domingo, 24 de mayo de 2026

UN DOMINGO BORGIANO


Jesús Soto. Cubo penetrable 1996

En su relato «La Ciudad de los Inmortales» (El Aleph); Borges narra, por boca del legionario romano Flamino Rubio, el conocimiento que éste tuvo de «La Ciudad de los Inmortales» y de Homero, a quien Rubio, confunde en un principio, con un «troglodita».  Luego de extraviarse y casi perecer en los laberintos de la ciudad, el narrador (Borges-Rubio) comprende que «la desatinada ciudad» por él recorrida «es una suerte de reverso o parodia y también «templo de los dioses irracionales que manejan el mundo»

«En un plazo infinito le ocurren a todo hombre todas las cosas»

Una vez que Flamino Rubio comprende que quien lo ha acompañado en su recorrido ha sido el propio Homero, comprende el significado de la Inmortalidad. «La muerte (o su alusión) hace preciosos y patéticos a los hombres. Éstos conmueven por su condición de fantasmas: cada acto que ejecutan puede ser el último. No hay rostro que no esté por desdibujarse, como el rostro de un sueño»

 «Lo divino, lo terrible, lo incomprensible, es saberse inmortal»  

Por eso, los Inmortales construyeron una Ciudad cuando comprendieron que toda empresa es vana, y determinaron vivir en el pensamiento, en la pura especulación. Absortos, casi no percibían el mundo físico, para ellos no importaba sino el pensamiento; «el cuerpo era un sumiso animal doméstico», y solo salían de la quietud ante un acontecimiento extraordinario.

«No hay cosa que no esté compensada por otra»

Empleando la Inmortalidad como metáfora, Borges afirma su Universo: el laberinto y el minotauro, la circularidad del tiempo, las enseñanzas herméticas (como es arriba es abajo), el equilibrio, el infinito, los espejos.  Dice Borges a través de los Inmortales: «éstos profesaron el concepto del mundo como un sistema de precisas compensaciones (obrar el mal para que resultara el bien en el futuro o hubiera resultado en el pretérito; el ingenio producirá estolidez…y a la inversa) hasta el punto en que todos nuestros actos son justos, pero a la vez pueden ser indiferentes, todos se anulan y se corrigen, todo tiende al equilibrio»

Para terminar, una frase definitoriamente borgiana en boca de Homero, el inmortal «No hay placer más complejo que el pensamiento, y a él nos entregábamos»   

 

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