jueves, 23 de octubre de 2025

LO GOURMAND NO QUITA LO VALIENTE

In vino veritas, Foto mía 

 
Christian Jacq, (Paris, 1847) es mundialmente conocido por sus novelas sobre el antiguo Egipto, que tienen un enorme éxito de popularidad y ventas, y un poco menos por sus ensayos, notablemente entre ellos, “Ces femmes qu’ont fait l’Egypte” y “L’Egypte de grands pharaons” (coronado por la Academia Francesa), entre otros muchos.  Pero Jacq no se detuvo allí, incursionó en la tradición de la novela polar inglesa y su máxima encarnación, Agatha Christie, y respetando maravillosamente los cánones del género, basados en la resolución de casos sin deber nada a las nuevas tecnologías y todo a la sagacidad del investigador, creó la saga conocida como ‘Las investigaciones del Inspector Higgins”.  Aquí se trata de un muy aristocrático inspector que, en detrimento de sus títulos de nobleza, es un reputado miembro de Scotland Yard, conocido por sus exitosas investigaciones de casos particularmente “sensibles”

Después de leer algunas de sus aventuras (no puedo negar que me fascinan las novelas policiales y este personaje es uno de mis preferidos) he terminado por concluir que quizás el secreto de su irreprochable carrera se encuentre en su lado gourmet, -que presumo como una hábil estratagema de Jacq para honrar la reputada gastronomía francesa en Inglaterra, el país de Higgins, cuya gastronomía es, salvo prueba en contrario, no muy digna de mención particular.

En una de las entregas de la saga, Higgins, antes de abordar un caso particularmente difícil, no desdeña sin embargo el placer de una excelente comida, que saborea en su propia residencia, no sin antes ducharse, afeitarse y vestirse con esmero.  La prisa, recordemos, es plebeya y un menú como el que se dispone a rendir honores, amerita una ceremonia pulcra, elegante y respetuosa de los buenos modales. Es una norma que el inspector respeta por encima de cualquier urgencia y que aplica igualmente a los casos que investiga. De ahí que obtenga mejores resultados con su hablar pausado y elegante, pero convincente, en lugar de emplear los desplantes o amenazas que caracterizan su oficio y que, por otra parte, son absolutamente contrarios a su naturaleza y a su educación.  Pero volvamos al menú:  

Entrada: carpaccio de trucha ártica con perifollo. La preparación ha ameritado 24 horas de preparación. La trucha ha sido cortada en lonchas muy finas, marinada con ralladura de limón, melaza, sal marina de primera calidad, pomelo rosado, pimienta auténtica, vainilla, crema de leche de oveja y perifollo de la huerta, finamente deshojado.

Acompaña la entrada con una copa de Bourgogne blanco fresco.

 Plato principal: Ossobuco a las hierbas aromáticas con predominio del romero y la mejorana, acompañada de papas y remolachas finamente cortadas y aderezadas.

Acompaña con un Bourgogne tinto.

Postre: assortiment de dulces consistente en macarons de pistacho, lonjas de naranja confitada, vainilla y panecillos de especias.

Finaliza con café y una copa de cognac.

Una vez dilucidado el caso, identificados los culpables y debidamente entregados a la Justicia después de varios días de trabajo incansable y noches en blanco, el Inspector Higgins se regala el siguiente menú, en el mejor restaurante italiano de Piccadilly Circus:

Entrada: Antipasto de jamón crudo, salami, vegetales al grill, ensalada verde aderezada con aceite de oliva, queso parmesano, aceitunas negras, palitos de pan.

Acompaña con Bitter Campari con hielo.

Primer plato; Rissotto de hinojo con almejas, filetes de anchoa, cebolla dorada y rallada finamente, manojo de perejil, diente de ajo machacado y ralladura de limón.

Acompaña de vino proveniente de los viñedos al pie del Vesubio.

Plato principal: Rotti de ternera con berros y limón, regado con salsa cremosa y papas doradas.

Acompaña con vino del Vesubio.

Postre: Copa de helados de sabor a pistacho, chocolate y frambuesa, adornado con merengue y vino flambeado.

Finaliza con café y Grappa

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