jueves, 11 de diciembre de 2025

EL CONTRAPUNTEO: UN DESAFIO OLVIDADO


Imagen de la caratula 

https://youtu.be/xGp9QHWmmV0?si=Ewpj3IPh6D8mcwbC

Todos los conglomerados humanos precisan de símbolos en los que puedan reconocerse y asegurarse de tener una identidad propia que los diferencie de otros. Se les llama símbolos patrios o nacionales, entidades abstractas que se concretizan en imágenes, sonidos y objetos que nos afirman y nos proporcionan un sistema de defensa interior frente a intrusiones que consideramos como amenazas. 

Siempre me pareció curiosa la expresión “el alma rusa” como si solo los rusos hubieran adquirido el derecho de poseer una que los particularizara y diferenciara de otros pueblos. En todo caso para los rusos funcionó eficazmente como defensa, considerando que siendo una expresión literaria utilizada por Gogol y Tolstoi, fue empleada con fines propagandísticos por el comunismo soviético como “prueba” de la superioridad de los rusos frente al “desalmado occidente”. 

Pero no, al contrario de lo que pretenden los rusos, todos los pueblos poseemos un alma.  La nuestra también está compuesta de símbolos “patrios” que, como en el caso de los rusos, han sido manipulados desde el poder de diversas formas, algunas mas sutiles que otras. Los que nos educamos en tiempos de Pérez Jiménez, recordamos que en la escuela nos obligaban a desfilar en la “Semana de la Patria” consagrada en apariencia a honrar los símbolos patrios: el himno, la bandera y el escudo nacional y en realidad a agasajar al dictador. En términos propagandísticos nada ha cambiado desde entonces. De aquella dictadura a la actual, el recurso sigue siendo el mismo.

Una vez derrotada la dictadura, la democracia trajo consigo la irrupción avasallante de la cultura popular norteamericana que tuvo como efecto colateral un fenómeno netamente urbano como lo fue un nada disimulado menosprecio por la nuestra, que instantáneamente fue asimilada a lo atrasado. Yo estaba muy pequeña entonces, pero recuerdo que durante la dictadura de Pérez Jiménez lo único que veíamos y escuchábamos por radio y televisión, era nuestra música y nuestros artistas. Todo aquello fue barrido por el rock, el twist y otros ritmos en boga en Norteamérica, relegando la música nacional al desván de lo vergonzoso. Cabalgando la ola proveniente del Norte, el citadino venezolano miraba con desdén todo lo relacionado con lo “rural” o “folclórico”: las alpargatas, el liqui-liqui, el joropo, el arpa, el cuatro y las maracas. Por aquellos años en que la modernidad foránea nos invadió, el dicho más común era “Caracas es Caracas, lo demás es monte y culebra”

Con los años se fue haciendo evidente que las modas son pasajeras y que la raíz de nuestra “alma” (¡llanera!) permanecía intacta y viva en ese “monte” tan ostentosamente despreciado por el ciudadano y en la misma urbe, aunque un poco contrabandeada.  No es que la onda moderna se abandonara, al contrario, existía la firme creencia de que en la medida en que imitáramos al Norte en todos los aspectos, estaríamos escapando del atraso y alcanzando el tan anhelado status de país desarrollado. Lo que ocurría era que la fuerza de lo que somos ha sido una raíz difícil de erradicar, valga la redundancia y los intentos de negarla han corrido parejo a los esfuerzos (algunos logrados, la mayoría fallidos) por intentar comprendernos a nosotros mismos.  Después de Gallegos nadie ha alcanzado en la misma medida, creo yo, la cima de ese esfuerzo. Gallegos fue y sigue siendo el traductor de la esencia del ser venezolano al lenguaje universal, y la extrajo precisamente del llano.  

Volviendo a los ejemplos. Basta observar la cotidianidad de hoy, para comprobar que el venezolano imagina nuestra esencia principalmente vinculada a la música llanera. La cultiva y la atesora más o menos secretamente, porque quizás la considera el vehículo ideal de expresión de su amor por el país. En ese sentido la música adquiere una dimensión simbólica extraordinaria, de una importancia capital en cuanto a nuestra auto-afirmación. Sigo manteniendo que este es un fenómeno esencialmente urbano. En el campo esa contradicción no existe. No hay necesidad de esconder una pasión que todos comparten y expresan públicamente.  Por poner algunos ejemplos: no hay evento artístico, social y ni siquiera académico en Caracas y otras capitales del país, que no termine con el “Alma Llanera”. Es la canción de despedida de toda reunión que se respete. Casi todos los hogares citadinos albergan una llamativa colección de discos de música llanera.  Porque, en definitiva, eso es lo que somos: llaneros de corazón, y a eso es a lo que le hemos dado la espalda -o lo hemos pretendido al menos- y hemos pagado bien caro las consecuencias. Pero esa ya es otra derivación del tema.  

Lo que ocasionó esta larga digresión fue lo que ahora llamo la vivencia de una conmoción musical, prácticamente una des-velación o una segunda revelación, porque como yo, no creo que haya un venezolano que no lo haya escuchado al menos una vez en su vida: se trata del joropo “Florentino y el Diablo”.  Grabada por primera vez por el sello venezolano Velvet, con las voces de los copleros Juan de los Santos Contreras “El Carrao de Palmarito” en la voz del Diablo y José Romero Bello en la voz de Florentino, relata la historia de Florentino, el que cantó con el Diablo en un contrapunteo que se hizo Leyenda del Llano.  Este magnífico joropo le pone música al poema de Alberto Arvelo Torrealba del mismo título, escrito en 1940 y revisado por el poeta en 1957, siendo esta última la que se popularizó en Venezuela.  Pero no es sólo eso lo que me maravilla ahora más que antes, es la existencia misma del contrapunteo como forma de expresión del alma del llanero, basada en la agilidad mental, en el talento musical y en la capacidad de los copleros para la improvisación verbal en armonía con la música. El contrapunteo es un verdadero fenómeno musical que yo postularía al Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad. Es una porfía que sintetiza y casi hace visible en la voz, en la gracia y en la velocidad de retruque del improvisador, todo un modo de vida en una región del país. Porque los temas del contrapunteo: el paisaje, las faenas, los ríos, las costumbres, el cortejo, la rivalidad, la sátira, los juegos de palabras, la burla amistosa, son de una riqueza invalorable, plena de referencias culturales merecedores de estudios antropológicos e investigaciones que seguramente existen en abundancia, pero permanecen aún por difundir más abundantemente.  

No me atrevo a asegurar que el contrapunteo se mantiene con vida y buena salud en la actualidad. Aunque hace muchos años que no lo visito, no es difícil suponer que la inseguridad y las penurias que padece el llano venezolano en estos momentos le permita a los copleros desplazarse de pueblo en pueblo en bongo o en caballo, atravesando el Arauca o el Cunaviche, para asistir a un duelo musical a medianoche con otro improvisador de su mismo o mayor talento. Lloro la ausencia de ese rasgo fundamental de nuestra cultura popular, que doy por perdida, o peor aun, manipulada al servicio de la ideologia de quienes detentan el poder.  El momento actual del país no garantiza ni siquiera la manutención de sus habitantes, qué se puede esperar de la capacidad de sobrevivencia de una forma de expresión cultural antigua y auténtica.  Nadie esta ahi para asumir su defensa contra una vision totalitaria de la cultura. En su afán revisionista, el poder pretende ajustar toda expresion cultural popular anterior al régimen,   a sus esquemas doctrinarios . De ahi que la expresión oral y musical del joropo haya cedido el campo a formas devaluadas  que muy poco o nada tienen que ver con la obra de nuestro insigne poeta Alberto Arvelo Torrealba.

No obstante, debo consignar que su poema se convirtió en referencia para obras en otros formatos, como “La Cantata Criolla” de Antonio Estévez, y el largometraje “Florentino y El Diablo” de Michael New, en 2000. En 1997 la Bit-blioteca y la Editorial Letralia (1) la publicaron en formato digital con la versión de 1950 del poema, haciendo así un aporte fundamental al conocimiento de esta obra magna de la literatura venezolana.


(1)https://letralia.com/ed_let/pdf/diablo.pdf


domingo, 7 de diciembre de 2025

MINIMOS DEL DOMINGO

 

MINIMOS

 

·       *Los credos son lo más eficaz que ha encontrado el hombre poderoso para enmascarar sus ambiciones


·       *Convivir en paz con otro consiste en acordar los tempos


·       *Extraño lo humano en tiempos de la IN (Ignorancia Natural)


·       *No necesito más para ser feliz. Basta con un día de sol y que mis hijas me llamen “mamy”


·       *La belleza es esa inestable armonía entre el afuera y el adentro


·  *El mundo actual es un confesionario público donde todos mentimos un poco


·       *Un velo recorre el mundo y a veces oculta una bomba


·    *Pasamos de los tiempos de una juventud rebelde a los de una juventud lobotomizada


·       *La Era ya no está pariendo un corazón. Ya parió un algoritmo


·       *No sigo a nadie


· *Atardarse con cada bocado, cada mirada, cada sonido.  Contemplar. He ahí la esencia del placer


·       *La buena noticia es tu presente


·       *Bajo la maraña sigo estando yo


·       *A veces el avestruz tiene toda la razón


·    *Para conformarse con el mundo actual hay que verlo con un espejo invertido

lunes, 24 de noviembre de 2025

DE MURALLAS Y SUEÑOS


Muralla. Obra mía 

Yo estaba en el ala de un avión, no en la cabina.  Desde donde me encontraba podía ver su forma gris metálica que resplandecía bajo los rayos del sol. Quería convencerme de que no me iba a caer porque me hallaba segura dentro de un nicho del ala, pero no dejaba de sentir aprehensión. Mi propia voz me decía primero una cosa y luego la otra. El avión volaba bajo, tan bajo que rozaba el mar y yo podía meter las manos en el agua. El agua era tibia y el mar estaba tan tranquilo como un lago. El cielo era luminoso y yo me sentía mecida por una brisa dulce y suave.  Tenía miedo, pero me sentía al mismo tiempo eufórica.  El avión daba virajes repentinos y yo pensaba, “se va a tropezar con esas rocas”, pero cuando se hallaba cerquita de las rocas se elevaba un poco, no mucho, solo lo suficiente para no tropezar. Yo sentía su movimiento lento y pensaba “que raro, estoy en un avión que vuela bajo y lento” En uno de esos virajes se elevó más, y vi todo el golfo de México.  Yo sabía que era el golfo de México por el libro que acababa de leer. Vi una cantidad impresionante de montoncitos de tierra cubiertos de un musgo verde, que me recordaron las rocas del patio de mi casa de El Valle merideño, con la diferencia de que éstas flotaban en el agua y pensé “éste es el Archipiélago” … “con razón es imposible conocerlos todos, son demasiados” 

El avión siguió desplazándose y yo sentía cada vez más temor de que se elevara o se cayera, sentía que era peligroso, pero al mismo tiempo quería continuar. El avión pasó por encima de un desfiladero. Yo podía ver el límite de lo que intuía que era el planeta mismo, visto desde la altura. Percibía nítidamente la división entre la tierra y el mar.  La tierra era una roca con vegetación alrededor, y debajo de ella se podía ver el mar verdi-azul profundo. Y pensé “que impresionante ver desde arriba la punta de la tierra” …ésta debe ser Punta Cardón, estoy pasando por encima de Venezuela”. 

El avión no siguió hacia adentro y se devolvió hacia el mar.  Se acercó a lo que parecía un templo construido sobre una roca amarilla. Era magnifico, pero no era exactamente un templo. No tenía puertas ni recintos interiores. Era más bien una muralla que tenía esculpidos rostros humanos incompletos, de facciones separadas. Los labios se hallaban por un lado, los ojos por otro. La piedra estaba surcada por vetas marrones. Yo intuí que aquella muralla estaba allí para que nadie pudiera entrar a Venezuela.

jueves, 20 de noviembre de 2025

ENTRE DOS NOCHES


Fra Angelico. Christ aux autrages
1439-1443

Karl Marx y Federico Engels afirmaron en el siglo XIX, en la primera frase del “Manifiesto Comunista”: que “un fantasma recorre el mundo” refiriéndose a la inevitabilidad de la llegada del comunismo.

Doscientos y tantos años después, ese fantasma se ha transformado en un velo, en un turbante, en una media luna. En fin, en todos los símbolos que identifican al islam.

Ya ha cubierto más de la mitad del mundo y no viene solo, integra la alianza más estrambótica del mas inconcebible pacto de intereses que hace apenas medio siglo hubiéramos considerado “contra-natura”. Es como si todas las fuerzas del Mal hubieran al fin encontrado una estrategia común, ya que todas por separado coinciden en el mismo objetivo: destruir la humanidad. Solo les faltaba un método compatible y “unitario” y la era informática se los sirvió en bandeja de oro.  El fin justifica los medios y he ahí que tanto la llamada Izquierda Radical, como las fuerzas más reaccionarias de la ultra-derecha se equiparan en sus prácticas de odio y aniquilación de sus enemigos y en eso coinciden con los ejércitos del islam radical (*) y con todos los grupúsculos extremistas que azotan al Oriente Próximo con sus continuas guerras que parecen destinadas a revivir la consigna bíblica de “no dejar piedra sobre piedra”.  Entre estos dos extremos prolifera una gama compleja e intrincada de movimientos más o menos visibles o abiertamente clandestinos operando en la oscuridad, pero con ingentes recursos económicos y materiales, al servicio de quienes ofrecen públicamente al mundo la “cara” del poder, aunque no lo detecten por completo.  Solo lo hacen para el público de galería. 

Como Trump, por ejemplo, quien avanza a toda velocidad hacia el totalitarismo y el desencadenamiento de una guerra civil en su propio país, sin poder evitar que se sospeche que sus acciones erráticas y contradictorias obedecen en realidad a conflictos más o menos graves entre quienes lo manejan como marioneta y sus propios caprichos personales.   

La argamasa que une este espectro aparentemente contradictorio de intereses de poder la ofrece la era numérica en la que vivimos, destinada a avanzar ininterrumpidamente en su objetivo de dominar por completo el cerebro humano hasta convertirlo en el apéndice de una máquina. O, mejor dicho, de “La Máquina” que totalmente autónoma, habiéndose independizado del control humano, se gobernará a sí misma y solo obedecerá a sus propios deseos y decisiones.

Ese futuro ya nos alcanzó, pero nunca deja de valer la pena seguir las pistas del pasado y buscar allí el origen de lo que el “Mal” se empeña en destruir, para al menos comenzar a entender su plan y su propósito.

La humanidad hasta ahora ha venido avanzando apoyada en su pasado, aunque se diga de ella que no termina de aprender sus lecciones y se sigue tropezando continuamente con la misma piedra. A pesar de ello, no puede negarse que allí, en el pasado, se encuentran las raíces de lo que llamamos propiamente “humano” y de que esas raíces ancestrales continúan poseyendo una poderosa fuerza aglutinante y salvadora para numerosos contingentes humanos. La humanidad en masa necesita regresar a sus fuentes consideradas sagradas e inclinarse ante ellas. Todas las culturas del planeta poseen ese punto en común.  Pero para transmitir el Saber y alcanzar la Luz es necesario que desde dentro de la masa humana surjan líderes espirituales, Seres Superiores destinados a iluminar las consciencias de sus semejantes, no salvándolos, pero si ayudándolos a salvarse a si mismos.  No es necesario citarlos ya que ellos están ahora mismo en las mentes de todos nosotros.  Pero el Mal no cesa de perseguir su objetivo.

Al pretender destruir el culto a los ancestros, al intentar romper la unión entre el cielo y la tierra, al tratar de imponer la locura de los humanos en detrimento de la coherencia de los dioses, los monoteístas terminaron creando un engendro alimentado de fanatismo, en nombre de la paz y del amor. Los verdaderos grandes hombres, los constructores de las pirámides en Guiza, Teotihuacán, Chichén-Itzá y otros monumentos sagrados esparcidos por el mundo, los Hacedores de Luz, han desaparecido.

No restan sino pocos hombres, pequeños seres imbuidos de poderes gigantescos, a la vez manipuladores y manipulados. Y la explosión demográfica, cáncer de la humanidad, los aprovisiona de un numero exponencial de clientes, idiotizados por tecnologías sofisticadas que no excluyen a nadie. 

Los desaparecidos Seres Superiores encarnaron otra visión de la vida y tomaron caminos prohibidos.  Ya no queda ninguno. Y con su desaparición se ha cerrado una página de la historia de la humanidad. La idea de progreso infinito reemplazará al Gran Espíritu y las generaciones sucesivas no podrán cambiar nada.   La Máquina dictará sus órdenes a millardos de seres incapaces de rebelarse.

La tradición trasmitida durante cinco milenios por los Seres Superiores se fundamenta en la Verdad contenida en el Secreto Alquímico, la Ciencia Gaya, que permite obtener la Piedra Filosofal, la Gran Obra destinada a re-ligar la materia con su origen divino. 

Hacia 1439, Guido de Pietro, mejor conocido como Fray Angélico “el hermano angelical” y guía espiritual de una pequeña comunidad de frailes dominicos, creó en el Convento de San Marcos en Florencia, un taller de arte donde sus discípulos aprendían dibujo y pintura. Los manuscritos iluminados, obras perfectas, ocupan hoy el claustro, el refectorio, el hospicio y las celdas de los monjes. Todos los espacios de este convento tan particular están cubiertos de pinturas.    Temas religiosos, ciertamente, pero tratados de una manera sorprendente, tal como “Cristo deriso” (Cristo insultado) donde Jesús aparece con los ojos vendados, como un adepto de los Misterios Ancestrales, antes de recibir la Iniciación a la Luz. Y en medio de todo, ese oro brillando en todos los frescos y pinturas, ese oro de las pinturas de Fray Angélico realizadas con oro alquímico.

Hago alusión a este hecho aparentemente lejano al tema, no porque me haga ilusiones. Estoy persuadida de que esta humanidad va camino a su destrucción y que las fuerzas del Mal pueden anotarse este tanto; pero sigo igualmente convencida de que la eternidad existe. Aunque Einstein afirmara que entre dos cosas infinitas: la estupidez humana y el Universo, no estaba tan seguro de esta última, quiero creer en la eternidad inconmensurable de la Unidad que este planeta comparte con el Universo y que el Misterio del origen le fue revelado a los antiguos sabios y sabias de la Antigüedad, y que a la cabeza de todos ellos se encontraban los Maestros de la Ciencia Gaya, o la Gaya Ciencia. La Alquimia.  Fray Angélico entre ellos.   

 

==================================================

 

(*) Mi hija Cristina opina que no hay tal diferencia entre un islamismo moderado y uno radical (en el sentido de intolerancia y fanatismo) ya que todo el islam es radical desde su raíz. Considero que tiene absoluta razón, en tanto religión monoteísta.

viernes, 14 de noviembre de 2025

LA MANZANA MORDIDA

Blanca Nieves de Walt Disney 

2016:  Diecisiete objetivos generales, divididos en 160 metas, a un costo de 4000 millardos de dólares por año durante 15 años, tal fue el informe titulado “Desarrollo Sustentable” presentado por altos funcionarios ante las Naciones Unidas representando a la “comunidad internacional”, para erradicar la pobreza y salvar el mundo, conciliando finalmente lo social y lo ambiental.  Nadie lo creyó, pero lo importante era garantizar el flujo financiero y repartirlo correctamente: 90% para los países admisibles, las multinacionales y las ONG calificadas, 10% para los pobres.

Varios proyectos fueron lanzados, a condición de controlar las patentes y el circuito industrial.  Entre ellos, el lanzamiento de un láser para fabricar nubes y producir lluvia. Otro, la explotacion de una nueva mina de oro a escala planetaria: la arena. Con el cáncer demográfico y el delirio de la construcción, las edificaciones modernas requerirían al menos quince millardos de toneladas al año. La mejor de las arenas, la del desierto, comenzaría a escasear.   Se dragarían las playas del planeta. De ellas, las tres cuartas partes estarían destinadas a desaparecer hacia 2100. No quedarían rastros de esas operaciones. El negocio, como tantos otros, se efectúa en negro.

Matemáticos, técnicos informáticos e industriales abrazan el planeta y lo proyectan. La nueva medida de Internet es la zettaoctet, a saber, mil millardos de gigaoctets; y aún dos tercios de la población mundial sigue sin estar conectada. De ahí la necesidad de producir dispositivos a bajo costo, a fin de conectar a los desfavorecidos.

2016 no fue más que una etapa.  El Singularity Institute, cofundado por Ray Kurtzweil e implantado en San Francisco y Berkeley, ha marcado el rumbo:  en 2045, la inteligencia de las máquinas sobrepasará a la de los hombres y todos los “datos” antiguos habrán sido anulados. Se habrá instaurado un gobierno mundial y se entenderá que la Singularidad consistirá en confiar ese gobierno a la informática y a los robots, como ya es el caso en ciertos sectores de las finanzas y de la industria. 

Actualmente, y con el fin de acelerar ese inevitable progreso, se han penetrado los medios políticos y moldeado la nueva mentalidad de los “decisores”. El TPUK (Partido Trans-humanista del Reino Unido) acaba de fundarse bajo la premisa de “formar al nuevo ser humano mejorado, hiperactivo e inmortal”. Otras entidades similares no tardaran en arribar a lo mismo, bajo la insignia de Humanity plus.

El lobby dispone de un brazo armado nada despreciable: Google. Google, deformación de googol, término utilizado en 1940 por el matemático Edward Kasner para designar un numero compuesto de un digito seguido de cien ceros.  Pero no es solo eso lo que Google ha tomado del pasado. También está la elección de su símbolo, una manzana mordida. Lo explica el fin, en 1945, de Alan Turing, el padre de la informática, quien había descriptado el código Enigma de los nazis y había sido juzgado y condenado por homosexual. Declarado oficialmente como un suicidio, junto a su cadáver se encontró una manzana mordida, envenenada con cianuro. Exactamente igual a la que mordió Blanca Nieves en la película de Walt Disney.

En la actualidad las actividades de Google se han multiplicado: biotecnología, gestión de datos, fibra óptica, domótica, automóviles autónomos, Google se ha transformado en Alphabet y es el encargado de enseñar a leer y a escribir a la nueva humanidad, capturando sus peces gracias al mejor de los anzuelos: la salud. Tres divisiones de Alphabet:  Google Ventures, Life Sciences, y Calico abarcan el espectro total  de la salud humana, desde la curación de todas las enfermedades hasta el reemplazo de órganos usados. ¿Los bienhechores de la humanidad no dominarán los gobiernos sobrepasados por la mundialización?  La antigua divisa de Google Don’t be evil, ha cedido su lugar a la de Alphabet: Do the right thing

Así, un objetivo podrá alcanzarse en el futuro: conectar el cerebro humano a un ordenador que le dictará su comportamiento y le transmitirá la “buena” información. Y esto no es ciencia-ficción. El Instituto Max Planc en Alemania y la Escuela Politécnica federal de Zúrich ya han logrado establecer la conexión entre células nerviosas de individuos vivos y un semi-conductor.  El descriptaje del lenguaje de las neuronas avanza a pasos agigantados y no está lejano el día en que se podrán utilizar neuroprótesis electrónicas para controlar ciertas zonas del cerebro. Fundados en perfiles estadísticos y alimentados por un número infinito de datos, los algoritmos permitirán tomar decisiones y gerenciar el conjunto de nuestro campo vital con el asentimiento de humanos persuadidos de haber obtenido la inmortalidad.

Inteligencia Artificial: dos términos en adelante indisolubles.

Este terrorífico recuento, sin embargo, no logra desanimarme. Desde el origen de los tiempos, el mundo ha asistido al combate entre el Bien y el Mal. Es su génesis, su marca de nacimiento y lo ha acompañado durante toda su historia y aún antes de ella. Y persistirá hasta el Fin del Universo. Y como ha sucedido siempre, triunfará el Bien.  

Las religiones monoteístas han servido a los fines de la dominación de los incautos. En cambio, la espiritualidad arcaica, la preconización de la libertad de pensamiento, el rechazo a la esclavitud impuesta por los tiempos, obstaculiza el triunfo del Mal, y puede posponerlo indefinidamente. Para las mentes libres, todo se dirime en la esfera de la conciencia y el estado de alerta. Mientras el hombre persista en su búsqueda de los orígenes de su energía vital, sin caer en la trampa del dominio tecnológico que impone “La Máquina”, mientras comprenda su verdadero significado y no le tema a la muerte y no aspire a la inmortalidad; el Bien triunfará sobre el Mal.

miércoles, 12 de noviembre de 2025

DE LAGOS Y CIMAS

 

Lago Leman. Ginebra

Suiza es un país excepcional desde todos los puntos de vista. A su lado, Francia, que es un país organizado, parece un caos. Suiza es ejemplar en muchos sentidos. La Confederación helvética es un modelo de convivencia y civilización. Junto con Suecia, fue respetada por Hitler.  Su geografía es generosa, se despliega en lo que yo llamo infinitas variaciones sobre un mismo tema: lagos, valles y montañas de tarjeta postal, donde se puede disfrutar del sol y la nieve por igual durante todo el año. Gente orgullosa de su historia y su cultura, consciente de que la mejor educación sigue siendo el primer indicador de competitividad global y probando que la suya alcanza la excelencia a todos los niveles, desde la escuela maternal hasta sus universidades, que se cuentan entre las más prestigiosas del mundo. La cautivante ciudad de Montreaux, que enamora a sus visitantes, muchos de ellos reincidentes, celebra uno de los festivales de Jazz más prestigiosos del mundo. Sus ciudadanos son consultados continuamente en todos los aspectos; y es uno de los pocos países que rechazó en un referéndum reciente, la presencia de minaretes en su paisaje urbano. Produce los relojes más reputados del mundo, quesos que compiten exitosamente con los mejores quesos italianos y franceses, y además de la sopa que tanto odiaba Mafalda, posee una cultura vinícola tan asentada como desafortunadamente desconocida. Orgullosos de ser trabajadores incansables, ellos mismos se ríen del dicho que dice “los suizos se levantan temprano y se despiertan tarde”.

En la campiña vaudoise, rodeado de viñedos, en un terreno que alberga un menhir, acondicionado para la conservación del ambiente natural, una geo-bióloga egresada de la universidad de Laussanne realiza proyectos de salvación de los árboles más antiguos del país, que ella considera seres vivos tan importantes como los humanos. Construido en los terrenos de un silo desafectado, el jardín ha sido trazado en función de las ondas telúricas que emanan de las fuentes de energía de la tierra, que la geo bióloga ha detectado, sirviéndose de ellas para captar las emanaciones positivas de la tierra y desechar las negativas, recuperando una ciencia olvidada proveniente del fondo de las eras.

Los excelentes vinos “fendants” de Sion o los no menos exquisitos “humagne” de Valais, por nombrar solo dos, son prácticamente desconocidos en el mundo. Producidos por pequeños propietarios, su producción se agota dentro del país, y sin exportación, es difícil alcanzar resonancia internacional.

Lausanne es una ciudad en plena expansión. Campeona mundial en cuanto a desplazamiento en tren, la eficacia y seguridad de su red de transporte colectivo es vigilada rigurosamente por la ciudad. El respeto a los horarios ha sido y continúa siendo imperativo, y la ausencia de huelgas, contrariamente a lo que les ocurre a sus belicosos vecinos franceses, es altamente apreciada por los usuarios.

Suiza también produce elaboradas distopías, fruto intelectual de un grupo de genios reunidos en un solo lugar. O al menos eso es lo que imagina el escritor francés Christian Jacq, en su libro “Crime sur le Lac Leman”. Una de ellas, la más delirante, tiene lugar precisamente en Lausanne.

La High Altitude Physiology Alpine Research Station Jungfraujoch ubicada a tres mil seiscientos metros en Los Alpes Suizos, en realidad es un centro de investigación dedicado a estudio fisiológico de la reproducción de especies biológicas de las montañas altas, con miras a su protección y conservación; que debe su nombre no solo a su especialización y ubicación geográfica, sino a sus logros espectaculares.  Sin el confort propio de las mejores universidades del mundo, la altitud parece tener un efecto directo sobre la producción neuronal de los científicos que allí trabajan. Y aquí viene la ficción distópica: Jacq imagina que en el observatorio de Sphink, (que en realidad existe) científicos brillantes identifican la “basura” que contamina nuestra atmosfera y elaborar “test” para probar la resistencia de los materiales del futuro.

En uno de los más delirantes proyectos salidos de la mente de un especialista anglo-suizo en alta tecnología, tras cinco meses de pasantía por la Station Jungfraujoch:   propone el diseño de trajes para los cosmonautas de futuras estaciones espaciales donde los humanos irán a vivir cuando la tierra se haya vuelto inhabitable.  La ropa “inteligente” equipada de sensores casi invisibles y cada vez más performants permiten medir el ritmo cardiaco, la frecuencia respiratoria, el nivel de oxígeno en la sangre, la temperatura corporal. ¡Y ello no es sino un tímido comienzo!  Nuestro genio nos anuncia que “en poco tiempo estaremos produciendo fibras textiles capaces de analizar el funcionamiento de todos nuestros órganos y proporcionar un balance de nuestra salud en directo, cada segundo.  Al menor problema, intervención y tratamiento”.

No puedo (ni quiero) imaginarme una vida futura donde las personas al vestirse, estarán siendo monitoreadas y “sapeadas” por su propia ropa, ante un gran cerebro universal que al menor síntoma, las recluirá en una prisión con apariencia de clínica y carceleros con apariencia de enfermeros, vestidos con trajes espaciales, los "sanarán". ¡Horror de horrores!  

jueves, 6 de noviembre de 2025

BIBI

 

BIBI

ONCE AÑOS DE MEMORIAS 

Parecías tan cómoda tendida allí, con tus ojos cerrados y tu actitud de siempre, obediente y fundamentosa. Tus manitas pequeñas entrelazadas sobre tu pecho, parecían querer atesorar la dichosa paz que te inundaba. Uno pensaría que estabas ahí solo porque necesitabas descansar un momento, hacer un alto en ese camino que recorriste, donde desde pequeña ya te acompañaban la contención y el recato. Tu rostro sereno había recobrado su fisonomía de niña aplicada y correcta. Tu nariz, como un pequeño promontorio, parecía esculpida con delicadeza, como para que sus finas aletas pudieran retener aún, tu aliento.

Detrás habían quedado tus cosas. Tu orden. Nuestras cartas, que conservabas por amor, como si ellas encarnaran ese lazo inefable que nos mantuviera unidos, recobraban el resplandor de ese instante en que nos expresábamos con libertad y franqueza, respondiendo a tu interés por nuestras vidas; instantes que tu habías atesorado y que ahora se levantaban ante nosotros como testimonio de tiempos pasados. Al leerlas sin tu presencia ellas adquirían un valor inusitado. Al confrontarnos con lo que dijimos y con lo que fuimos, cobraban otro significado. Como si hubieras querido ponernos un espejo delante, diciéndonos: “así eras, así fuiste, ésto dijiste y aquí está la evidencia”. Evidencia que nos regocijaba y nos absolvía sin juzgarnos. Pruebas palpables de nuestra pequeña historia común.

En otro cajón se acumulaban pruebas de tus quehaceres, de tu vida disciplinada, documentos que certificaban la rectitud de tu proceder ante los trámites burocráticos. Tu decencia. Tu apego a la rectitud insuflaba aliento a ese vocablo abiertamente ignorado y en desuso. Encarnaste siempre la decencia de nuestros padres sin que nadie lo resaltara, pero en tus actos se apreciaba el contraste entre la integridad y la abyección, entre lo claro y lo oscuro, entre lo lineal y lo torcido.

Esos documentos de bancos, de compañías de seguros, de ministerios, a pesar de su frialdad, dejaban entrever admiración. Desde el encabezado, tu nombre detallado ya anunciaba cierto esmero. Algunos te agradecían tu constancia, tu fidelidad y te ofrecían un tratamiento distinguido y personal.  A su modo, testimoniaban tu vida en el ámbito de ese mundo reglado que necesitabas, al que aspirabas y al que, en cierta forma, admirabas.

De algún modo sabias que necesitabas un marco que contuviera tu alma apasionada.  Te habitaba un amor dionisiaco por la vida, pero nunca te dejaste avasallar. Tomabas lo que se desparramaba del cuerno de la abundancia y disfrutabas con ingenuidad de los placeres sencillos de la vida, los asumías como dones de la naturaleza que nos son dados.

Tu alma hacendosa buscaba el entorno propicio, como un instrumento que intenta acordarse con otro para producir una armonía, y lo encontraste fuera. Fuera de nuestro país, fuera del seno familiar. Sabías que no podías llevártelo todo, pero decantaste la esencia y la transportaste contigo. Te acomodaste en el nido de seguridad que tú misma habías contribuido a formar con tenacidad y seriedad.  El Universo mismo también se acomodó para ofrecerte unos años de tranquilidad y un espacio donde comenzaste lentamente a escuchar la melodía, el acorde armonioso que buscabas. La paz que refleja tu rostro en el sepulcro, no puede ser más que la continuación en otra dimensión, de la que ya te había alcanzado aquí en la tierra.

Te fuiste con tu amor intacto por nosotros. No hubo desatino nuestro que te apartara de tu devoción. Sin desmayo ni recelo, consagraste cada día tu existencia como ofrenda ante el altar de tu amor filial.  

Hoy solo puedo decirte que tu entrega no ha sido en vano y florece incesante, regada por tu recuerdo.    

domingo, 2 de noviembre de 2025

DIVINIDADES


Las Moiras. Version ilustrada de La Eneida. Univ, de Toronto, 1888


Hay quienes se quedan durante toda su vida con una sola versión para explicar el sentido de nuestra existencia: la monoteísta. De acuerdo con Spinoza, yo prefiero ser panteísta. Si tuviera que creer en algo, (porque no creo en “creencias”) elegiría divinizar la naturaleza, lo único que encuentro realmente omnipotente. 
Los que eligieron la versión católica de las antiguas divinidades griegas, cuyo origen remoto, por lo demás es egipcio y aún más atrás, asirio, eligieron también moralizar la naturaleza. La diferencia entre optar por aceptar la sabiduría de lo natural o, por el contrario intentar humanizar los elementos: agua, tierra, viento y fuego, cargándolos de códigos morales, reside en la instauración, a partir de la entronización de las religiones monoteístas, de la noción de pecado y por ende, de la culpa y su consecuente penalización social, el castigo, sin dejar por fuera el (auto) castigo. Principios de toda una escuela ejemplarizante con la cual se levantó Occidente. 

Somos herederos de los mitos griegos y su moralidad. En el fondo (y en la forma) los mitos griegos, que servían para transmitir patrones ideales de comportamiento, ejercieron eficazmente la función de mantener a las sociedades de la antigüedad en guerra y mostrar a sus líderes como héroes. Una tradición que se ha retroalimentado y actualizado incesantemente hasta hoy como base de sustentación social e individual, hasta el punto que las sociedades occidentales no podrían sobrevivir sin ella. Es el tejido invisible que le da forma a la estructura. 

Si hurgamos un poco nos daremos cuenta que vivimos aun hoy a base de mitos, solo que estos son imperceptibles para las mayorías, dada la velocidad con que circulan y se reproducen. No dejo de pensar en lo que seriamos actualmente si nuestras sociedades se hubieran edificado sobre otras bases filosóficas y espirituales, si los hechos de la historia hubieran ocurrido diferentemente y aquellos hombres venidos de otras tradiciones, al encuentro de otras creencias, no hubieran optado por aniquilarlas y en cambio hubieran entendido que se trataba de cosmogonías diferentes y se hubieran consagrado al entendimiento y la aceptación de otra interpretación del origen de las fuerzas telúricas que nos gobiernan, sin pretender cargarlas de propiedades ejemplarizantes y sancionatorias. 

Qué hubiera sido de nosotros si el poderoso aparato ideológico de la conquista española hubiera asimilado la cosmogonía azteca, por ejemplo, y en lugar de la culpa y la entronización de valores de sumisión, hubiera conservado sus principios originarios, basados en el ritmo natural de los elementos y los cuerpos celestes. No ignoro que esas antiguas civilizaciones estamentarias, también estaban basadas en la jerarquia, la sumisión, el castigo y el sacrificio y que los supuestos designios de los dioses eran interpretados y transmitidos por sus voceros humanos en la tierra con fines de mantener su poder. Pero todo ello para mí no revela más que los puntos en común de una sola humanidad, sólo que asentada en diferentes latitudes. Si se hubiera producido la integración de las diferentes cosmogonías, quizás estaríamos en presencia de una humanidad cuyo decurso se encontrara en armonía con los latidos de la madre tierra; concepto, por cierto, muy tergiversado actualmente, porque los antiguos aztecas no humanizaban la tierra. Para ellos no se trataba de una madre siempre amorosa y comprensiva, sino de una fuerza autónoma, capaz por igual de arropar y ofrecer sustento, como de arrasar con lo existente, obedeciendo a sus ciclos naturales y no a los deseos ni a los ruegos de los hombres. Un planeta tierra del cual reconoceríamos y aceptaríamos su poder para crear, sustentar y destruir, para luego asimilar lo putrefacto, reiniciando así continuamente el ciclo de muerte-renacimiento de todo lo que existe. 

En lugar de ajustar nuestras vidas a leyes surgidas de la voluntad de dioses inventados por el hombre, pero que le han sido atribuidas al Universo, quizás también asistiríamos a una inversión de los valores que hoy preconizan el predominio de la fuerza bruta y en su lugar estaríamos en presencia de una mayor comprensión y respeto por el poder femenino. Nuestra cosmogonía estaría asentada entonces sobe una génesis matrilineal, donde esas fuerzas fungirían como agentes cósmicos de la creación, manteniéndonos en una línea de armonía con el planeta y con todos los seres vivos que lo habitan.

martes, 28 de octubre de 2025

LLUVIAS, PANTANOS Y LODO


Dorothea Tanning. El océano blanco 

Hijo de Mittelhouse, mártir anarquista francés famoso por haber puesto fin a sus días abriéndose las venas con el mango de una pequeña cuchara cuando fue hecho prisionero por la inteligencia enemiga durante la Gran Guerra, Joseph Mittel es un joven de 22 años que se siente fuera de lugar en el mundo.  Sin haberlo conocido, ha heredado de su padre la leyenda que lo persigue como un lastre. Su enigmática historia y su turbio final poseen una fascinación que se acrecienta con los años en el medio de los revolucionarios anarquistas franceses del periodo de entre guerras. Para Joseph es una celda que lo mantiene preso de una herencia que no desea portar sobre sus hombros pero que sin embargo controla su vida y determina su acontecer. 

Joseph se ha unido a Charlotte, una joven de su misma edad, militante anarquista con quien mantiene desde hace dos años una relación, cuando súbitamente, un encadenamiento de hechos lo arroja a las calderas de un carguero que se dirige a Panamá y a América del Sur, con un cargamento clandestino de armas cuya venta ya su capitán ha negociado con los revolucionarios que planean un golpe de estado en Ecuador.

Pareciera que la herencia no deseada de Joseph actúa como el origen invisible que determina el curso de las acciones que se suceden unas a otras sin control. Charlotte se ha involucrado a fondo en el movimiento anarquista. Para obtener fondos que le permitan al diario Libertaire (1923) sostenerse por un año, ha decidido pedirle 30 mil francos al gerente del mercado de Les Halles de Paris, para quien trabaja como doméstica y amante y a quien ha amenazado con denunciar ante su esposa si no le pagaba un apartamento propio y mil francos al mes. Ante la negativa de Monsieur Martin, a Charlotte no le queda otra salida que dispararle, dándole la muerte. Todo deviene en tragedia, el crimen es denunciado inmediatamente, Charlotte arrastra a Joseph en su huida y lo conduce al embarcadero donde rápidamente convence al capitán de La Cruz del Norte, de embarcarlos a bordo, cosa que el capitán acepta de inmediato, (Charlotte ya ha obtenido información sobre las armas y se vale de ella para “negociar”) pero el azar interviene de nuevo.  Desde que el capitán conoce a Charlotte, se inicia un curioso y sutil triángulo amoroso, donde los sentimientos de los dos hombres permanecen soterrados o disimulados, sin expresarse abiertamente; como la protección y el afecto que el capitán siente por Joseph, quien podría ser su hijo, confundiéndolo y paralizándolo; sin por ello dejar de sentir agradecimiento e incluso admiración y respeto por éste. Los hilos del verdadero poder parecen tejidos por Charlotte, la única que parece estar en control de sí misma, abandonada al ocio y a la protección que le ofrece el capitán. Dócil, encantadora e impasible, los desconcierta, los ata a su suerte y los mantiene alerta, como si ambos presintieran en ella el origen remoto de desconocidos peligros.

Pero la verdadera tragedia está por venir. Como en “El corazón de las tinieblas”, de Conrad, en esta novela, “Long Cours (Gallimard, 1923, 2002) Georges Simenon nos sumerge en la pesadilla de la selva tropical suramericana y su omnipresencia oprobiosa y temible.  Tras numerosos acontecimientos y reveses, a los cuales Joseph sobrevive sin darse cuenta en manos de designios incontrolables para él, el carguero arriba al canal de Panamá, donde las autoridades francesas ya han dado la alerta y emitido la orden de arresto de Charlotte. Para ese momento ya los rebeldes ecuatorianos que habían encargado las armas a Mopps, el capitán, han sido vencidos por el ejército ecuatoriano y su líder ha sido asesinado. Para Mopps eso significa la ruina de su empresa, su barco y su vida. Sin embargo, logra negociar en el puerto con un rico empresario árabe el pago de la multa que le ha impuesto la French Line para atravesar el canal y salir de Panamá, pero debe cambiar de rumbo y de planes. Decide entonces dejar a Joseph y a Charlotte en el puerto de Buenaventura, Colombia, con pasaportes falsos y con empleo para Joseph en la compañía de un traficante de oro, para el momento el hombre más rico de Colombia.

Todo aquello acentuaba la angustia, que nunca había dejado de perseguir a Joseph, sobre su lugar en el mundo, un mundo donde siempre surgía algo que le impedía actuar según sus deseos, dejándolo en la mitad de situaciones falsas; donde sentía que nunca había sido “él”. No teniendo ningún punto en común con el partido anarquista, era simplemente el hijo de un admirado mártir desconocido para él; tampoco lo tenía con los feroces libertaires que rondaban la librería de la calle Montmartre, ni con los antiguos amigos anarquistas de su padre que se habían vuelto ricos, y mucho menos con los marineros y estibadores del barco que los había conducido hasta Buenaventura.  Pero tampoco tenía tiempo para detenerse en sus cavilaciones, porque enseguida fue conducido junto a Charlotte a los pantanos de la selva colombiana, equipado con botas de caucho, pantalones de kaki, un casco y alojado (o más bien arrojado) a un bungalow donde estaría bajo las ordenes de un geólogo belga, comisionado por la Compagnie Miniére Anglo-Colombienne para dirigir las operaciones de extracción del oro de los pantanos, lo que realizaban los indígenas y negros en condiciones infrahumanas.  Y muy pronto aquel pantano, que ya había conducido a la locura al geólogo belga, se presentó ante Joseph como la materialización de su infortunio y de todas las incongruencias de su vida. En plena estación lluviosa, durante meses él y Charlotte no contemplaron más que su choza enlodada y húmeda donde crecían champiñones encima de su ropa, maletas y enseres, soportaban una temperatura constante de 40 grados, miraban y le temían a un rio pantanoso, plagado de cocodrilos y todo el tiempo una lluvia interminable e insidiosa caía de un techo bajo de nubes grises estacionado sobre sus cabezas.  Y así día tras día. Acosados por nubes de mosquitos, arañas venenosas y ratas (había días en que Joseph debía matar hasta quince antes de poder dormir), aquellos pantanos se habían convertido en un infierno donde todos agonizaban esperando un final que nunca llegaba. Dependían de un solo hombre que los aprovisionaba una vez al mes y no tenían a nadie con quien hablar porque el geólogo belga había tomado a Joseph por un espía de la compañía enviado para asesinarlo y no les hablaba.

El relato continúa: “Los hombres que trabajaban en los pantanos buscando oro eran seres indolentes y resignados, producto de una mezcla de razas degeneradas que no tenían ni siquiera el instinto de independencia.   Obedecían como bestias, se protegían la cara con los brazos como niños cuando veían a un blanco encolerizado, eran feos y casi todos tenían tuberculosis”.

El delirio persecutorio de Plumier, el geólogo belga, lo conduce finalmente al suicidio, cuando ya las cartas que ha hecho llegar a la compañía han atestiguado los horrores de la explotación minera que se supone ha estado bajo su dirección. Charlotte queda embarazada y a los pocos meses contrae una enfermedad tropical; su vida y la del niño corren peligro y ese hecho determina lo que se convierte en una obsesión para Joseph: escapar.

“Mittel levanta la mirada hacia la grisura de la montaña, semejante a una nube. A lo lejos, otras montañas, y valles, y ríos. Un continente inmenso con solo aquí y allá, separados por barreras, pequeños puñados de humanos: blancos venidos de Europa, negros traídos de África.  ¡Y era allí, en una de esas minúsculas madrigueras que él, Joseph, que poco tiempo atrás aún estaba en Paris, iba a tener un hijo!”

De las novelas de Simenon, que disto aun de haber leído todas, sin duda “Long Cours” debe ser una de las más logradas. Dentro de los cánones de la tragedia clásica griega, la novela moderna y el género “noir”, moviéndose cómodamente entre ellas, nos regala un relato sostenido que no decae ni un instante, lleno de matices, sugerencias estimulantes, intriga, sorpresa, afirmación. Un relato dentro del cual –para no abandonar el tema marítimo- navegamos con confianza y el placer indescriptible de sabernos sumergidos en una fascinante travesía.