jueves, 23 de octubre de 2025

LO GOURMAND NO QUITA LO VALIENTE

In vino veritas, Foto mía 

 
Christian Jacq, (Paris, 1847) es mundialmente conocido por sus novelas sobre el antiguo Egipto, que tienen un enorme éxito de popularidad y ventas, y un poco menos por sus ensayos, notablemente entre ellos, “Ces femmes qu’ont fait l’Egypte” y “L’Egypte de grands pharaons” (coronado por la Academia Francesa), entre otros muchos.  Pero Jacq no se detuvo allí, incursionó en la tradición de la novela polar inglesa y su máxima encarnación, Agatha Christie, y respetando maravillosamente los cánones del género, basados en la resolución de casos sin deber nada a las nuevas tecnologías y todo a la sagacidad del investigador, creó la saga conocida como ‘Las investigaciones del Inspector Higgins”.  Aquí se trata de un muy aristocrático inspector que, en detrimento de sus títulos de nobleza, es un reputado miembro de Scotland Yard, conocido por sus exitosas investigaciones de casos particularmente “sensibles”

Después de leer algunas de sus aventuras (no puedo negar que me fascinan las novelas policiales y este personaje es uno de mis preferidos) he terminado por concluir que quizás el secreto de su irreprochable carrera se encuentre en su lado gourmet, -que presumo como una hábil estratagema de Jacq para honrar la reputada gastronomía francesa en Inglaterra, el país de Higgins, cuya gastronomía es, salvo prueba en contrario, no muy digna de mención particular.

En una de las entregas de la saga, Higgins, antes de abordar un caso particularmente difícil, no desdeña sin embargo el placer de una excelente comida, que saborea en su propia residencia, no sin antes ducharse, afeitarse y vestirse con esmero.  La prisa, recordemos, es plebeya y un menú como el que se dispone a rendir honores, amerita una ceremonia pulcra, elegante y respetuosa de los buenos modales. Es una norma que el inspector respeta por encima de cualquier urgencia y que aplica igualmente a los casos que investiga. De ahí que obtenga mejores resultados con su hablar pausado y elegante, pero convincente, en lugar de emplear los desplantes o amenazas que caracterizan su oficio y que, por otra parte, son absolutamente contrarios a su naturaleza y a su educación.  Pero volvamos al menú:  

Entrada: carpaccio de trucha ártica con perifollo. La preparación ha ameritado 24 horas de preparación. La trucha ha sido cortada en lonchas muy finas, marinada con ralladura de limón, melaza, sal marina de primera calidad, pomelo rosado, pimienta auténtica, vainilla, crema de leche de oveja y perifollo de la huerta, finamente deshojado.

Acompaña la entrada con una copa de Bourgogne blanco fresco.

 Plato principal: Ossobuco a las hierbas aromáticas con predominio del romero y la mejorana, acompañada de papas y remolachas finamente cortadas y aderezadas.

Acompaña con un Bourgogne tinto.

Postre: assortiment de dulces consistente en macarons de pistacho, lonjas de naranja confitada, vainilla y panecillos de especias.

Finaliza con café y una copa de cognac.

Una vez dilucidado el caso, identificados los culpables y debidamente entregados a la Justicia después de varios días de trabajo incansable y noches en blanco, el Inspector Higgins se regala el siguiente menú, en el mejor restaurante italiano de Piccadilly Circus:

Entrada: Antipasto de jamón crudo, salami, vegetales al grill, ensalada verde aderezada con aceite de oliva, queso parmesano, aceitunas negras, palitos de pan.

Acompaña con Bitter Campari con hielo.

Primer plato; Rissotto de hinojo con almejas, filetes de anchoa, cebolla dorada y rallada finamente, manojo de perejil, diente de ajo machacado y ralladura de limón.

Acompaña de vino proveniente de los viñedos al pie del Vesubio.

Plato principal: Rotti de ternera con berros y limón, regado con salsa cremosa y papas doradas.

Acompaña con vino del Vesubio.

Postre: Copa de helados de sabor a pistacho, chocolate y frambuesa, adornado con merengue y vino flambeado.

Finaliza con café y Grappa

viernes, 3 de octubre de 2025

LABERINTO



Leonora Carrington. Y entonces vimos a la hija
del Minotauro

Buscaba regresar a mi casa, que tampoco era mi casa realmente, sino una habitación de hotel o una residencia. Daba vueltas sin encontrarla, bajaba y subía escaleras. Cada puerta me parecía la mía, pero cuando me acercaba veía que no. Descendí varios pisos y llegué a una recepción. Había varias personas esperando. Un hombre estaba a mi lado hablando con un recepcionista y una mujer estaba a mi espalda. Llegó una señorita y pasando la vista y el cuello por sobre mi hombro, le preguntó a la mujer detrás de mí, que qué quería. Entonces yo le dije: “Ah, y yo, estoy pintada en la pared” La señorita se puso a reír y me miró con amabilidad. Me pregunto que qué me pasaba. En ese momento recordé quien era yo y lo que hacia allí. Era una persona mayor y desvalida y me encontraba en una residencia de ancianos. Me sentí aliviada por haberlo recordado. Sabiendo que iba a ser comprendida, le dije a la señorita que no recordaba cual era mi apartamento. Entonces una puerta se abrió detrás de ella y apareció mi amiga Alejandra. Llevaba un manojo de llaves en la mano. Caminamos juntas hacia un ascensor, pero ella no me miraba ni me sonreía. Actuaba como una empleada más. Nos bajamos en un piso y lo recorrimos. A cada puerta que aparecía, yo le decía “éste no es”. Nos dirigimos a otro piso, y seguíamos buscando, pero ahora podíamos ver dentro de los apartamentos. En uno de ellos había un hombre que nos sonreía. No era viejo. En otro había solo bebés recién nacidos, cada uno en una cama pequeña. Noté que cada bebé tenía la cara de un sabio. Uno era Unamuno, el otro, Gandhi. Lo reconocí por el color de su piel su forma de mirar. Yo sabía que todos los demás bebés eran también sabios, pero no podía identificarlos. Comencé a angustiarme. Estaban callados y no parecían felices, pero si bien alimentados. Eran gordos. Se miraban el uno al otro. De pronto, de una de las camitas saltó una gata (yo supe que era una gata) enorme y marrón. Me fijé que había dejado caca en la camita. Alejandra y yo seguimos buscando, pero ahora también nos acompañaba otra persona con actitud amistosa. Yo les dije, “ya sé dónde es, y no es aquí, hay que seguir subiendo”. Nos dirigimos nuevamente al ascensor, pero ahora no lo encontrábamos. Creo que subimos por las escaleras. Aparecieron otras puertas, cada una me parecía la mía, pero todas eran iguales, y me confundían. Yo sabía que sabía identificarla si la viera, pero no podía. Mi angustia creció enormemente. Sentía que me trasladaba por los aires, que las paredes se movían y me envolvían. Sentía ojos mirándome con lastima. Mis amigas seguían acompañándome, pero al mismo tiempo se alejaban, se difuminaban poco a poco en el aire y yo me quedaba cada vez más sola. Todo se volvió luminoso, pero de una claridad amenazante. Al final vi una puerta pintada de azul claro, pero, aunque todas las otras puertas también eran azul claro, ésta me pareció inconfundible y pensé, “aquí vivo, aquí he vivido siempre, todo esto es mío”. Pero en la puerta había señales de descuido, rayas y sucio. Cuando se abrió, vi una cama y algunos peluches en el piso y pensé: “éste es el peluche preferido de la gata”. Y de pronto apareció una gata amarilla. Era enorme y tenía rayas marrones. Se abalanzó sobre el peluche, pero inmediatamente lo rechazó con asco y horror, y se tiró en la cama como a llorar. Yo sabía que lloraba y me coloqué a su lado. Volví a sentir angustia porque no estaba segura de haber encontrado verdaderamente mi lugar. Seguí recorriendo el edificio alucinante, cada vez más brillante y movedizo, pero ahora estaba sola. Mis acompañantes habían desaparecido. Abrí una puerta y en una habitación había una estantería con ídolos cabeza abajo, marrones y verdes que parecían de jade. Fue lo último que vi.

domingo, 28 de septiembre de 2025

CUANDO TU NOMBRE NO ES TU IDENTIDAD

Apellidos de ascendencia sefardi

En el prefacio que Marianne Kohn Baker dedica al libro de Arlette Machado “El judaísmo: una épica del anti-héroe”. (Caracas, Editorial Grijalbo, 1994) aparecido en el último Papel Literario de “El Nacional” (Caracas, septiembre 14-2025) encontramos desmenuzado el propósito del libro y la ruta analítica que lo guía. En esta ruta se examinan las dos vertientes que condujeron a la autora a definir la esencia de lo que ella califica como judeidad, la vertiente histórica y la vertiente doctrinaria. Valiéndose de ellas establece entre distintos creadores y escritores latinoamericanos, su concepto de judeidad como rasgo común que, por encima de su originalidad como creadores, delata su pertenencia a un mismo tronco. 

 Mucha agua ha corrido bajo el puente de la historia judía desde 1994 y la contemporaneidad ofrece hoy un panorama totalmente distinto. No obstante, el aspecto que me interesa señalar aquí enlaza con las persecuciones, el éxodo y la forzosa adaptación del pueblo judío a los distintos países donde se estableció a lo largo de su historia. Aunque hoy no tiene incidencia alguna ni la menor capacidad de modificar los acontecimientos, es una curiosidad para traer al presente, cuando se ha alcanzado la “Tierra Prometida” y de acuerdo a las Escrituras, el pueblo judío ha dado cumplimiento a su Misión, ya que desde hace 77 años, los judíos poseen un Estado y un territorio. 

Me intereso concretamente en la adopción forzosa de nombres ajenos, extraños a su tradición, su historia y sus costumbres, que al comienzo de las persecuciones los judíos debieron realizar, bien voluntariamente o por imposición, para ocultar su origen y por ende, su identidad y conservar así la vida. 

En un principio en España, las primeras comunidades judías convivieron con los romanos, hebreos, visigodos, musulmanes y cristianos, convivencia durante la cual los judíos hicieron aportaciones en medicina, matemáticas y léxico. Mencionaré solo algunas: La Cábala, por ejemplo, nace en Sefarad, de la palabra call (sendero, estrecho) como se emplea actualmente en Cataluña (Call de Barcelona). Los judíos adoptan patronímicos de origen hebreo: Nafmanides (hijo de Ides), Astruc, de origen hebreo-arameo que significa estrella, Alpico, de origen provenzal. Más tarde durante el dominio musulmán que duró 800 años, muchos apellidos sefardíes comenzaron a expresarse en árabe. En 1391 fueron destruidos los templos judíos y en 1492 se produce su expulsión del Reino de España. En esta época sus Kinumas (apellidos) son sustituidos por nombres como Abreu (hebreo), Sábato (sefardí), Pérez, que significa hijo de Pedro, típicamente español. 

 Más tarde aparece la ashkenazion, formada por antiguos miembros del Sacro Imperio Romano-Germánico (Austria, Prusia, varios países de Europa central: polacos, serbios, croatas, rusos). En 1796 Rusia se anexa Polonia y se forma la Mancomunidad Polaco-lituana. Dos millones de judíos que conservaban sus nombres en hebreo se vieron obligados a cambiarlos. En 1804 el Zar de Rusia Alejandro I obliga a los judíos a adoptar un apellido de familia heredado de su fe, o un sobrenombre en alguno de los idiomas regionales, traduciendo sus nombres originales al ruso, polaco o alemán, de ahí que muchos apellidos judíos adoptaran el sufijo “bog “(o boh) de pertenencia eslava, “ov” o “ich”, de ascendencia rusa. Nombres como Kaplan y Singer también de procedencia sajona. 

 En 1808 mediante el Decreto de Bayona, Napoleón Bonaparte reunió en un gran Sanedrín a los principales líderes del judaísmo francés, les devolvió todos sus derechos civiles y religiosos y les permitió reabrir sus sinagogas. Los súbditos debieron adoptar sus nombres al oficializar sus Kinumas. El 80% de los judíos franceses que hasta entonces se llamaban Levy o Neftalí, emigraron a Alsacia y adoptaron nombres o sufijos como Epstein, Mayer, Vaill, Villard, Shauss, Kohn, -trier, (sufijo) Neftalí, Dreyfus, (este último proviene del vocablo Drey fuss que significa tres pies) 

Habría que ver en qué medida, la violencia y el desgarro que significó entonces para cada judío la renuncia a su individualidad y la abjuración de sus raíces para poder continuar existiendo bajo una identidad artificial e impuesta, ha quedado grabada en su ADN como huella indeleble hasta hoy y explicaría algunas de sus conductas vindicativas individuales o colectivas presentes. Yo pienso que algo así supera con creces los destrozos causados por las persecuciones, los continuos éxodos y finalmente, el exterminio del que fueron víctimas, porque cuando se padece como colectivo, el sufrimiento aporta una suerte de consuelo, pero el despojo de una herencia cultural, no por intangible menos poderosa va dirigida al centro mismo del ser. Es más oprobioso sobrevivir como renegado oculto. Preferible es morir como víctima identificada o anti-héroe con tu propio nombre. Por eso resulta casi inconcebible que hayan podido subsistir dignamente a una agresión semejante. Pero lo lograron, atravesando épocas y desafíos. Si pudiera hablar con Arlette Machado hoy, le preguntaría si no es posible aplicar el calificativo de “Épico” a esa sobrevivencia prodigiosa, bajo nombres sin raíces ni significado alguno, que se llevan encima como vergüenza y solo como certificado de vida. Pienso que quizás la única explicación a tal tipo de sobrevivencia para los judíos, la da su creencia en un compromiso místico con su Dios y una responsabilidad moral con su propio pueblo. 

 No desconozco ni niego que el actual exterminio perpetrado en Gaza por el Estado de Israel parece contradecir el significado espiritual que los judíos de han adjudicado a sí mismos como pueblo, en gran parte producto del aislamiento y la incomprensión en la que han vivido por siglos. Pero en este punto me parece casi obvio considerar la diferencia entre lo que se ha convertido en el Estado militarista y belicista de Israel y el pueblo judío. El uno no representa necesariamente al otro. En todo caso, este tema amerita una discusión mucho más profunda

domingo, 21 de septiembre de 2025

NUESTRO MAR

 

Playa de Morrocoy. Venezuela


Por pura casualidad comencé a leer un libro del escritor martiniqués Raphael Confiant (1951), titulado "
Adéle et la Pacotilleuse” (Mercvre de France, 2005) en momentos nuevamente históricos para el Caribe, cuando una flota de ocho barcos de guerra, treinta helicópteros y alrededor de cuatro mil marines en total, pertenecientes a las fuerzas armadas norteamericanas, se despliega frente a las costas de Venezuela, con el propósito (al menos el declarado) de combatir por medios bélicos el narcotráfico en la zona e impedir su arribo a las costas estadounidenses.

La novela de Confiant relata las peripecias que le ocurren en pleno siglo XVI, al detective privado Henry de Montaige durante su investigación del paradero de la hija de Víctor Hugo, encargo que le ha sido confiado nada menos que por el mismísimo poeta en persona; y que se desarrolla en un periplo que comienza en Canadá, prosigue por Carolina del Sur y tiene su punto culminante en las islas del Caribe, entre Granada, Barbados y Martinica, mientras la señorita Adéle Hugo, presa de su pasión amorosa  y sin sospechar que su padre la busca, persigue a su vez al teniente de la Armada Británica Albert Pinson, de quien se ha enamorado y con quien según ella, se ha esposado; aunque en su aventura muchos llegan a considerarla una impostora y a creer que ha perdido la razón. Es precisamente en uno de los tantos infortunados episodios que le ocurren, que es rescatada de un intento de violación en el puerto de Barbados, por la pacotilleuse Céline Álvarez Baa, orgullosa descendiente de padre guineano, abuela andaluza y madre cubana.  A partir de ese momento, la suerte de Adéle Hugo y la de Céline se imbrican en lo que parece ser un dictado sometido a la voluntad de las potencias espirituales tainas, caribes e incluso hindúes y africanas que componen el abigarrado mosaico de culturas y creencias que pueblan nuestro mar interno, su geografía y su historia.

La pacotilleuse (vendedora ambulante de mercancía que se desplaza entre las  islas de las Antillas menores en frágiles pero veloces embarcaciones) nos previene del error de imaginar que el Caribe se reduce solo al archipiélago que se abre a medida que nos aproximamos al Golfo de México, dibujando la ruta de los “Hurakanes” (nombre otorgado a la cólera del antiguo Dios caribe “Hurakan” hoy en día olvidado) No, pues el Caribe abarca un vasto tramo de tierra firme que va desde Cayena, remonta hasta el Lago de Maracaibo, pasando por Georgetown antes de alcanzar Cartagena de Indias. En el siglo XVI, en que las potencias coloniales europeas se disputaban la posesión de las riquezas que Cristóbal Colón había descrito a los Reyes Católicos, el Mar Caribe o Mar de las Antillas, era el escenario de batallas navales entre bandidos, filibusteros, buscadores de esmeraldas, réprobos y convictos en fuga, escenario frente al cual la saga «Piratas del Caribe” (que, por cierto, me encanta) no es más que una graciosa anécdota. En aquel entonces las pacotilleuses preferían evitar tales riesgos y abordar Panamá tomando la ruta de la Florida, continuar hasta Nueva Orleans y descender hasta Yucatán desde donde podían alcanzar el canal que había construido Ferdinand de Lesseps. Para ellas, como para todo el comercio antillano, el tiempo era una entidad carente de sentido, “algo” sometido al humor de los vientos, al estado de las embarcaciones, a la llegada de la mercancía de Europa y de Estados Unidos y muy raramente, del Levante o de la Extrema Asia. La ciencia política no se había inventado y la geopolítica la dictaba el poder económico y militar de las potencias europeas, pero aun ellas estaban sometidas en ultima instancia, a los designios ignotos de los dioses tainos, africanos y caribes de poderes insospechados, que habitaban los espíritus de sus habitantes. En todo caso, el mapa dibujado por las pacotilleuses, construido sobre la urgencia del día a día y la ausencia de una certitud del mañana, se batía en el mismo combate de poderes, en un espacio donde el telón de fondo es la aventura y el riesgo renovado de perderlo todo en un instante.

Han pasado cuatro siglos desde que España perdiera su control sobre el Caribe y Francia, Inglaterra y Holanda tomaran posesión de ese archipiélago que convive y comparte su suerte con la bomba de tiempo en la que se ha convertido Venezuela desde hace unos días. Guadalupe y Martinica, territorios de ultramar franceses, están siendo patrullados en apoyo a las operaciones militares de vigilancia del tráfico de drogas en la zona, y otros países, desde Trinidad y Guyana hasta Puerto Rico, han declarado su intención de participar en las operaciones. Cuando escribo esto, hace unas horas se acaba de producir un nuevo bombardeo de una embarcación sospechosa de transportar droga. La ciencia política ha avanzado, pero más allá del secreto, lo imponderable sigue reinando sobre los cálculos. Quizás el dios Hurakan este aguardando el momento de desatar su cólera telúrica y cambiar el curso de los acontecimientos.

martes, 2 de septiembre de 2025

ALEGORÍA DEL MIEDO

 

René Magritte. Le faux miroir. 1929

En su novela «Ensayo sobre la ceguera», al interior del asilo de alienados donde han confinado en cuarentena a los ciegos, Saramago (1) pone en boca de un anciano que solo cuenta con un ojo, las siguientes palabras:

Lo último que vi fue un cuadro. Un cuadro -repite el anciano de la banda negra- y dónde estaba. Yo había ido al museo, y había un campo de trigo y había cuervos y cipreses y un sol que parecía formado con partes de otros soles. Debe haber sido pintado por un holandés. Creo que sí, pero había también un perro que se hundía, el pobre ya estaba medio enterrado. En cuanto a éste, no pudo haber sido pintado sino por un español, nadie antes que él había pintado un perro como ese y nadie después de él se ha aventurado tanto. Probablemente, y había una carreta cargada de heno tirada por caballos que atravesaban un rio. Con una casa a la izquierda. Si, entonces es de un inglés. Podría ser, pero no lo creo, pues había también una mujer con un niño en brazos. Mujeres con niños no faltan en la pintura. Es verdad, ya lo había notado. Lo que no comprendo es como pintores tan diferentes y pinturas tan diferentes podrían encontrarse en un solo cuadro. Había hombres que comían. Hay tantos comensales en la historia del arte que es imposible saber con esa sola indicación, quien comía. Los hombres eran trece. Ah, entonces es fácil, continúe. Había también una mujer desnuda de rubia cabellera dentro de una concha que flotaba en el mar y muchas flores alrededor. Italiano, sin duda. Y una batalla. Es como las comidas y las mujeres con niños en brazos, no basta para saber quién es el pintor. Con los muertos y los heridos. Es natural, tarde o temprano todos los niños mueren y los soldados también. Y un caballo aterrorizado. Con ojos que se salían de sus órbitas. Exactamente. Los caballos son así. Y cuales otros cuadros había dentro de su cuadro. No tuve tiempo de descubrirlo. Me volví ciego precisamente en el instante en que miraba al caballo.

En esta novela exhaustivamente celebrada y analizada, el extraordinario acontecimiento que se cierne sobre los habitantes de un país anónimo, la sirve de pretexto a Saramago para elaborar una profunda alegoría sobre el miedo, una alegoría que puede abrirse a otros caminos y uno de ellos es la dimensión del tiempo. En este caso es una epidemia de ceguera, pero podría ser cualquier otra plaga cuyas constantes se reproduzcan en otro tiempo histórico, la que confine a los hombres dentro de sus más recónditos terrores atávicos y se convierta en una amenaza que los hombres no quieren “ver” y menos reconocer. En su confinamiento, los aquejados del “mal blanco” deben aprender a vivir sin tiempo, porque éste ha perdido toda significación para ellos. Ha sido así con todos los flagelos que han aterrorizado al hombre a lo largo de su historia. Lo leímos en el recuento terrible de Camus en “La Peste”, lo hemos leído en los relatos de la llamada gripe española, lo vivimos en la última pandemia decretada, de un origen tan oscuro como el de la ceguera colectiva de la novela de Saramago. La lección es la misma: El miedo nos enceguece; pero “ya estábamos ciegos antes que nos atacara la ceguera” como dice uno de los confinados. “Y el miedo hará que continuemos ciegos después”


(1)   José Saramago:  L’aveuglement” . Editions du Seuil. Fev. 1997

miércoles, 6 de agosto de 2025

CULTURA Y SOCIEDAD DIGITAL


La Décalcomanie. René Magritte. 1966 

La cultura liquida moderna ya no siente que es una cultura de aprendizaje y acumulación, como las culturas registradas en los informes de historiadores y etnógrafos. A cambio, se nos aparece como una cultura del desapego, de la discontinuidad y del olvido”

                                                                               Zygmunt Bauman

Tanto Byund-Chul-Han, ensayista y filosofo, como Zygmunt Bauman, (19-11-1925 - 9-1-2017) sociólogo británico de origen polaco, uno de los principales representantes de la escuela pos-moderna, e inventor de los conceptos “sociedad liquida” y “modernidad liquida” han realizado aportes teóricos fundamentales a la comprensión de la era en que vivimos. (1). Chul Han edifica su pensamiento filosófico desde el estudio de la economía liberal y la psico-politica, llevando al extremo sus implicaciones en la transformación experimentada por el hombre en la era digital actual, y lo expresa en estos términos;

“por debajo de nuestra decisión consciente, el medio digital cambia decisivamente toda nuestra conducta, nuestra percepción, nuestra sensación, nuestro pensamiento, nuestra convivencia” (2)

Para Chul Han “en el régimen liberal de la psico-politica, solo caben dos estados: trabajar o hundirse”, porque el medio digital ha transformado radicalmente la relación del hombre con el mundo que lo rodea. Encuentro que esta afirmación entronca directamente con el concepto de “sociedad liquida” de Bauman, una sociedad “de naturaleza fluida y volátil” (…) “en la que la incertidumbre por la vertiginosa rapidez de los cambios ha debilitado los vínculos humanos”. Tanto para Han como para Bauman, los orígenes están en la desigualdad económica que se acentuó críticamente en la década de los 70’s; hasta el punto en que para el momento en que Bauman lo señala, el 85% de los ricos poseía lo mismo que 4 mil millones de pobres. Hoy en día esa cifra ha ascendido a 91% según otros estudios.

A partir de la década de los 90’s, el capitalismo industrial evolucionó hacia lo que es hoy en día, capitalismo financiero. Si seguimos las ideas de Bauman, al forjamiento de esta nueva realidad contribuyeron varios factores que ayudan a comprender el efecto psicológico que éstos han tenido en las personas y en la sociedad actual.  Uno de esos factores ha sido el progresivo abandono del rol del Estado como factor de equilibrio y redistribuidor de la riqueza, (con escasas excepciones en los países más desarrollados de Europa occidental), consecuencia lógica del cambio producido en la naturaleza del capitalismo, lo que trajo como efecto a nivel de la sociedad, el reforzamiento del individualismo y la competencia laboral que ya había comenzado en la década de los 70’s y tuvieron su máxima expresión en las crisis bancarias de los años 2006-2008, que pusieron en jaque la economía mundial.

En la actualidad, los cambios en la esfera laboral son un evidente reflejo de la “sociedad liquida” que conceptualizó Bauman. Citemos sus propias palabras “Nos hallamos en un momento en que, a diferencia del pasado, Estado y poder no están juntos. El verdadero poder se diluye, se mueve en el espacio (virtual) sin que nadie lo controle. Es un poder desconectado del territorio y de la sociedad porque las empresas, sus titulares, emigran de un país a otro” En otras palabras, las empresas ya no dependen de sus trabajadores ni los obreros de sus empleadores, y han deslocalizado sus actividades”. (porque el “verdadero poder” lo detenta el capital financiero y éste se mueve en el cyber espacio, adjunto yo) “Esto provoca un sentimiento de humillación e indefensión entre la gente.  En la sociedad liquida no hay sentido alguno de responsabilidad empresarial. “En ella miles de personas sin trabajo están atrapadas sin posibilidad de irse ellas también”

De ahí el sentido de lo que afirma Chul-Han sobre la función del trabajo en una economía liberal; porque en el “régimen liberal de la psico-politica, o trabajas o te hundes”.

Desde la perspectiva del bienestar individual y los recursos que las personas han encontrado para adaptarse a su nueva realidad, el trabajo que realizan, desmaterializado y desterritorializado, ha implantado una nueva percepción de la separación entre actividad y ocio.  

Siguiendo a Han, el trabajo virtual no se “termina”. La cuestión está en que las personas no lo perciben, ya que “en la sociedad digital el descanso es parte misma del trabajo, la parte de reponerse, pero no la del ocio, porque el ocio implica “entrar en un tiempo distinto al tiempo del trabajo”. La libertad de movilidad se trunca en la coacción de tener (o, en definitiva, de poder) trabajar en todo momento y en todas partes. “Llevamos nuestro puesto de trabajo encima”

Al diluir la separación entre trabajo y ocio, se diluye también la sensación de disfrute y asimilación de los bienes que la cultura nos ofrece, cultura cuya esencia se ha transformado conceptualmente, como tan agudamente lo señalan las palabras de Bauman que encabezan este texto. Todo ello reforzado por la necesidad tácitamente impuesta a las personas, de separación e individualismo, resultado de privilegiar la interacción del hombre con la máquina como sustituto de la relación interpersonal. Aislamiento y separación que, en definitiva, constituye la matriz que virtualmente define a estos tiempos.  (3)

 

NOTAS:

(1)           Algunas de sus obras son:

Bauman, Zygmunt: “Liquid Modernity” 2000

                              :  “La vie Liquide” 2005

                              :  “Liquid Times” 2007

                               :  “Modernité et Holocausto”, 1989      

(2)           Han, Byund- Chul : “The disappearance of Rituals. A Topology of the Present”. Edición en español de Herder Editorial. 2019.

(3)           Han, Byund Chul :         “Sauvons le Beau. L’esthétique 

  à l’ère numérique »  2015

domingo, 3 de agosto de 2025

ENTRE LA VERDAD Y LA PANTALLA


Obra de Leonora Carrington

«Hay quienes causan felicidad por dondequiera que van; otros cuando se van”.  Esta irónica e hilarante frase que he traducido libremente, y que no podía ocurrírsele a otro que no fuera el genial Oscar Wilde, encabeza el film “Sang Froid”, (2019) versión americana del original, titulado “Refroidis”, escrito por el realizador, escritor y escenarista danés Kim Fupz Aakeson, que me ha dejado asombrada y sonriendo interiormente durante días, desde que la vi.

Me encantan las buenas películas, y esta parodia de una guerra entre bandas de narcos, desatada accidentalmente por una serie de equívocos que se produce en las montañas nevadas de Colorado, ocupa desde ahora un lugar preferencial en mis gustos.  Lo que no deja, sin embargo, de remitirme una vez más a la paradoja que define este siglo desde su profundidad.

Este siglo me incomoda, no encuentro mi lugar en él y por eso mis lecturas, mis películas y mi música preferida se detuvieron, con algunas excepciones, claro está, en el año 2000.  De todos modos, no tengo que hacer demasiados esfuerzos, el siglo anterior fue apenas ayer, por muy avasallante que sea la velocidad actual de la comunicación global.  En todo caso, lo que hoy observo bajo la máscara de efectos especiales, sonidos envolventes y producciones de inteligencia artificial, me parece vacío y totalmente carente de interés. No encuentro en ellas “obras” que reflejen la existencia de un pensamiento filosófico sobre la era que estamos viviendo, exceptuando claro está, los que abordan la distopía actual, pero la mayoria no como reflexión, sino como denuncia sin alternativas.  Los temas de esas producciones (hablo de las que conozco) están falsamente relacionadas con la esencia de “lo humano universal” y pueden referirse a personajes, historias y leyendas que constituyen la esencia de la historia de la humanidad, pero se les presenta deformados y deshumanizados haciendo uso de un exuberante despliegue tecnológico de última generación. Lo que en definitiva es anti-histórico y por ende, anti-humano.  Y por cierto, no es casual, por el contrario, tiene un propósito claro y definido.

Ya lo he citado antes, pero sin poderlo evitar, todo camino de reflexión que inicio sobre esta época que vivimos, me conduce a él, aun cuando él mismo se haya “retirado” de sus propias conclusiones y “refugiado” en su jardín, hundiendo sus manos en la tierra, donde ha reconocido la presencia de la verdad-verdadera.  Me refiero a Byund-Chul-Han, filósofo coreano actualmente residente en Alemania, autor, entre otros muchos ensayos, de “La Societé de la fatigue”, “La Societé de la transparence”, “The Agony of Eros”, por ejemplo, donde disecciona la “Sociedad digital”, su función dentro de la economía liberal y la psico-politica, y es uno de los filosofos contemporaneos que ofrece las bases ontológicas, antropológicas y sociales desde las cuales re-pensar la Sociología, el Derecho y la Política.

Trato de transferir ese marco general a la esfera de la producción visual y al conocido con el sugerente, (por revelador de intenciones), término de “entretenimiento” para insertar ahí mis modestas reflexiones sobre el cine que elijo ver, el que no me produzca la insoportable sensación de haber sido estafada, y encuentro esta afirmación suya, que ataca el fondo terrible del asunto:   

“Nuestra vida “real” pasa a ser la que vivimos en el ‘Metaverso”, mientras que la que vivimos en el mundo físico y contingente, se va convirtiendo en anacronismo”