ES GENéTICO
Acabo de leer
un texto donde se afirma que lo que pasó en Venezuela con la irrupción de Trump
en la escena y la captura de Maduro, puede equiparase a lo que hicieron los
griegos cuando introdujeron su famoso Caballo en Troya. Como si el triunvirato Rodríguez-Cabello-Padrino
estuviera constituido por cándidos personajes, tan ingenuos como los troyanos,
y se hubieran dejado engañar con la promesa de un perdón a sus crímenes como
contra-oferta a la entrega de Maduro, Para nuestra sorpresa (la de los verdaderamente
ingenuos) lo que ocurrió fue la consumación de una alianza entre dos regímenes despóticos,
enemigos genéticos de la democracia.
No puedo explicarme
sino a nivel biológico, semejante alianza. El texto que alude al Caballo de
Troya atribuye toda la perversidad a Trump, que bien logró engañar al régimen
cuando lo que perseguía en realidad era “nuestro petróleo”. Como si los gringos
nunca antes de Trump le hubieran puesto la mano a nuestro petróleo. Como si el petróleo
hubiera sido una riqueza bien administrada por la dictadura en provecho del
pueblo venezolano, que solo a partir de la irrupción de Trump estuviera en
peligro. Parece el típico discurso de la izquierda global, solapada y tramposa.
Pero lo inexplicable persiste y hasta ahora no he encontrado ningún razonamiento, ningún análisis político ni psicológico que lo aclare, por lo que me veo forzada a acudir a lo genético. Forzosamente tiene que haber una tendencia natural al despotismo, que haga que el presidente (supuestamente electo) de la nación más poderosa del mundo, por añadidura un empresario voraz, que el único lenguaje que utiliza y entiende es el del arrebato, le haya puesto el ojo a nuestro petróleo en particular, habiendo tanto en el Mar del Norte a su disposición, e inclusive en otros países igualmente abiertos al negocio, como la misma Colombia, tan cercana.
Eso en el caso de Trump, porque en el nuestro,
las dictaduras son cosa de todos los días, propias y consustanciales a nuestra
historia. La dictadura venezolana ya estaba cómodamente instalada en el poder desde
hace casi tres décadas y se encontraba en un momento político donde
internamente no tenía nada que temer. Se
había deshecho de Maria Corina y había comprado (barato) al resto de los líderes
de la oposición, todos enchufados. Y podía
dedicarse cómodamente a su negocio favorito, el narco (y el oro) tráfico. Todo
bajo control.
Y entonces, ocho
millones de venezolanos emigrados después y encontrándonos más huérfanos que nunca,
apareció Trump. Nuestro Salvador ( que algunos llegaron a llamar y a dibujar
como el nuevo Libertador) y adquirió nueva vida la leyenda que nos
hizo creer a los ingenuos que la Gran Nación del Norte, ejemplo de Democracia y
Escudo Defensor del Mundo Libre, al
intervenir en Venezuela iba a poner los puntos sobre las ies, arrestar a los
criminales a cuyas cabezas él mismo les habían puesto precio ( en $$$) e
iba a implantar las medidas necesarias para una transición y el retorno a la
democracia y a la libertad.
El resto ya
es historia conocida, la que estamos sufriendo actualmente. Trump y la
dictadura de los Rodríguez establecieron una alianza entre los enemigos acérrimos
de la democracia que son, y firmaron el contrato más jugoso que puede
concebirse: impunidad para los jerarcas del régimen. Bolsillos repletos para
Trump.
A la sorpresa
de comprobar que pasaban los días y los meses y la dictadura no solo seguía sin
cumplir casi ninguna de las supuestas “condiciones” exigidas por Estados Unidos
para permanecer en el poder, sino que parecía más a sus anchas que antes, se sumó
la consternacion de comprobar la abierta animadversión de Trump hacia Maria Corina
Machado, manifestada reiteradamente, sin tapujos, como es su estilo habitual, lo
que levantó severas preocupaciones y sospechas.
Solo la posesión
de un gen profundamente totalitario, de origen instintivo y primario en Trump y
en los criminales que nos oprimen, explica al menos a ese nivel, por qué Trump prefirió
hacer negocios con el régimen dictatorial, antes que apoyar a Maria Corina, apresar a los culpables y llevarlos a juicio,
limpiar de mafias criminales al país, ayudar al restablecimiento de la
democracia, y entonces, si,
comercializar todo el petróleo que le hubiera dado la gana, bajo las
reglas del negocio y pagando impuestos al fisco nacional, porque Maria Corina
se lo había ofrecido abiertamente, a cambio de su apoyo para ser la próxima presidente
de Venezuela. Nada se lo hubiera impedido y de paso, hubiera podido adecentar
su mala imagen y colocar de nuevo a su país como líder democrático de las
naciones occidentales, en un momento de la historia en que el planeta lo
necesita más que nunca.
Pero nada es
definitivo y esta historia continuará…


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