martes, 12 de marzo de 2024

ELOGIO DEL OCIO


ELOGIO DEL OCIO

                                                                    Maria Eugenia Sánchez

                                                                                        Marzo 2024

Nombré "Hallazgos del ocio" a este Cajón de Sastre donde dejo caer mis ocurrencias, porque en aquel momento recordé la famosa frase de Baudelaire, sobre la imaginación y “el ocio creativo”. Pero entonces no recordé que hace poco tiempo, gracias a una revista digital española: “El Vuelo de la lechuza” descubrí a un ser fascinante: Nicolás Gómez Dávila (Bogotá, 1913-1994) uno de los filósofos colombianos más reputados del S. XX, en su país y en el exterior, traducido a varias lenguas.

Gómez Dávila dedicó su vida “a un pensar febril” y sin duda, su mente fue capaz de decantar un pensamiento propio, de resonancias profundamente humanistas y de dejar aportaciones singulares a la corriente filosófica universal.

Fue un firme defensor del ocio. Lo consideraba indispensable para la maduración de los frutos del intelecto. Y nadie mejor que él para afirmarlo, debido a que llevaba una existencia “ociosa”. O, mejor dicho, “ociosamente productiva” Decía, por ejemplo: “La creación es un atributo Divino que justifica al creador, pero que solo puede emerger del ocio. Para crear es preciso contemplar, meditar, reflexionar”

Esta defensa del ocio no puede interpretarse como una invitación a tomar la vida como un perpetuo vagar, en espera de que la simple “desocupación” nos aporte la inspiración para crear una obra artística o intelectual. Al contrario, concibe y propone el ejercicio del ocio como un valor que opone a la sociedad de comienzos de siglo, que observa, analiza y critica duramente: “En la dinámica capitalista actual, en el desenfreno técnico que llamamos “progreso” no es concebible el ocio creativo. En su lugar lo que existe es una falsa válvula para la sociedad de consumo que nos empuja al trabajo diario, que concede unos pocos días de descanso, y luego se reinicia la labor a la manera de Sísifo. El ocio creativo ha sido sustituido por el entretenimiento”

En este sentido, afirma que “el hombre (actual) no debe su experiencia vital al tipo de vida que lleva diariamente, sino a las horas de ocio que ésta le deja”

Desarrolló y defendió ardorosamente la idea de que solo el ejercicio del ocio permitía alcanzar el esplendor de la inteligencia: “la inteligencia es una Patria. La mente es una catedral, y su luz es la inteligencia.

El disfrute consciente del ocio permite el florecimiento de la inteligencia, pero siempre que esté ligada al disfrute de nuestra sensualidad, entendida ésta no como la búsqueda de placeres superficiales y efímeros, sino de abrir nuestros sentidos para que el mundo sensorial nos penetre.

“La ociosidad como tal, no es la madre de ningún vicio, al contrario, se trata de una vida ciertamente Divina”

“La inteligencia actúa por reflejos. Necesita disparadores, vida, pulsiones. “La inteligencia brilla allí donde la realidad abre una herida” 

Penetrando profundamente en el verdadero sentido del placer, y negando de lo que comúnmente entendemos por él, afirma: “La sensualidad sin inteligencia queda inconclusa, trunca, ciega” Haciéndonos ver que todo lo que nos penetra a través de los sentidos, será vano, superfluo, y no dejará huellas en nosotros, a menos que lo incorporemos a nuestro ser a través de la inteligencia.

La vida misma es la primera fuente de placer y para vivirla a plenitud es necesario estar consciente de ella

“Imposible me sería vivir sin lucidez”

“Cuando la inteligencia y la sensualidad coinciden, se da un equilibrio donde el placer perfecto no es más que el conocimiento perfecto” El desarrollo de este pensamiento lo lleva a esta atrevida sentencia:

“La fórmula filosófica perfecta no puede ser otra que una “metafísica sensual”

Gómez Dávila dedicó su vida, como ya he mencionado, a “pensar” pero publicó poco, apenas cinco ensayos (1). Mientras más profundizaba en su pensamiento, más se convencía de que la expresión de la esencia humana no necesitaba de grandes establecimientos, declaraciones, principios ni doctrinas. Parecía que, paradójicamente, mientras más pensaba, más reparos le hacía al pensamiento tal como ha sido configurado y transmitido para el conocimiento de la humanidad.  Esto lo conduce a una “sana desconfianza frente a las grandes construcciones intelectuales”

Se le critica a Gómez Dávila su pensamiento aristocrático, de derechas, por ser un firme defensor de la tradición (en el sentido de herencia socio-cultural) como factor de equilibrio para la convivencia humana. En realidad, su pensamiento va mucho más allá de esa clasificación. Estudió y reflexionó sobre el legado del pensamiento filosófico en todas las etapas de la humanidad, y formula criticas profundas a la sociedad occidental, diciendo que la humanidad nunca ha alcanzado realmente la civilización, y menos en la actualidad, pues el desarrollo económico, industrial y tecnológico capitalista está lejos de constituir una civilización. De las etapas históricas de la humanidad concluye que “la Edad Media fue el último exponente de una realidad equilibrada y estable”

“Después de la Revolución Industrial, no ha existido ninguna civilización. El clasicismo griego y la tradición occidental ocupan el pasado”

Refiriéndose a la sociedad de su tiempo, considera que la pérdida de la tradición es nefasta para la convivencia humana: “cuando el respeto a la tradición perece, la sociedad, en su incesante afán de renovarse, se consume frenéticamente a sí misma”

En cuanto al Socialismo, afirmaba simplemente “El Socialismo es la filosofía de la culpabilidad ajena”

De las Revoluciones decía: “Al estallar una revolución, los apetitos se ponen al servicio de Ideales. Al triunfar la revolución, los ideales se ponen al servicio de los apetitos”

 

“Nuestros odios son la medida de nuestro rango”

Llevando al extremo su desconfianza en el futuro que le espera a una humanidad descontrolada y sin asideros morales, propone “Solo una cosmovisión parece salvarse: La aristocracia liberal” (la cual, dicho sea de paso, va de la mano de la “Metafísica sensual”) en esta especie de Republica Gómezdaviliana, donde las bajas pasiones del hombre en un sentido individual y social, han quedado dominadas por el ejercicio inteligente del ocio.  

En realidad, más que a pensar, Gómez Dávila se dedicó a “perseguir interrogantes existenciales” Su instrumento fue el escolio -una suerte de aforismo- y precisamente, es el título que lleva uno de sus libros “Escolios a un texto implícito” (1977)

Estaba convencido de que el exceso de palabras perjudica la expresión del pensamiento, y buscaba obsesivamente esa depuración, ese “fragmento” que fuera capaz de sintetizarlo todo.

Enemistado con el “Principio de autoridad aristotélica” desconfiaba de las condensaciones de saber acumulado:

“en filosofía, lo que no es fragmento es una estafa”

Su deseo era otro: “mi ambición es decir en diez frases lo que otros dicen en un libro” porque “carezco de opiniones. Solo tengo buenas ideas, transitorias y fugaces”

Lo que Gómez Dávila llama “unas pocas ideas” son en realidad, el fruto decantado de una vida dedicada a la lectura y a la reflexión sobre lo leído:

 

“La lectura, bien entendida, compromete, o no es lectura”

 

Sin la filosofía, la vida sería inconcebible:

“La filosofía es el pilar fundamental que permite al hombre soportar esa realidad incongruente y por momentos, mortífera”  

Sin embargo, la dedicación al pensamiento no viene exenta de la angustia y el tormento que se desprenden del simple hecho de vivir lúcidamente, y ser testigo de los abismos que circundan a una humanidad desorientada.

“Qué hacer de todo lo que me seduce”

“¿Cómo vivir entregado a la sola tarea de vivir”?

“La lucha del espíritu crítico es con el mundo, con lo prosaico del existir constantemente. Porque lo terrible no es existir, sino existir constantemente”

“Toda la habilidad del Mal esta en transformarse en ese dios doméstico y discreto, cuya presencia ya no inquieta”

 

 

(1)           Nicolás Gómez Dávila: “Notas” (1954. “Textos I” (1959) “Escolios a un texto implícito” (1977). “Nuevos” (1986) “Sucesivos” (1992)  


1 comentario: