EL ORIGEN DEL ODIO
Lo que viene
a continuación son fragmentos de lecturas que fui ensamblando a raíz del atentado
terrorista yihadista en la discoteca Bataclan, restaurantes adyacentes, y en el
estadio de futbol St. Denis, en Paris, en noviembre de 2015. En enero de ese
mismo año ya el terrorismo islámico había perpetrado la masacre contra los
periodistas del semanario satírico “Charlie Hebdo” (doce muertos y once
heridos). Para la fecha del atentado de noviembre, me encontraba de vacaciones
en Francia, y en ese entonces, en busca de explicaciones que sobrepasaran la
noticia y extendieran el análisis hacia las raíces del odio, (no hay que
olvidar que las masacres fueron cometidas en nombre de “Alá” y contra los
“infieles”) leí todo, o casi todo, lo que fue apareciendo, tratando de filtrar
aquello que pusiera efectivamente, el dedo en la llaga del problema. En cuanto
a los análisis, ocupó los primeros lugares de la atención mundial, la tesis del
“choque de civilizaciones” y el examen detenido de las implicaciones del
fanatismo religioso (cualquier fanatismo, pero en este caso concreto, del musulmán),
para la sociedad occidental. En algún
momento de mi búsqueda, encontré este pequeño recuento histórico, que copié en
notas rápidas, y completé después con otros datos, y que habían quedado
guardadas en un cajón, entre otros papeles. No tratan sobre el hecho. En ellas
no hay ni la más mínima alusión a la contemporaneidad. Las expongo ahora solo
porque, aunque no sea de “actualidad” me parece que este resumen revela el
papel que ha jugado la manipulación de la historia y de las ideas por quienes
han estado en capacidad de hacerlo, cómo estas manipulaciones han determinado
el curso de los procesos sociales, y con
ellos, las vidas de millones de seres humanos, y cómo todo ello se expresa, de manera
notable, en la esfera religiosa, con la incontrolable amplitud de su radio de
acción y su poderosa influencia en el ámbito de las creencias.
Dice así:
Aunque pueda
sorprender, la figura de Jesús aparece mencionada más veces en el Corán, que la
de Mahoma. La ultima Revelación
reconocida por el Corán, es la de Jesús, identificado como el profeta más
importante de su tiempo, incluso más que Mahoma, a quien precede. La
importancia de Jesús en el Corán, se debe a: 1) A su nacimiento “original”. El
Corán lo equipara a Adán, y ese hecho constituye una prueba de la existencia de
Dios. 2) En el Corán, Jesús es considerado como “El Espíritu de Dios”. Quiere
decir que solo le pertenece a él. Ningún otro profeta es poseedor de ese
espíritu. El Corán admite la excepcionalidad de la Misión de Jesús, su
nacimiento y su trayectoria. Hay una exaltación de su persona. Se admite que es
el “Mesías” (en el sentido cristiano, no en el sentido judío) lo llama Masih que, en su origen, es un término
hebreo. El Corán exalta su Misión entre sus seguidores y lo considera el
“portador de una nueva legislación, una nueva ley, una reforma religiosa”.
Admite la noción de “logos” que existe en el Evangelio de Jesús, traducida al
árabe como “El Verbo” “Kalima” “Dios”, y afirma con fuerza que “El Mesías no es
el Hijo de Dios, sino “El Verbo” de Dios, venido del “Soplo” (Ruh): “El Espíritu de Dios”. El espíritu
puede crear todo lo que quiera. como creó a Adán, a partir de la “nada”.
En el Corán,
la importancia de Mahoma se reduce a transmitir la Revelación de Jesús, ultimo
enviado de Alá antes de Mahoma. En el Corán, Jesús es considerado un personaje
fuera de lo común, inesperado en lo que conocemos como la tradición musulmana.
Particularmente en el recuéil de Hadith,
(que describe las palabras, los hechos, los gestos del profeta Mahoma y sus
acompañantes y tiene por objeto explicar e interpretar ciertos pasajes
coránicos) Jesús desempeña un rol excepcional. Sus palabras se ponen por escrito,
y en esos textos inclusive, Jesús, en el escenario del “Fin de los Tiempos” y
el triunfo del islam, desempeña un rol excepcional, 200 años después del Corán.
Un dato
curioso es que en el Hadith (que, a
los efectos, es una reinterpretación del Corán), la descripción física de
Jesús, por ejemplo, (sus cabellos, su belleza, su allure, su gracia) está muy presente, no así en el Corán. Por lo
tanto, hay que diferenciar al Jesús del Corán y al Jesús de la literatura de la
tradición musulmana. En el Hadith no se tocan ni se describen por
igual los hechos de Jesús, entre ellos la Crucifixión, que se menciona en el
Corán (versículo 157 de la saurate 4)(1) Sin embargo, el anuncio de Jesús de que regresara a eliminar el Anticristo si
aparece, y se retoma varias veces
En el Hadith
(Al Bukhari y Muslim) hay un acercamiento a la idea de que es Jesús quien juzga
al Mundo al final de los Tiempos y quien restablecerá la “Justicia”. En
palabras del profeta Mahoma: ‘El regreso de Jesús, hijo de Maria, es inminente.
Sera un árbitro justo, pondrá fin a la guerra y prodigará tantos bienes que nadie aspirará a más”
Otras
versiones reforzaran aún más estas profecías (Bukhari 22.22, 34.38); Muslim
155). Estas afirmaciones fueron recuperadas de la tradición oral, pero no aparecen en el Corán. El Hadith del Fin del Mundo o Fin de los
Tiempos existe en el cuerpo canónico sunita y también en el cuerpo
apócrifo, y no se reduce a acotaciones marginales, sino que aparece bajo
multitud de formas y variantes, como, por ejemplo, en los sueños del profeta.
En estos, él se encuentra en La Meca “ve a Jesús y al Anticristo. Hay dos
campos: el Bien y el Mal. Jesús triunfa sobre el Mal, y con él, el Islam”
En estos
Hadith, Jesús es asociado al Islam. No se afirma que sea musulmán, pero sí
defensor del Islam. En los Hadith, el triunfo del Islam está vinculado a lo
material. Cuando se afirma que “Jesus
repartirá bienes hasta que ya no quieran más”, se habla de una recompensa material a sus seguidores.
Según ellos
“cuando Jesús regresa del jardín de los Olivos “aterriza” en la Gran Mezquita
de Damas. En estos textos, no es Mahoma quien regresa al Final de los Tiempos,
sino Jesús.
Mahoma
permanece enterrado en Medina hasta su resurrección. Jesús está vivo en el Paraíso.
En los textos
Islámicos, Jesús acabará con el
Anticristo, y a continuación habrá actos espectaculares contra los judíos y los
cristianos, a fin de que el Islam sea la única religión mundial. Todos
estos escenarios están en la literatura islámica. Pero no en el Corán. (2)
Aunque Jesús
es esencial en los textos islámicos, desde el comienzo es una figura que se
opone tanto a los judíos como a los cristianos. En estos textos (Sourate 4)
Mahoma hace un relato de la crucifixión muy diferente al de los Evangelios
cristianos.
Según Mahoma
los judíos reivindican la muerte de Jesús: “Hemos matado al Mesías Jesús, Hijo
de Maria, enviado de Dios. Pero no lo hemos matado ni crucificado. A ellos les
ha parecido así, quienes están en desacuerdo tienen su opinión, no tienen la
certeza, no siguen sino una conjetura.
Ellos
realmente no lo mataron, pero Dios lo llevo hacia Él. Dios es poderoso y sabio”
En este
pasaje, al decir “ellos”, Mahoma se refiere a los judíos de Medina, quienes han
sellado un pacto con Jesús, un pacto irrevocable, y sin embargo, lo han hecho
(traicionado). El texto dice “no lo han crucificado”.
La aparente
ambigüedad está en la palabra shubiha (lo
aparente) y ha estado en el centro de las controversias hasta nuestros días.
Los judíos en
los textos islámicos son llamados “el pueblo de la escritura” lo que podría
significar también “De las Escrituras”
(1)
Sourate: Nombre asignado a las
divisiones del Corán, no en orden cronológico, sino en función de su extensión.
La sourate 4 es conocida como “La Mujer”
(2) Manuscrito del Coran del Siglo I. I. VIII


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