sábado, 17 de agosto de 2024

TENER LA PIEL COLOREADA

 

Rio. Foto: Maria Eugenia Sánchez 


«A menudo me he preguntado si el miedo se inscribe en la memoria y el patrimonio genético y se transmite de generación en generación. También me he preguntado si los ancianos no experimentaban el miedo a una realidad aún más sombría, que tenía muy poco que ver con el río y mucho con lo desconocido.  O quizás era el miedo acechando desde lo profundo del corazón de un pueblo que vive en un país donde él es la norma, donde le suceden cosas atroces a gente como ellos, como yo, y esas atrocidades pueden suceder en el rio, o en el lado equivocado de la ciudad, o sobre una carretera cualquiera...”

Así describe Eddy L. Harris, apenas un aspecto (el miedo) del universo insondable de emociones, sentimientos, instintos y pensamientos que contiene el alma de la gente como él, quien dice de sí mismo: “Soy escritor, paseante, payaso, viajero. Ser negro no es sino una de mis facetas”. Eddy Harris, escritor estadounidense nacido en Indianápolis en 1956 y residente actualmente en Francia (Charente) ha recorrido y vivido en buena parte de ese mundo que, desde la llegada de los primeros negros al territorio norteamericano, le ha sido negado a los de su raza.  

Pero frente al miedo auténtico de los “negroamericanos” como los denomina Harris, basado en causas reales y más que documentadas, existe también el miedo, igualmente transmitido de generación en generación, de los blancos hacia los negros. Solo que, en este caso, el miedo es utilizado como excusa e incluido como causa legal, exenta de penalización, en la legislación de casi todos los estados del Sur de Estados Unidos, pero también del Norte, para convalidar los atropellos y violaciones a los derechos civiles y humanos de los negros.  Basta con que cualquier blanco aduzca como causal, haberse “sentido” amenazado (es decir, haber sentido miedo) por la sola presencia de un negro en su campo de visión, para quedar exento de penalidad, aun habiendo linchado, colgado, apuñalado o disparado contra ese mismo negro.

Harris describe admirablemente el universo de sensaciones contradictorias que contiene el alma de cada persona de su raza, y, sin embargo, pienso que se queda corto. Ese universo para mi es sencillamente indescriptible, porque va desde el más primitivo instinto de adaptación al medio, con todo lo que ello implica de resignación, entrega y renuncia hasta de la propia condición humana, hasta la toma de consciencia, con toda su carga reveladora y con toda la lucidez que impele a la acción y la búsqueda de Justicia, y entre ambas, la infinita gama de emociones, pensamientos y toma de decisiones personales o colectivas que se suceden unas a otras, incesante y la mayor parte de las veces, contradictoriamente. Porque en suma la pregunta es ¿Cómo huir del color de tu piel, cuando el mundo que te rodea te rechaza por ello, por algo que es totalmente azaroso y ante lo cual no tienes ninguna responsabilidad ni culpa, pero debes sufrirlo porque “otros” ajenos a ti, lo han definido como indeseable y merecedor de castigo?  La respuesta la han dado a lo largo de la historia, no solo los negros, sino todas las razas percibidas como “diferentes” por quienes ocupan el Poder y, en consecuencia, han decretado que sean perseguidas y aniquiladas hasta el exterminio.

Para Harris, interrogarse sobre su condición de negro, es también interrogarse sobre América. Es inevitable. Lo admirable y lo que hace único a Harris, es, por sobre todo, su fidelidad a sí mismo, a lo que siempre quiso ser, desde niño: un explorador del mundo. Y como consecuencia de ello y gracias a esa fidelidad a si mismo, el haber tenido el coraje de llevar ese deseo hasta su realización total, venciendo todos los obstáculos, no solo los inherentes al color de su piel, sino los propios de la vida misma, hasta llegar a ser la persona que siempre quiso ser. Quizás ese ha sido su mayor logro: el haberse convertido en “persona”. Que esa persona que es hoy Eddy L. Harris sea escritor, viajero, conferencista o “pitre”, (como le gusta describirse), son solo añadidos a lo fundamental, ya que construirse como persona en América, siendo negro, es un acto heroico.

Es inevitable escudriñar en las raíces de América cuando se habla de la condición de los negros en Estados Unidos. Dice Harris

“Nada es más americano que el odio racial. El apple pie y el baseball le llegan de lejos. Solo las armas y la violencia son casi tan universales (en América) como el racismo. De una a otra costa, de una frontera a otra, la obsesión racial domina nuestra psique, sin ella no seriamos lo que somos. La cuestión racial subyace en nuestros debates nacionales. Ella es nuestro himno, nuestra pesadilla, nuestra obsesión, nuestro pasatiempo. Ella es el deporte nacional de América y su plato preferido, y lo será aún más en tanto pretendamos que no lo es. Somos como alcohólicos en estado de negación”

Más adelante agrega:

“Me pregunto a veces si los negros, que han tenido miedo durante tanto tiempo, no han llegado a creerse lo que dicen de ellos, si no han terminado por integrar la exclusión y transformar las imposibilidades en prohibiciones, por aprender a limitarse y a conformarse. No tenemos derecho a… luego no lo hacemos. Si no se podía ir a la piscina municipal, o a las playas, entonces era inútil aprender a nadar. No teníamos los medios para pasar una semana en las pendientes de Colorado en invierno, por lo cual jamás aprendimos a esquiar. El temor a los remos mantuvo legítimamente a los negros apartados de los bosques, ríos, lagunas, y de situaciones en las cuales hubiera sido posible probar su identidad, su derecho a encontrarse allí sin tener que demostrar que no habían robado el bello automóvil que conducían. Pero ni siquiera lo intentaron. Si uno se inmoviliza por mucho tiempo, pierde el interés, y si lo pierde el tiempo suficiente, la ausencia deja de ser una pérdida. Uno se habitúa al vacío. Al final, lo que no tenemos ya no nos falta, y desaparece de nuestro horizonte. Lo que no tenemos, lo que no hacemos, se convierte en norma”

Harris deja claramente establecida su auto afirmación como persona, en este párrafo, donde comprendemos claramente su valentía personal y su determinación inquebrantable de sobreponerse a lo que parece ser una maldición bíblica, una condena perpetua socialmente insuperable, y comprendemos las claves de su victoria sobre las circunstancias y los determinantes históricos, geográficos, culturales y sociales que derivan del hecho de haber nacido negro en los Estados Unidos:

“En la unión está la fuerza y la protección. Encontramos la seguridad en el seno de la tropa. Pero, cuando siguiendo al jefe, la tropa salta al precipicio para estrellarse contra las rocas, la tropa ya no es protectora. A fin de cuentas, lo que se hace o no se hace, reposa sobre los hombros del individuo y lo que hace, o no.  Somos la suma de nuestros actos cuando estamos solos. Y solos estamos siempre, aun en grupo”

Harris recorre en dos ocasiones el rio Mississippi, sólo, en canoa, con un intervalo de treinta años entre ambos viajes y plena consciencia de que nadie se baña dos veces en el mismo rio, teniendo como meta ir al encuentro de sí mismo, con todo lo que ello significa, y relatar su experiencia, lo cual realiza en dos magníficos libros: “Mississippi Solo” (Babelio 1988) y “Mississippi dans la peau” (2021) Ediciones Liana Levi, Francia.

Además, de los Estados Unidos Harry no solo visitó sino permaneció por temporadas en varios países europeos, como Alemania, Italia, España, Republica Checa, Francia, entre otros, para finalmente establecer su residencia definitiva en Francia.

Al hablar de su segundo viaje por el Mississippi, reflexiona:

“Que lamentable hubiera sido haberme privado de este viaje, simplemente porque los negros no practican el canotaje ni el Kayak, ni acampan en el bosque ni aprecian la naturaleza, porque el miedo o el temor a arriesgarse lo confinan en su zona de confort, por inconfortable que esta sea. Que inmensa tristeza si me hubiera privado de los eventos a los que asistí, de los lugares que visité, de las actividades que realicé y de todo lo que hice en esta vida, si hubiera dejado de ir a la ópera porque los negros no lo hacen, si hubiera abandonado mis caminatas por los Pirineos o la pesca con mosca en Montana.

Es también por esto que ahora desciendo por el Mississippi en canoa”

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