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| Dorothea Tanning "Cauchemar" |
LOS OJOS DE ALEJANDRO
Los ojos de Alejandro
El Magno
se entrecerraron ante el fulgor
del oro, la plata y
el alabastro
Intentaron en vano descrifrar el decorado
de las alfombras
Nombrar aromas vírgenes
Preferir un adorno, o un mueble
El olor fragante de la mirra
inflamó su pecho
..................
Era la corte del vencido
Rey Darío de Persia
Era el Salón de sus tesoros
Conquistado
Sus pies se hallaban sobre tierra
y polvo de dos siglos.
..................
Desde los aquemenides, la Historia
no habia cesado de aposentarse
sobre rios de nácar
plumas de aves
innombradas
dátiles ambarinos
palmeras y
arenas sutiles como
vapores incandescentes
Tambien sobre sangre y sufrimiento
..................
Aullidos de dolor
de la torturada Gaza
se escucharon bajo su
Dominio
Un canto desgarrado se
alzaba bajo su planta
invencible
El eco de ese coro resuena
Todavía
................
Alejandro
El Magno
vivía en vida su propia
Leyenda, como
Aquiles
Y podía ser épico, cruel o
Magnánimo
como el Héroe
que, habiendo ganado
el Ganges, respiraba aún entre
las paginas de su infancia
esperando ser atesoradas
en el cofre de Darío
...................
Alejandro
El Magno
con sus ojos de fuego
se miraba a si mismo y sabía.
Sabía que sus pies, alados
como los de Aquiles
no se habian detenido al
final del camino
Que la planicie del mundo
No terminaba allí
donde ahora miraban
sus ojos
Que habia otros confines
Que era preciso llegar hasta
Hindu Kush
la montaña donde Aristoteles
su Maestro
le habia asegurado que se encontraba el borde
del Mundo
Alli sus ojos
verían al fin derramarse
la cascada del inmenso océano
hacia el abismo infinito
Hacia la Nada aristotélica
(o tal vez sartriana)
..................
La ambición alejandrina
no conocía límites
Su alma
Poseida por Pothos
deseaba alcanzar lo ausente
Era preciso
comprobar que
el mundo estaba a su altura
Que era tan magno
como él
..................
Los ojos de Alejandro nunca
contemplaron el borde
del mundo. Tampoco
llegó a saber que fue nombrado
El Maldito
por los seguidores de Zoroastro
La maldición fue pronunciada sobre
las brasas de la Biblioteca
incendiada bajo su orden
En la memoria de aquel fuego
yace para la eternidad el
Avesta Sagrado
Alma claroscura
Leyenda
Ficción
Historia
Presencia
Olvido
Los ojos de Alejandro
El Magno
guardan el secreto


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