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| El avaro. Aguafuerte. SXV |
AL FINAL EL
CRIMEN NO PAGA
Hacer notar
la incongruencia de ver sentados en la misma mesa a los buscados por la Justicia
y a sus perseguidores, no estableciendo las reglas de su rendición, sino como socios,
cómplices en trance de repartirse el botín, es a estas alturas llover sobre
mojado. En Venezuela y en el mundo, escritores,
periodistas, analistas políticos e influencers
se jalan los pelos intentando darle un sentido racional a esa grosería
exhibicionista, a esa bofetada universal a la decencia, a la moral y a la lógica
más elemental.
Dentro del
marco de la vileza, la cobardía y la ignominia de este régimen, uno puede explicarse
la contentura del Odiado Cabello y de
los hermanos Rodríguez de saberse convidados al festín, codeándose con los
representantes actualmente más importantes del hasta hace poco odiado “Imperio”
y tuteándose con ellos en medio de sonrisas de complicidad. A eso uno puede darle contexto.
A lo que uno
no puede llegar ejercitando la razón y la lógica, es a comprender las
motivaciones de Trump, a menos que las transfiera al campo de la psiquiatría,
propuesta que por otra parte ya está bien avanzada en los Estados Unidos según tengo
entendido. El hecho cumplido sigue
siendo inexplicable: que los supuestamente encargados de ejecutar la orden de arresto,
tuvieron frente a ellos a los criminales y los dejaron en libertad por orden de
la misma persona que la emitió, pero a la inversa.
Sin embargo,
no hay que olvidar que este hecho también tiene su marco: las declaraciones de Trump
confirmando que sí, que su único interés fue y sigue siendo el petróleo de
Venezuela, y no su gente, ni su destino ni mucho menos su futuro político. Confirmando que la comercialización de
nuestro petróleo lo ha hecho (a él, no a USA) uno de los hombres más ricos del
mundo. En cuanto a los presentes en la
mesa de conversaciones, al mismo tiempo que John Garret y el Jefe del Comando
Sur están representando a Trump, también están mostrando impúdicamente una
imbecilidad, una doblez y una inmoralidad que
ninguna tarifa justifica a estas alturas, porque la mesa donde están
sentados tiene sus cuatro patas afincadas sobre los escombros y los cadáveres de
venezolanos aplastados por el terremoto.
Solo eso convierte esa negociación en algo aborrecible, vil, y
moralmente execrable. Cuando esto
escribo no tengo información de otras consecuencias de esas “conversaciones”, (que
alomejor no sabremos sino cuando otra “sorpresa” irrumpa en la escena) aparte del aumento visible de las tropas
norteamericanas en la capital y el control de mando en el aeropuerto de Maiquetía
y otras zonas de desastre.
Pero hablando
de tarifas, otro dato que quizás nunca tendremos, es la cifra cierta de a cuánto
ascienden las fortunas de los jerarcas militares del régimen, de los Rodríguez,
de Odiado Cabello y otros más, y lo más tenebroso: dónde lo tienen escondido:
lingotes de oro, piedras preciosas, dinero en líquido, dinero en paraísos fiscales,
etc. ¿Dónde está almacenado todo eso? Seguramente
periodistas e investigadores de estos asuntos tendrán la respuesta, que tampoco
me parece tan importante. Al fin y al cabo, mi pregunta es ¿y todo ese inmenso caudal de riqueza de qué
les sirve? ¿O, mejor dicho, de qué les ha servido aparte de haber podido hasta
ahora escapar de la justicia, comprando su libertad a otros tan corruptos como
ellos? Me dirán que no es poco, pero sigo pensando que en el balance han
perdido más de lo que han ganado. A la
final el crimen no paga.
Si han cometido
y siguen cometiendo tantos, si han traicionado a su país, si tarifaron los principios que alomejor
alguna vez llegaron a tener, si le vendieron su alma al diablo por dinero y
poder, si están señalados como delincuentes en los países donde merece la pena
vivir, pero pueden pedir asilo en los
otros donde ellos no quieren ni ir, si no pueden salir del país sino esposados,
si incluso dentro de Venezuela no pueden salir de sus bunkers, si no les queda
otra opción que atragantarse ahí mismo de comida, bebida y de (no es difícil presumir) otros “estimulantes”, si no
pueden dormir en paz y tienen unas vidas tan miserables, carcomidos por el odio
y el miedo, entonces.. ¿de qué les ha valido y les vale haber acumulado toda
esa inmensa fortuna material? En todo caso han pagado un precio muy alto a
costa de perder lo más importante si es que alguna vez la tuvieron y no lo han
olvidado: la paz de sus conciencias.
Lo más irónico
del caso es que –aunque no me consta- la única de todas esas fortunas que
eventualmente podría ser auditable, es la de Trump.


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