

Versiones y diversiones, México, 1973.



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IV.  BUENA SUERTE

Allen Gingsberg, 

 

Tengo suerte de tener los cinco dedos en la mano derecha
Suerte de hacer pipí sin que me duela mucho
Suerte que los intestinos se muevan.
Suerte, duermo de noche en una cama de capitán, siesta a media tarde
Suerte de pasear por First Avenue
Suerte de ganar un par de cien mil al año
cantando Eli Eli, escribiendo lo que se me pasa por la cabeza, grabando ga;abatos primordiales,
enseñando en un colegio budista, sacándole fotos con la Leica a la parada del bus
por la ventana de mis ojos
Oigo sirenas de ambulancias, huelo ajo y orín, pruebo nísperos y lenguado,
camino descalzo por el piso del loft, algo insensibilizadas las plantas de los pies
Suerte que puedo pensar y que el cielo puede nevar


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V. CÓMO CRECÍ 

Wolf Wondratschek (Alemania, 1943)

 

No pensaba cosas en ese tiempo

Cuando llovía pensaba ahora está lloviendo

sobre el mundo. Nada de viento y

Yo pensaba ahora los aviones se estarán cayendo y

Las manzanas. Cosechando manzanas le vi el culo a mi tía y

pensé ahora te van a poner en un contenedor para locos.

Me sentaba en los bosques y

odiaba todas las flores

y quería envejecer

Solo leía libros que no entendía

No era más grande que la cadera de un cowboy cuando

Sentí algo y pensé en el amor y lo hice con la mano

Por primera vez

Dolió

Los sueños me hicieron sangrar la nariz

Hacía chistes, cagué más allá de la taza

Y me jodí los zapatos del domingo jugando al futbol

Ese era el tiempo en el que todavía habia

Artistas del hambre

De pronto me quería morir

Sin razón alguna

Buscaba en mi cabeza un par

De manos con las que darle la mano

A los artistas del hambre

Aun entonces yo era un romántico

Me sentaba en los bosques

Odiaba todas las flores y quería

Ser un poeta

Pero nada surgió de eso








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