viernes, 16 de octubre de 2026

LA HISTORIA EN CÍRCULOS

 

Bombardeos sobre Caracas, enero 2026

La segunda y última parte de la serie «Cien Años de Soledad” (Netflix) nos ofrece una realización extraordinaria.  No hay desperdicio: las imágenes subyugan por su equilibrio y bien lograda teatralidad, las actuaciones magnificas y convincentes y toda la puesta en escena revelan un admirable dominio del saber hacer en cine. La historia, contada en off se va colando en la narración visual en el momento preciso, como una reflexión cargada de gracia, profundidad y poesía que acompaña las imágenes y nos hace participar no tanto de la historia en sí misma, sino de la esencia que respira a través de ella, en la que encontramos a veces con orgullo, a veces con alegría y otras con tristeza o amargura, la hermandad caribeña que nos une. El universo garciamarquiano ha sido, a mi entender, profundamente bien captado y se nos va desvelando desde el primer instante como un lazo genético.  Vivimos como comunes las situaciones excesivas, fantasiosas y hasta extravagantes, que dan sentido a lo “Real Maravilloso” alegoría con la que alguna vez se nos quiso describir, y que a estas alturas seguimos aceptando -con reservas- como una bella ilusión de la que un día despertamos sin saber cómo, ni cuándo, ni por qué.

Sí, porque la epopeya de Macondo, colmada de prodigios, encantamientos y premoniciones que se hacen realidad a medida que se cumple el destino del pueblo y de cuatro generaciones de Buendia, como lo profetizaba Melquiades, quedó sepultada para siempre junto al propio pueblo en la historia, en la ficción y en la literatura latinoamericana, tan sepultado como el propio boom.  Y como nuestras ilusiones.

Y aunque la magnificencia y belleza de la serie parecen evidenciar su vigencia, creo que más bien confirman la extinción definitiva de una época que pasó y que ya no nos define. Porque Latinoamérica ya no es lo que una vez se nos dijo que éramos.  No queda entre nosotros lugar para el asombro y nuestra pretendida realidad maravillosa esgrimida como acta de nacimiento y asiento natural del absurdo, se ha transformado en una morisqueta que ya no nos sirve de consuelo.  Dimos la vuelta en círculo a la historia y ahora volvemos a ser el patio trasero de los nuevos imperios (o del mismo de siempre) y el mismo territorio indefenso, siempre en subasta pública.

La circularidad de mi propio pensamiento me llevó desde la matanza de los trabajadores de las plantaciones bananeras de la United Fruit Company, hasta los recientes sucesos en Venezuela. 

En la novela (y en la serie) solo con negarla, la matanza termina siendo un hecho que nunca ocurrió y que dejó de ser real para convertirse en una fantasía más surgida de la mente alucinada de José Arcadio Buendia.

En Venezuela el acuerdo petrolero firmado entre Trump y la dictadura rodriguista pareciera la encarnación de una pesadilla, o la versión real de un hecho literario. Con la misma malsana perfidia mezcla lo real con lo alucinante, lo innegable con lo inexplicable, lo factual con lo increíble. Los hechos indican que el acuerdo de explotación de las reservas petroleras de Venezuela por los próximos cien años a manos de Trump, al parecer han sellado el futuro del país - un futuro que estabiliza la dictadura actual mientras la riqueza petrolera es administrada por los Estados Unidos.  

Lo ocurrido en Venezuela podría encajar en la clásica literatura del boom, pero en clave de pesadilla, por extraordinario, inédito, inaudito e inexplicable. Una dictadura que hace apenas unos meses parecía tener sus días contados y encontrarse a la merced de la nación más poderosa del planeta, no solo aún permanece intacta, sino que ha sido reforzada en el poder por sus previsibles verdugos

Así como de tanto negarla, con el tiempo la gente de Macondo olvidó la matanza, ahora la jerarquía rodriguista en el poder emprende con vigor la re-elaboración del nuevo relato negacionista. No hubo fraude en todas y cada una de las elecciones ganadas por el gobierno, no quedan varios centenares de presos políticos por liberar, no hay desaparecidos, muertos y torturados, no hay exilio de líderes opositores ni destrucción de la economía. No hay hambre y la falta de electricidad no es su culpa, ellos son víctimas de un continuo sabotaje de la oposición. No ha pasado nada. La pesadilla es narrada por una sola voz que sustituye la realidad factual por un hecho que poco a poco va adquiriendo visos de alucinación colectiva y la población inerme termina acomodándose a la versión oficial para sobrevivir.

Y es que la historia describe varios círculos que a veces se entrelazan no tan caprichosamente como parece a simple vista. Después de la captura de Maduro los que siguen esperando en vano la liberación de sus familiares presos han debido soportar a Trump vociferando que en Venezuela “la gente es feliz y baila en las calles”

Para hacer más absurdo el absurdo, nuestro relato tampoco nos pertenece, porque ha sido Trump quien ha venido a revertir la narración, colocando a los personajes donde estaban al comienzo, como si pretendiera restituir a Mr. Brown (el Director de la United en Colombia) o a Mr. Danger, el gringo galleguiano de Doña Bárbara, en sus roles de capataces al servicio del lucro, único objetivo de las compañías que representan.  La actuación de Trump pone en evidencia que ese objetivo no se ha desplazado un milímetro desde los inicios del Imperio y que los Mr. Brown y los Mr. Danger se han revestido con nuevos ropajes, pero siguen desempeñando el mismo papel en la obra.  Para nosotros los desengañados de la izquierda política, el circulo de la historia parece cerrarse y nos encontramos como al principio: odiando a USA y culpándola de todos nuestros males.

 En todo caso lo que parece quedar claro es que esta confrontación de relatos engañosos desafía (y hasta ahora lo ha hecho con extrema eficacia) todo análisis predictivo que se realice bajo las actuales condiciones sometidas a la extrema volatilidad de los caprichos de Trump que pueden trastocar en cualquier momento las variables que rigen la geopolítica. Pareciera que el absurdo que nos caracteriza y nos define continuara determinando nuestra realidad y nuestra historia