jueves, 13 de marzo de 2025

HUMOR Y GENIO

 


No hay ocasión en que se aborde seriamente el tema del humor, en que éste no conduzca a filosofar sobre esos sutiles filamentos que lo conectan con nuestra más profunda interioridad, con nuestra alma y nuestra condición humana.  Las reflexiones más sombrías y descorazonadoras pueden –y de hecho lo hacen- aflorar antes o después de las situaciones más hilarantes, y coexistir con ellas. Y también se da a la inversa, que lo que consideramos terminal y trágico, venga sucedido de un pensamiento cómico irreprimible, que a veces nos coloca en una situación embarazosa. Una prueba de ello es el humor negro, aunque en realidad si nos ponemos acuciosos, podríamos comprobar que toda nuestra vida esta signada por esa dualidad, (la máscara de dos caras) sólo que algunos nacen más dotados para poner su acento vital sobre la comedia y otros sobre la tragedia. En eso, creo yo, se basa la diferencia fundamental entre los seres humanos. Tener la facultad de encontrar el lado risible de cualquier hecho dota a la persona que la posee, de un arma poderosa para afrontar la misma existencia que desde el lado de la tragedia, asume como una penitencia y un encadenamiento infinito de sufrimientos, el que no la posee.

Y aunque el humor del siglo XXI ha perdido la inocencia y la capacidad de sorprender que tuvo en la época dorada de Buster Keaton, Charlie Chaplin y los Hermanos Marx, para solo nombrar a los famosos, cuando uno los observa hoy en día acusa de inmediato la recepción de una señal imperecedera: algo ha permanecido allí, inmutable en el tiempo, eternamente conectado a “lo que nos hace reír hasta las lágrimas”, cuya esencia sigue siendo un enigma, un misterio inexpugnable que ojalá nunca sea desentrañado, porque pienso que  el hombre de hoy necesita de enigmas y misterios sin descifrar que sirvan de anclaje, de escudo humano contra  el artificio que pretende sustituirnos como especie. ¿Y qué puede defendernos más eficazmente que atesorar el secreto de la risa y conservar para nosotros el misterio del mecanismo que activa sus resortes y su impulso?

Paul Auster establece esa conexión en sus memorias. Con la eficacia característica de su estilo, nos abre esa línea paralela entre lo trágico y lo cómico, que le sirve de reflexión sobre su propia existencia. El punto de apoyo está en la descripción de las sensaciones que suscitaron en él las películas de Stanley Laurel y Oliver Hardy, más conocidos como el “Gordo y el Flaco”

Dice Auster:

“Esas mórbidas cavilaciones constituían una parte de las cosas desagradables que marcaron esa etapa entre sus seis y ocho años, pero también había cosas agradables, como ese programa de televisión de cuatro a cinco y media de la tarde en Canal 11, después de la escuela. 90 minutos (contando la publicidad) de antiguos films de Laurel y Hardy, que se le revelaron como los mejores, los más divertidos y agradables que hayan podido filmarse jamás. Se trataba de una nueva emisión lanzada en el otoño anterior, que Ferguson (es decir, Auster) encuentra casualmente una tarde de octubre. Él lo ignoraba todo de ese viejo tándem de cómicos, en la medida en que Laurel y Hardy habían sido ampliamente olvidados en 1955, sus películas de los años 20 y 30 ya no se exhibían y fue gracias a la televisión que comenzaron a interesar de nuevo al público joven de la gran metrópoli (se refiere a Nueva York, donde entonces vivía Auster). ¿Cómo llego Ferguson a adorar esos dos idiotas, a esos adultos que tenían la mente de dos niños de seis años desbordantes de entusiasmo y de buena voluntad, siempre peleándose o mofándose el uno del otro, implicándose en las situaciones más improbables y peligrosas, sea a punto de ahogarse, o al borde de una explosión, golpeados y luego aquejados de amnesia, pero logrando a pesar de todo sobrevivir? Pareja desafortunada, conspiradores lamentables, eternos perdedores que, a pesar de todos los puñetazos, los pellizcos y las patadas que se propinaban entre sí, seguían siendo los mejores amigos del mundo, más estrechamente unidos el uno al otro que cualquier otra pareja del Libro de la vida terrestre, cada uno de ellos formando la mitad de un solo organismo humano de dos caras. El Señor Laurel y el Señor Hardy. La idea de que esos eran los verdaderos nombres de dos personas reales que representabas las personas imaginarias de Laurel y Hardy en las películas, le encantaba a Ferguson, ya que Laurel y Hardy seguían siendo Laurel y Hardy en todas las situaciones en las que se encontraran,  vivieran en América o en cualquier otro país, en el pasado o en el presente, que sean cargadores en una mudanza, vendedores de pescado o de pinos de Navidad, marinos, convictos, carpinteros, músicos callejeros, mozos de cuadra o predicadores en el lejano Oeste, el hecho de que siempre permanecieran siendo los mismos aun siendo diferentes, los hacia devenir más reales que ningún otro personaje del cine, ya que si Laurel y Hardy seguían siendo siempre Laurel y Hardy, se decía Ferguson,  eso significaba que eran eternos.

Ellos fueron sus mejores y más fieles acompañantes durante todo ese año y buena parte del siguiente (….) Stanley y Oliver, alias Stan y Ollie, el gordo y el flaco, el estúpido inocente y el tonto imbuido de sí mismo, que en definitiva no era menos estúpido que el otro. (..) “Lo que amaba Ferguson por encima de todo, eran los elementos fundamentales que no cambiaban en nada de una película a otra, para comenzar, la canción sincopada que anunciaba el regreso de los dos tipos, listos para una nueva aventura…  ¿qué iban a hacer esta vez? La mímica ya familiar de la cual Ferguson no se cansaba jamás: Ollie ajustando su corbata y lanzando miradas exasperadas a la cámara, los guiños de ojo desconcertados de Stanley, los sombreros aplastados y los sombreros quemados, los sombreros hundidos hasta las orejas y los sombreros pateados. Ferguson amaba su propensión a caer por las alcantarillas, a meter los pies en el fango, a hundirse hasta el cuello en el mar, su ineptitud para poner en marcha un automóvil, o servirse de una escalera , hacer funcionar un horno a gas, o un artefacto eléctrico; el refinamiento fanfarrón de Ollie cuando se dirigía a un extranjero “He aquí mi amigo, el Señor Laurel” , el absurdo talento de Stan para hacer fuego con su pulgar y de extraer humo de una pipa imaginaria, sus crisis incontrolables de risa, su manía de lanzarse a dar pasos de baile improvisados (pero siempre ágiles) y sobre todo, el perfecto entendimiento que surgía entre ambos en cuanto se trataba de atacar un adversario, toda disputa y toda discordia olvidada cuando unían sus fuerzas para saquear la casa de un enemigo o demoler su automóvil, pero también las variaciones de sus personalidades y la manera como a veces sus identidades se desbordaban (se salían de sí mismas) e incluso cambiaban completamente, como en un episodio donde Ollie masajea el pie de Stan pensando que es el suyo y suspira de alivio y de placer,  y esa manera ingeniosa que ambos tenían de multiplicarse, como cuando Stan y Ollie adultos, se ocupan de sus bebés,  el pequeño Stan y el pequeño Ollie que eran réplicas en miniatura de sus padres, porque Stanley y Hardy actuaban ellos mismos todos los roles; o la vez cuando Stan está casado con una versión femenina de Ollie y Ollie casado con una versión femenina de Stan, o la vez que encontraron a sus hermanos gemelos perdidos de vista desde hacía mucho tiempo y que se llamaban, naturalmente, Laurel y Hardy, o el mejor de todos los gags, cuando hubo un problema con una transfusión sanguínea y al final de la película Stan se encuentra con que tiene el bigote y la voz de Ollie y Hardy encontrando que tenía la cara lampiña, se ponía a dar alaridos como Laurel.  

Y aquí Auster introduce la otra cara de la máscara, la que acentúa la importancia del lado opuesto, sin la cual ni la una ni la otra serian comprensibles. Dice Auster:

“Pero más que sus payasadas, lo que Ferguson admiraba en ellos era su perseverancia, porque en ese aspecto se reconocía en ellos. Los combates de Laurel y Hardy no eran muy diferentes a los suyos; ellos también erraban de un plan mal concebido a otro, fracasaban continuamente y cuando, hartos de tanta mala suerte llegaban al punto de ruptura, la cólera de Hardy se volvía la suya y la estupefacción de Stanley también, y lo mejor era que en esa sucesión de fracasos que era su vida, Stanley y Hardy eran aún más incompetentes que él, más estúpidos, más tontos, más indefensos, pero era precisamente eso lo más gracioso, tan gracioso que lo hacia reír sin parar, aun cuando se compadecía de ellos, los consideraba sus hermanos, almas hermanas continuamente derrotados por la vida, sin dejar por ello no obstante, de levantarse para intentarlo nuevamente y armar otra estratagema tan desquiciada como las anteriores, que no tardaría en arrojarlos por tierra una vez más”.

3 comentarios:

  1. Hola Mariu , enjundioso tu escrito sobre el humor que todos nos ha acompañado en la vida con sus distintos humoristas o cómicos No puedo dejar de pensar en el humor político ha predominado también y ahora no se sé si con más fuerza en la caricatura política . Por cierto de niña disfrute mucho del gordo Yelp flaco , Laurel y Hardy . Ya en los 80 disfrute también del británico Mr Bean con su fijo humor mudo . También nuestros cómicos locales que no por hacer nuestro humor criollo dejan de ser geniales . Una vez saque 20 en literatura con un ensayo sobre el nocturno y la arepa de Aquiles Naxos . No recuerdo que escribí entonces ! Jaja

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    1. Hola Ale, gracias por tus comentarios tan pertinentes, es cierto, el humor abarca todo lo humano y que seria de nosotros sin él, no puedo imaginarme la existencia experimentando solo un lado de ella, el tenebroso. En nuestros paises tuvimos y tenemos muy buenos humoristas, incluidos los que se han dedicado al humor politico, que comparten con sus companeros de oficio regados por el mundo un sutil lenguaje comun, cargado de finura e ironia, sin lo cual no seria humor, solo simple comicidad.. !honor a ellos!

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  2. Ale, no conozco ese texto de Aquiles Nazoa "El nocturno y la arepa" dónde está ? me refiero a en qué libro, en Humor y Amor?

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