lunes, 24 de noviembre de 2025

DE MURALLAS Y SUEÑOS


Muralla. Obra mía 

Yo estaba en el ala de un avión, no en la cabina.  Desde donde me encontraba podía ver su forma gris metálica que resplandecía bajo los rayos del sol. Quería convencerme de que no me iba a caer porque me hallaba segura dentro de un nicho del ala, pero no dejaba de sentir aprehensión. Mi propia voz me decía primero una cosa y luego la otra. El avión volaba bajo, tan bajo que rozaba el mar y yo podía meter las manos en el agua. El agua era tibia y el mar estaba tan tranquilo como un lago. El cielo era luminoso y yo me sentía mecida por una brisa dulce y suave.  Tenía miedo, pero me sentía al mismo tiempo eufórica.  El avión daba virajes repentinos y yo pensaba, “se va a tropezar con esas rocas”, pero cuando se hallaba cerquita de las rocas se elevaba un poco, no mucho, solo lo suficiente para no tropezar. Yo sentía su movimiento lento y pensaba “que raro, estoy en un avión que vuela bajo y lento” En uno de esos virajes se elevó más, y vi todo el golfo de México.  Yo sabía que era el golfo de México por el libro que acababa de leer. Vi una cantidad impresionante de montoncitos de tierra cubiertos de un musgo verde, que me recordaron las rocas del patio de mi casa de El Valle merideño, con la diferencia de que éstas flotaban en el agua y pensé “éste es el Archipiélago” … “con razón es imposible conocerlos todos, son demasiados” 

El avión siguió desplazándose y yo sentía cada vez más temor de que se elevara o se cayera, sentía que era peligroso, pero al mismo tiempo quería continuar. El avión pasó por encima de un desfiladero. Yo podía ver el límite de lo que intuía que era el planeta mismo, visto desde la altura. Percibía nítidamente la división entre la tierra y el mar.  La tierra era una roca con vegetación alrededor, y debajo de ella se podía ver el mar verdi-azul profundo. Y pensé “que impresionante ver desde arriba la punta de la tierra” …ésta debe ser Punta Cardón, estoy pasando por encima de Venezuela”. 

El avión no siguió hacia adentro y se devolvió hacia el mar.  Se acercó a lo que parecía un templo construido sobre una roca amarilla. Era magnifico, pero no era exactamente un templo. No tenía puertas ni recintos interiores. Era más bien una muralla que tenía esculpidos rostros humanos incompletos, de facciones separadas. Los labios se hallaban por un lado, los ojos por otro. La piedra estaba surcada por vetas marrones. Yo intuí que aquella muralla estaba allí para que nadie pudiera entrar a Venezuela.

jueves, 20 de noviembre de 2025

ENTRE DOS NOCHES


Fra Angelico. Christ aux autrages
1439-1443

Karl Marx y Federico Engels afirmaron en el siglo XIX, en la primera frase del “Manifiesto Comunista”: que “un fantasma recorre el mundo” refiriéndose a la inevitabilidad de la llegada del comunismo.

Doscientos y tantos años después, ese fantasma se ha transformado en un velo, en un turbante, en una media luna. En fin, en todos los símbolos que identifican al islam.

Ya ha cubierto más de la mitad del mundo y no viene solo, integra la alianza más estrambótica del mas inconcebible pacto de intereses que hace apenas medio siglo hubiéramos considerado “contra-natura”. Es como si todas las fuerzas del Mal hubieran al fin encontrado una estrategia común, ya que todas por separado coinciden en el mismo objetivo: destruir la humanidad. Solo les faltaba un método compatible y “unitario” y la era informática se los sirvió en bandeja de oro.  El fin justifica los medios y he ahí que tanto la llamada Izquierda Radical, como las fuerzas más reaccionarias de la ultra-derecha se equiparan en sus prácticas de odio y aniquilación de sus enemigos y en eso coinciden con los ejércitos del islam radical (*) y con todos los grupúsculos extremistas que azotan al Oriente Próximo con sus continuas guerras que parecen destinadas a revivir la consigna bíblica de “no dejar piedra sobre piedra”.  Entre estos dos extremos prolifera una gama compleja e intrincada de movimientos más o menos visibles o abiertamente clandestinos operando en la oscuridad, pero con ingentes recursos económicos y materiales, al servicio de quienes ofrecen públicamente al mundo la “cara” del poder, aunque no lo detecten por completo.  Solo lo hacen para el público de galería. 

Como Trump, por ejemplo, quien avanza a toda velocidad hacia el totalitarismo y el desencadenamiento de una guerra civil en su propio país, sin poder evitar que se sospeche que sus acciones erráticas y contradictorias obedecen en realidad a conflictos más o menos graves entre quienes lo manejan como marioneta y sus propios caprichos personales.   

La argamasa que une este espectro aparentemente contradictorio de intereses de poder la ofrece la era numérica en la que vivimos, destinada a avanzar ininterrumpidamente en su objetivo de dominar por completo el cerebro humano hasta convertirlo en el apéndice de una máquina. O, mejor dicho, de “La Máquina” que totalmente autónoma, habiéndose independizado del control humano, se gobernará a sí misma y solo obedecerá a sus propios deseos y decisiones.

Ese futuro ya nos alcanzó, pero nunca deja de valer la pena seguir las pistas del pasado y buscar allí el origen de lo que el “Mal” se empeña en destruir, para al menos comenzar a entender su plan y su propósito.

La humanidad hasta ahora ha venido avanzando apoyada en su pasado, aunque se diga de ella que no termina de aprender sus lecciones y se sigue tropezando continuamente con la misma piedra. A pesar de ello, no puede negarse que allí, en el pasado, se encuentran las raíces de lo que llamamos propiamente “humano” y de que esas raíces ancestrales continúan poseyendo una poderosa fuerza aglutinante y salvadora para numerosos contingentes humanos. La humanidad en masa necesita regresar a sus fuentes consideradas sagradas e inclinarse ante ellas. Todas las culturas del planeta poseen ese punto en común.  Pero para transmitir el Saber y alcanzar la Luz es necesario que desde dentro de la masa humana surjan líderes espirituales, Seres Superiores destinados a iluminar las consciencias de sus semejantes, no salvándolos, pero si ayudándolos a salvarse a si mismos.  No es necesario citarlos ya que ellos están ahora mismo en las mentes de todos nosotros.  Pero el Mal no cesa de perseguir su objetivo.

Al pretender destruir el culto a los ancestros, al intentar romper la unión entre el cielo y la tierra, al tratar de imponer la locura de los humanos en detrimento de la coherencia de los dioses, los monoteístas terminaron creando un engendro alimentado de fanatismo, en nombre de la paz y del amor. Los verdaderos grandes hombres, los constructores de las pirámides en Guiza, Teotihuacán, Chichén-Itzá y otros monumentos sagrados esparcidos por el mundo, los Hacedores de Luz, han desaparecido.

No restan sino pocos hombres, pequeños seres imbuidos de poderes gigantescos, a la vez manipuladores y manipulados. Y la explosión demográfica, cáncer de la humanidad, los aprovisiona de un numero exponencial de clientes, idiotizados por tecnologías sofisticadas que no excluyen a nadie. 

Los desaparecidos Seres Superiores encarnaron otra visión de la vida y tomaron caminos prohibidos.  Ya no queda ninguno. Y con su desaparición se ha cerrado una página de la historia de la humanidad. La idea de progreso infinito reemplazará al Gran Espíritu y las generaciones sucesivas no podrán cambiar nada.   La Máquina dictará sus órdenes a millardos de seres incapaces de rebelarse.

La tradición trasmitida durante cinco milenios por los Seres Superiores se fundamenta en la Verdad contenida en el Secreto Alquímico, la Ciencia Gaya, que permite obtener la Piedra Filosofal, la Gran Obra destinada a re-ligar la materia con su origen divino. 

Hacia 1439, Guido de Pietro, mejor conocido como Fray Angélico “el hermano angelical” y guía espiritual de una pequeña comunidad de frailes dominicos, creó en el Convento de San Marcos en Florencia, un taller de arte donde sus discípulos aprendían dibujo y pintura. Los manuscritos iluminados, obras perfectas, ocupan hoy el claustro, el refectorio, el hospicio y las celdas de los monjes. Todos los espacios de este convento tan particular están cubiertos de pinturas.    Temas religiosos, ciertamente, pero tratados de una manera sorprendente, tal como “Cristo deriso” (Cristo insultado) donde Jesús aparece con los ojos vendados, como un adepto de los Misterios Ancestrales, antes de recibir la Iniciación a la Luz. Y en medio de todo, ese oro brillando en todos los frescos y pinturas, ese oro de las pinturas de Fray Angélico realizadas con oro alquímico.

Hago alusión a este hecho aparentemente lejano al tema, no porque me haga ilusiones. Estoy persuadida de que esta humanidad va camino a su destrucción y que las fuerzas del Mal pueden anotarse este tanto; pero sigo igualmente convencida de que la eternidad existe. Aunque Einstein afirmara que entre dos cosas infinitas: la estupidez humana y el Universo, no estaba tan seguro de esta última, quiero creer en la eternidad inconmensurable de la Unidad que este planeta comparte con el Universo y que el Misterio del origen le fue revelado a los antiguos sabios y sabias de la Antigüedad, y que a la cabeza de todos ellos se encontraban los Maestros de la Ciencia Gaya, o la Gaya Ciencia. La Alquimia.  Fray Angélico entre ellos.   

 

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(*) Mi hija Cristina opina que no hay tal diferencia entre un islamismo moderado y uno radical (en el sentido de intolerancia y fanatismo) ya que todo el islam es radical desde su raíz. Considero que tiene absoluta razón, en tanto religión monoteísta.

viernes, 14 de noviembre de 2025

LA MANZANA MORDIDA

Blanca Nieves de Walt Disney 

2016:  Diecisiete objetivos generales, divididos en 160 metas, a un costo de 4000 millardos de dólares por año durante 15 años, tal fue el informe titulado “Desarrollo Sustentable” presentado por altos funcionarios ante las Naciones Unidas representando a la “comunidad internacional”, para erradicar la pobreza y salvar el mundo, conciliando finalmente lo social y lo ambiental.  Nadie lo creyó, pero lo importante era garantizar el flujo financiero y repartirlo correctamente: 90% para los países admisibles, las multinacionales y las ONG calificadas, 10% para los pobres.

Varios proyectos fueron lanzados, a condición de controlar las patentes y el circuito industrial.  Entre ellos, el lanzamiento de un láser para fabricar nubes y producir lluvia. Otro, la explotacion de una nueva mina de oro a escala planetaria: la arena. Con el cáncer demográfico y el delirio de la construcción, las edificaciones modernas requerirían al menos quince millardos de toneladas al año. La mejor de las arenas, la del desierto, comenzaría a escasear.   Se dragarían las playas del planeta. De ellas, las tres cuartas partes estarían destinadas a desaparecer hacia 2100. No quedarían rastros de esas operaciones. El negocio, como tantos otros, se efectúa en negro.

Matemáticos, técnicos informáticos e industriales abrazan el planeta y lo proyectan. La nueva medida de Internet es la zettaoctet, a saber, mil millardos de gigaoctets; y aún dos tercios de la población mundial sigue sin estar conectada. De ahí la necesidad de producir dispositivos a bajo costo, a fin de conectar a los desfavorecidos.

2016 no fue más que una etapa.  El Singularity Institute, cofundado por Ray Kurtzweil e implantado en San Francisco y Berkeley, ha marcado el rumbo:  en 2045, la inteligencia de las máquinas sobrepasará a la de los hombres y todos los “datos” antiguos habrán sido anulados. Se habrá instaurado un gobierno mundial y se entenderá que la Singularidad consistirá en confiar ese gobierno a la informática y a los robots, como ya es el caso en ciertos sectores de las finanzas y de la industria. 

Actualmente, y con el fin de acelerar ese inevitable progreso, se han penetrado los medios políticos y moldeado la nueva mentalidad de los “decisores”. El TPUK (Partido Trans-humanista del Reino Unido) acaba de fundarse bajo la premisa de “formar al nuevo ser humano mejorado, hiperactivo e inmortal”. Otras entidades similares no tardaran en arribar a lo mismo, bajo la insignia de Humanity plus.

El lobby dispone de un brazo armado nada despreciable: Google. Google, deformación de googol, término utilizado en 1940 por el matemático Edward Kasner para designar un numero compuesto de un digito seguido de cien ceros.  Pero no es solo eso lo que Google ha tomado del pasado. También está la elección de su símbolo, una manzana mordida. Lo explica el fin, en 1945, de Alan Turing, el padre de la informática, quien había descriptado el código Enigma de los nazis y había sido juzgado y condenado por homosexual. Declarado oficialmente como un suicidio, junto a su cadáver se encontró una manzana mordida, envenenada con cianuro. Exactamente igual a la que mordió Blanca Nieves en la película de Walt Disney.

En la actualidad las actividades de Google se han multiplicado: biotecnología, gestión de datos, fibra óptica, domótica, automóviles autónomos, Google se ha transformado en Alphabet y es el encargado de enseñar a leer y a escribir a la nueva humanidad, capturando sus peces gracias al mejor de los anzuelos: la salud. Tres divisiones de Alphabet:  Google Ventures, Life Sciences, y Calico abarcan el espectro total  de la salud humana, desde la curación de todas las enfermedades hasta el reemplazo de órganos usados. ¿Los bienhechores de la humanidad no dominarán los gobiernos sobrepasados por la mundialización?  La antigua divisa de Google Don’t be evil, ha cedido su lugar a la de Alphabet: Do the right thing

Así, un objetivo podrá alcanzarse en el futuro: conectar el cerebro humano a un ordenador que le dictará su comportamiento y le transmitirá la “buena” información. Y esto no es ciencia-ficción. El Instituto Max Planc en Alemania y la Escuela Politécnica federal de Zúrich ya han logrado establecer la conexión entre células nerviosas de individuos vivos y un semi-conductor.  El descriptaje del lenguaje de las neuronas avanza a pasos agigantados y no está lejano el día en que se podrán utilizar neuroprótesis electrónicas para controlar ciertas zonas del cerebro. Fundados en perfiles estadísticos y alimentados por un número infinito de datos, los algoritmos permitirán tomar decisiones y gerenciar el conjunto de nuestro campo vital con el asentimiento de humanos persuadidos de haber obtenido la inmortalidad.

Inteligencia Artificial: dos términos en adelante indisolubles.

Este terrorífico recuento, sin embargo, no logra desanimarme. Desde el origen de los tiempos, el mundo ha asistido al combate entre el Bien y el Mal. Es su génesis, su marca de nacimiento y lo ha acompañado durante toda su historia y aún antes de ella. Y persistirá hasta el Fin del Universo. Y como ha sucedido siempre, triunfará el Bien.  

Las religiones monoteístas han servido a los fines de la dominación de los incautos. En cambio, la espiritualidad arcaica, la preconización de la libertad de pensamiento, el rechazo a la esclavitud impuesta por los tiempos, obstaculiza el triunfo del Mal, y puede posponerlo indefinidamente. Para las mentes libres, todo se dirime en la esfera de la conciencia y el estado de alerta. Mientras el hombre persista en su búsqueda de los orígenes de su energía vital, sin caer en la trampa del dominio tecnológico que impone “La Máquina”, mientras comprenda su verdadero significado y no le tema a la muerte y no aspire a la inmortalidad; el Bien triunfará sobre el Mal.

miércoles, 12 de noviembre de 2025

DE LAGOS Y CIMAS

 

Lago Leman. Ginebra

Suiza es un país excepcional desde todos los puntos de vista. A su lado, Francia, que es un país organizado, parece un caos. Suiza es ejemplar en muchos sentidos. La Confederación helvética es un modelo de convivencia y civilización. Junto con Suecia, fue respetada por Hitler.  Su geografía es generosa, se despliega en lo que yo llamo infinitas variaciones sobre un mismo tema: lagos, valles y montañas de tarjeta postal, donde se puede disfrutar del sol y la nieve por igual durante todo el año. Gente orgullosa de su historia y su cultura, consciente de que la mejor educación sigue siendo el primer indicador de competitividad global y probando que la suya alcanza la excelencia a todos los niveles, desde la escuela maternal hasta sus universidades, que se cuentan entre las más prestigiosas del mundo. La cautivante ciudad de Montreaux, que enamora a sus visitantes, muchos de ellos reincidentes, celebra uno de los festivales de Jazz más prestigiosos del mundo. Sus ciudadanos son consultados continuamente en todos los aspectos; y es uno de los pocos países que rechazó en un referéndum reciente, la presencia de minaretes en su paisaje urbano. Produce los relojes más reputados del mundo, quesos que compiten exitosamente con los mejores quesos italianos y franceses, y además de la sopa que tanto odiaba Mafalda, posee una cultura vinícola tan asentada como desafortunadamente desconocida. Orgullosos de ser trabajadores incansables, ellos mismos se ríen del dicho que dice “los suizos se levantan temprano y se despiertan tarde”.

En la campiña vaudoise, rodeado de viñedos, en un terreno que alberga un menhir, acondicionado para la conservación del ambiente natural, una geo-bióloga egresada de la universidad de Laussanne realiza proyectos de salvación de los árboles más antiguos del país, que ella considera seres vivos tan importantes como los humanos. Construido en los terrenos de un silo desafectado, el jardín ha sido trazado en función de las ondas telúricas que emanan de las fuentes de energía de la tierra, que la geo bióloga ha detectado, sirviéndose de ellas para captar las emanaciones positivas de la tierra y desechar las negativas, recuperando una ciencia olvidada proveniente del fondo de las eras.

Los excelentes vinos “fendants” de Sion o los no menos exquisitos “humagne” de Valais, por nombrar solo dos, son prácticamente desconocidos en el mundo. Producidos por pequeños propietarios, su producción se agota dentro del país, y sin exportación, es difícil alcanzar resonancia internacional.

Lausanne es una ciudad en plena expansión. Campeona mundial en cuanto a desplazamiento en tren, la eficacia y seguridad de su red de transporte colectivo es vigilada rigurosamente por la ciudad. El respeto a los horarios ha sido y continúa siendo imperativo, y la ausencia de huelgas, contrariamente a lo que les ocurre a sus belicosos vecinos franceses, es altamente apreciada por los usuarios.

Suiza también produce elaboradas distopías, fruto intelectual de un grupo de genios reunidos en un solo lugar. O al menos eso es lo que imagina el escritor francés Christian Jacq, en su libro “Crime sur le Lac Leman”. Una de ellas, la más delirante, tiene lugar precisamente en Lausanne.

La High Altitude Physiology Alpine Research Station Jungfraujoch ubicada a tres mil seiscientos metros en Los Alpes Suizos, en realidad es un centro de investigación dedicado a estudio fisiológico de la reproducción de especies biológicas de las montañas altas, con miras a su protección y conservación; que debe su nombre no solo a su especialización y ubicación geográfica, sino a sus logros espectaculares.  Sin el confort propio de las mejores universidades del mundo, la altitud parece tener un efecto directo sobre la producción neuronal de los científicos que allí trabajan. Y aquí viene la ficción distópica: Jacq imagina que en el observatorio de Sphink, (que en realidad existe) científicos brillantes identifican la “basura” que contamina nuestra atmosfera y elaborar “test” para probar la resistencia de los materiales del futuro.

En uno de los más delirantes proyectos salidos de la mente de un especialista anglo-suizo en alta tecnología, tras cinco meses de pasantía por la Station Jungfraujoch:   propone el diseño de trajes para los cosmonautas de futuras estaciones espaciales donde los humanos irán a vivir cuando la tierra se haya vuelto inhabitable.  La ropa “inteligente” equipada de sensores casi invisibles y cada vez más performants permiten medir el ritmo cardiaco, la frecuencia respiratoria, el nivel de oxígeno en la sangre, la temperatura corporal. ¡Y ello no es sino un tímido comienzo!  Nuestro genio nos anuncia que “en poco tiempo estaremos produciendo fibras textiles capaces de analizar el funcionamiento de todos nuestros órganos y proporcionar un balance de nuestra salud en directo, cada segundo.  Al menor problema, intervención y tratamiento”.

No puedo (ni quiero) imaginarme una vida futura donde las personas al vestirse, estarán siendo monitoreadas y “sapeadas” por su propia ropa, ante un gran cerebro universal que al menor síntoma, las recluirá en una prisión con apariencia de clínica y carceleros con apariencia de enfermeros, vestidos con trajes espaciales, los "sanarán". ¡Horror de horrores!  

jueves, 6 de noviembre de 2025

BIBI

 

BIBI

ONCE AÑOS DE MEMORIAS 

Parecías tan cómoda tendida allí, con tus ojos cerrados y tu actitud de siempre, obediente y fundamentosa. Tus manitas pequeñas entrelazadas sobre tu pecho, parecían querer atesorar la dichosa paz que te inundaba. Uno pensaría que estabas ahí solo porque necesitabas descansar un momento, hacer un alto en ese camino que recorriste, donde desde pequeña ya te acompañaban la contención y el recato. Tu rostro sereno había recobrado su fisonomía de niña aplicada y correcta. Tu nariz, como un pequeño promontorio, parecía esculpida con delicadeza, como para que sus finas aletas pudieran retener aún, tu aliento.

Detrás habían quedado tus cosas. Tu orden. Nuestras cartas, que conservabas por amor, como si ellas encarnaran ese lazo inefable que nos mantuviera unidos, recobraban el resplandor de ese instante en que nos expresábamos con libertad y franqueza, respondiendo a tu interés por nuestras vidas; instantes que tu habías atesorado y que ahora se levantaban ante nosotros como testimonio de tiempos pasados. Al leerlas sin tu presencia ellas adquirían un valor inusitado. Al confrontarnos con lo que dijimos y con lo que fuimos, cobraban otro significado. Como si hubieras querido ponernos un espejo delante, diciéndonos: “así eras, así fuiste, ésto dijiste y aquí está la evidencia”. Evidencia que nos regocijaba y nos absolvía sin juzgarnos. Pruebas palpables de nuestra pequeña historia común.

En otro cajón se acumulaban pruebas de tus quehaceres, de tu vida disciplinada, documentos que certificaban la rectitud de tu proceder ante los trámites burocráticos. Tu decencia. Tu apego a la rectitud insuflaba aliento a ese vocablo abiertamente ignorado y en desuso. Encarnaste siempre la decencia de nuestros padres sin que nadie lo resaltara, pero en tus actos se apreciaba el contraste entre la integridad y la abyección, entre lo claro y lo oscuro, entre lo lineal y lo torcido.

Esos documentos de bancos, de compañías de seguros, de ministerios, a pesar de su frialdad, dejaban entrever admiración. Desde el encabezado, tu nombre detallado ya anunciaba cierto esmero. Algunos te agradecían tu constancia, tu fidelidad y te ofrecían un tratamiento distinguido y personal.  A su modo, testimoniaban tu vida en el ámbito de ese mundo reglado que necesitabas, al que aspirabas y al que, en cierta forma, admirabas.

De algún modo sabias que necesitabas un marco que contuviera tu alma apasionada.  Te habitaba un amor dionisiaco por la vida, pero nunca te dejaste avasallar. Tomabas lo que se desparramaba del cuerno de la abundancia y disfrutabas con ingenuidad de los placeres sencillos de la vida, los asumías como dones de la naturaleza que nos son dados.

Tu alma hacendosa buscaba el entorno propicio, como un instrumento que intenta acordarse con otro para producir una armonía, y lo encontraste fuera. Fuera de nuestro país, fuera del seno familiar. Sabías que no podías llevártelo todo, pero decantaste la esencia y la transportaste contigo. Te acomodaste en el nido de seguridad que tú misma habías contribuido a formar con tenacidad y seriedad.  El Universo mismo también se acomodó para ofrecerte unos años de tranquilidad y un espacio donde comenzaste lentamente a escuchar la melodía, el acorde armonioso que buscabas. La paz que refleja tu rostro en el sepulcro, no puede ser más que la continuación en otra dimensión, de la que ya te había alcanzado aquí en la tierra.

Te fuiste con tu amor intacto por nosotros. No hubo desatino nuestro que te apartara de tu devoción. Sin desmayo ni recelo, consagraste cada día tu existencia como ofrenda ante el altar de tu amor filial.  

Hoy solo puedo decirte que tu entrega no ha sido en vano y florece incesante, regada por tu recuerdo.    

domingo, 2 de noviembre de 2025

DIVINIDADES


Las Moiras. Version ilustrada de La Eneida. Univ, de Toronto, 1888


Hay quienes se quedan durante toda su vida con una sola versión para explicar el sentido de nuestra existencia: la monoteísta. De acuerdo con Spinoza, yo prefiero ser panteísta. Si tuviera que creer en algo, (porque no creo en “creencias”) elegiría divinizar la naturaleza, lo único que encuentro realmente omnipotente. 
Los que eligieron la versión católica de las antiguas divinidades griegas, cuyo origen remoto, por lo demás es egipcio y aún más atrás, asirio, eligieron también moralizar la naturaleza. La diferencia entre optar por aceptar la sabiduría de lo natural o, por el contrario intentar humanizar los elementos: agua, tierra, viento y fuego, cargándolos de códigos morales, reside en la instauración, a partir de la entronización de las religiones monoteístas, de la noción de pecado y por ende, de la culpa y su consecuente penalización social, el castigo, sin dejar por fuera el (auto) castigo. Principios de toda una escuela ejemplarizante con la cual se levantó Occidente. 

Somos herederos de los mitos griegos y su moralidad. En el fondo (y en la forma) los mitos griegos, que servían para transmitir patrones ideales de comportamiento, ejercieron eficazmente la función de mantener a las sociedades de la antigüedad en guerra y mostrar a sus líderes como héroes. Una tradición que se ha retroalimentado y actualizado incesantemente hasta hoy como base de sustentación social e individual, hasta el punto que las sociedades occidentales no podrían sobrevivir sin ella. Es el tejido invisible que le da forma a la estructura. 

Si hurgamos un poco nos daremos cuenta que vivimos aun hoy a base de mitos, solo que estos son imperceptibles para las mayorías, dada la velocidad con que circulan y se reproducen. No dejo de pensar en lo que seriamos actualmente si nuestras sociedades se hubieran edificado sobre otras bases filosóficas y espirituales, si los hechos de la historia hubieran ocurrido diferentemente y aquellos hombres venidos de otras tradiciones, al encuentro de otras creencias, no hubieran optado por aniquilarlas y en cambio hubieran entendido que se trataba de cosmogonías diferentes y se hubieran consagrado al entendimiento y la aceptación de otra interpretación del origen de las fuerzas telúricas que nos gobiernan, sin pretender cargarlas de propiedades ejemplarizantes y sancionatorias. 

Qué hubiera sido de nosotros si el poderoso aparato ideológico de la conquista española hubiera asimilado la cosmogonía azteca, por ejemplo, y en lugar de la culpa y la entronización de valores de sumisión, hubiera conservado sus principios originarios, basados en el ritmo natural de los elementos y los cuerpos celestes. No ignoro que esas antiguas civilizaciones estamentarias, también estaban basadas en la jerarquia, la sumisión, el castigo y el sacrificio y que los supuestos designios de los dioses eran interpretados y transmitidos por sus voceros humanos en la tierra con fines de mantener su poder. Pero todo ello para mí no revela más que los puntos en común de una sola humanidad, sólo que asentada en diferentes latitudes. Si se hubiera producido la integración de las diferentes cosmogonías, quizás estaríamos en presencia de una humanidad cuyo decurso se encontrara en armonía con los latidos de la madre tierra; concepto, por cierto, muy tergiversado actualmente, porque los antiguos aztecas no humanizaban la tierra. Para ellos no se trataba de una madre siempre amorosa y comprensiva, sino de una fuerza autónoma, capaz por igual de arropar y ofrecer sustento, como de arrasar con lo existente, obedeciendo a sus ciclos naturales y no a los deseos ni a los ruegos de los hombres. Un planeta tierra del cual reconoceríamos y aceptaríamos su poder para crear, sustentar y destruir, para luego asimilar lo putrefacto, reiniciando así continuamente el ciclo de muerte-renacimiento de todo lo que existe. 

En lugar de ajustar nuestras vidas a leyes surgidas de la voluntad de dioses inventados por el hombre, pero que le han sido atribuidas al Universo, quizás también asistiríamos a una inversión de los valores que hoy preconizan el predominio de la fuerza bruta y en su lugar estaríamos en presencia de una mayor comprensión y respeto por el poder femenino. Nuestra cosmogonía estaría asentada entonces sobe una génesis matrilineal, donde esas fuerzas fungirían como agentes cósmicos de la creación, manteniéndonos en una línea de armonía con el planeta y con todos los seres vivos que lo habitan.