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| BIBI |
ONCE AÑOS DE MEMORIAS
Parecías tan cómoda
tendida allí, con tus ojos cerrados y tu actitud de siempre, obediente y
fundamentosa. Tus manitas pequeñas entrelazadas sobre tu pecho, parecían querer
atesorar la dichosa paz que te inundaba. Uno pensaría que estabas ahí solo
porque necesitabas descansar un momento, hacer un alto en ese camino que
recorriste, donde desde pequeña ya te acompañaban la contención y el recato. Tu
rostro sereno había recobrado su fisonomía de niña aplicada y correcta. Tu
nariz, como un pequeño promontorio, parecía esculpida con delicadeza, como para
que sus finas aletas pudieran retener aún, tu aliento.
Detrás habían
quedado tus cosas. Tu orden. Nuestras cartas, que conservabas por amor, como si
ellas encarnaran ese lazo inefable que nos mantuviera unidos, recobraban el
resplandor de ese instante en que nos expresábamos con libertad y franqueza,
respondiendo a tu interés por nuestras vidas; instantes que tu habías atesorado
y que ahora se levantaban ante nosotros como testimonio de tiempos pasados. Al
leerlas sin tu presencia ellas adquirían un valor inusitado. Al confrontarnos con
lo que dijimos y con lo que fuimos, cobraban otro significado. Como si hubieras
querido ponernos un espejo delante, diciéndonos: “así eras, así fuiste, ésto
dijiste y aquí está la evidencia”. Evidencia que nos regocijaba y nos absolvía
sin juzgarnos. Pruebas palpables de nuestra pequeña historia común.
En otro cajón
se acumulaban pruebas de tus quehaceres, de tu vida disciplinada, documentos
que certificaban la rectitud de tu proceder ante los trámites
burocráticos. Tu decencia. Tu
apego a la rectitud insuflaba aliento a ese vocablo abiertamente ignorado
y en desuso. Encarnaste siempre la decencia de nuestros padres sin que nadie lo
resaltara, pero en tus actos se apreciaba el contraste entre la
integridad y la abyección, entre lo claro y lo oscuro, entre lo lineal y lo
torcido.
Esos documentos
de bancos, de compañías de seguros, de ministerios, a pesar de su frialdad, dejaban
entrever admiración. Desde el encabezado, tu nombre detallado ya anunciaba cierto esmero. Algunos te agradecían tu constancia, tu fidelidad y te ofrecían un
tratamiento distinguido y personal. A su
modo, testimoniaban tu vida en el ámbito de ese mundo reglado que necesitabas,
al que aspirabas y al que, en cierta forma, admirabas.
De algún modo
sabias que necesitabas un marco que contuviera tu alma apasionada. Te habitaba un amor dionisiaco por la vida,
pero nunca te dejaste avasallar. Tomabas lo que se desparramaba del cuerno de la
abundancia y disfrutabas con ingenuidad de los placeres sencillos de la vida, los asumías como
dones de la naturaleza que nos son dados.
Tu alma hacendosa
buscaba el entorno propicio, como un instrumento que intenta acordarse con otro
para producir una armonía, y lo encontraste fuera. Fuera de nuestro país, fuera
del seno familiar. Sabías que no podías llevártelo todo, pero decantaste la
esencia y la transportaste contigo. Te acomodaste en el nido de seguridad que tú
misma habías contribuido a formar con tenacidad y seriedad. El Universo mismo también se acomodó para
ofrecerte unos años de tranquilidad y un espacio donde comenzaste lentamente a
escuchar la melodía, el acorde armonioso que buscabas. La paz que refleja tu rostro
en el sepulcro, no puede ser más que la continuación en otra dimensión, de la que
ya te había alcanzado aquí en la tierra.
Te fuiste con
tu amor intacto por nosotros. No hubo desatino nuestro que te apartara de tu
devoción. Sin desmayo ni recelo, consagraste cada día tu existencia como
ofrenda ante el altar de tu amor filial.
Hoy solo
puedo decirte que tu entrega no ha sido en vano y florece incesante, regada por
tu recuerdo.


Gracias por esta descripción tan sensible y profunda de los valores de lo que ela, Bibi, represento y representa para nuestro núcleo familiar…. Agradezco a Dios por tu talento que no nos hace olvidar!
ResponderEliminarDe nada querida hermana! Era inevitable, ella sigue tan unida a nosotros que es imposible la separación o el olvido. Al contrario, creo que cada día se nos hace más presei
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