viernes, 3 de octubre de 2025

LABERINTO



Leonora Carrington. Y entonces vimos a la hija
del Minotauro

Buscaba regresar a mi casa, que tampoco era mi casa realmente, sino una habitación de hotel o una residencia. Daba vueltas sin encontrarla, bajaba y subía escaleras. Cada puerta me parecía la mía, pero cuando me acercaba veía que no. Descendí varios pisos y llegué a una recepción. Había varias personas esperando. Un hombre estaba a mi lado hablando con un recepcionista y una mujer estaba a mi espalda. Llegó una señorita y pasando la vista y el cuello por sobre mi hombro, le preguntó a la mujer detrás de mí, que qué quería. Entonces yo le dije: “Ah, y yo, estoy pintada en la pared” La señorita se puso a reír y me miró con amabilidad. Me pregunto que qué me pasaba. En ese momento recordé quien era yo y lo que hacia allí. Era una persona mayor y desvalida y me encontraba en una residencia de ancianos. Me sentí aliviada por haberlo recordado. Sabiendo que iba a ser comprendida, le dije a la señorita que no recordaba cual era mi apartamento. Entonces una puerta se abrió detrás de ella y apareció mi amiga Alejandra. Llevaba un manojo de llaves en la mano. Caminamos juntas hacia un ascensor, pero ella no me miraba ni me sonreía. Actuaba como una empleada más. Nos bajamos en un piso y lo recorrimos. A cada puerta que aparecía, yo le decía “éste no es”. Nos dirigimos a otro piso, y seguíamos buscando, pero ahora podíamos ver dentro de los apartamentos. En uno de ellos había un hombre que nos sonreía. No era viejo. En otro había solo bebés recién nacidos, cada uno en una cama pequeña. Noté que cada bebé tenía la cara de un sabio. Uno era Unamuno, el otro, Gandhi. Lo reconocí por el color de su piel su forma de mirar. Yo sabía que todos los demás bebés eran también sabios, pero no podía identificarlos. Comencé a angustiarme. Estaban callados y no parecían felices, pero si bien alimentados. Eran gordos. Se miraban el uno al otro. De pronto, de una de las camitas saltó una gata (yo supe que era una gata) enorme y marrón. Me fijé que había dejado caca en la camita. Alejandra y yo seguimos buscando, pero ahora también nos acompañaba otra persona con actitud amistosa. Yo les dije, “ya sé dónde es, y no es aquí, hay que seguir subiendo”. Nos dirigimos nuevamente al ascensor, pero ahora no lo encontrábamos. Creo que subimos por las escaleras. Aparecieron otras puertas, cada una me parecía la mía, pero todas eran iguales, y me confundían. Yo sabía que sabía identificarla si la viera, pero no podía. Mi angustia creció enormemente. Sentía que me trasladaba por los aires, que las paredes se movían y me envolvían. Sentía ojos mirándome con lastima. Mis amigas seguían acompañándome, pero al mismo tiempo se alejaban, se difuminaban poco a poco en el aire y yo me quedaba cada vez más sola. Todo se volvió luminoso, pero de una claridad amenazante. Al final vi una puerta pintada de azul claro, pero, aunque todas las otras puertas también eran azul claro, ésta me pareció inconfundible y pensé, “aquí vivo, aquí he vivido siempre, todo esto es mío”. Pero en la puerta había señales de descuido, rayas y sucio. Cuando se abrió, vi una cama y algunos peluches en el piso y pensé: “éste es el peluche preferido de la gata”. Y de pronto apareció una gata amarilla. Era enorme y tenía rayas marrones. Se abalanzó sobre el peluche, pero inmediatamente lo rechazó con asco y horror, y se tiró en la cama como a llorar. Yo sabía que lloraba y me coloqué a su lado. Volví a sentir angustia porque no estaba segura de haber encontrado verdaderamente mi lugar. Seguí recorriendo el edificio alucinante, cada vez más brillante y movedizo, pero ahora estaba sola. Mis acompañantes habían desaparecido. Abrí una puerta y en una habitación había una estantería con ídolos cabeza abajo, marrones y verdes que parecían de jade. Fue lo último que vi.

1 comentario:

  1. Maria Eugenia , en verdad es solo un sueno ? o lo engalanaste como un cuento ? esta increible. como lectora y protagonista , leyendo, me puse a esperar con curiosidad que apareciera tu apartamento para conocerlo pero cmo que no llegue .
    Esta genial porque te invita a caminar en esa busqueda y no se porque se me antoja que la escalera es de caracol. !

    ResponderEliminar