jueves, 10 de julio de 2025

POEMAS DE VERANO

Saltando de un poeta a otro, dejandome caer, encantada por la musica de las palabras, esta seleccion no obedece a ningun otro criterio,  como no sea el mero placer. No hay épocas, tendencias ni estilos que escoger, tampoco explicaciones; sólo la vagancia y la irrupcion de la sorpresa 


I. Balada del viejo marinero, 1799

Coleridge


El invitado escucha la música nupcial, pero el marinero continúa su cuento.

La novia ha entrado en la iglesia, sonrosada como una rosa está

saludando con la cabeza ante ella van los alegres trovadores.

El invitado se golpea el pecho, pero otra cosa no puede hacer sino escuchar:

 Y así continuó el anciano hombre, el marinero de ojos brillantes.

 "El barco es arrastrado por una tormenta hacia el Polo Sur.

—Y entonces llegó la ráfaga de la tormenta, y era poderosa y tiránica:

golpeó con sus alas atrapadoras, y nos persiguió hacia el sur".

 «Con mástiles inclinados y proa sumergida, como quien perseguido

 con gritos y golpes, aún pisa la sombra de su enemigo,

y hacia adelante inclina la cabeza,

el barco raudo andaba, fuerte rugía el viento

y hacia el sur siempre huimos.

 La tierra del hielo y de los espantosos ruidos, donde no se veía cosa viviente.

Y juntas llegaron niebla y nieve e hizo un frío asombroso

 y el hielo, alto como el mástil, llegó flotando, tan verde como esmeralda.»

Y en medio de las corrientes los acantilados nevados enviaban un resplandor lúgubre

ni formas de hombres ni de bestias vimos…

El hielo nos rodeaba. Había hielo por aquí, había hielo por allí, había hielo por 

todas partes: crujía y gruñía, y rugía y aullaba


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II. HISTOIRE SECRÈTE (fragment)

Césare Pavese  

« Mon grand-père disait –me racontait elle une fois- que tout ce qu’on faire comme labour a la campagne, se transforme en force dans notre sang pendant la nuit. Il y a quelque chose dans le terrain que respire quand on transpire »

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« Moi, il me semble qu’il sort de la terre une chaleur continuelle qui maintient les arbres verts y qui les fait pousser et il y i a des jours ou cela m’impressionne de marcher parce que je me dis que si ça se trouve, je mets les pieds sur ce qui vit et que, sous la terre, il s’aperçoit »

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« A ce moment-là, je humais l’air mouille, et je sentis finalement l’odeur de l’éclair : une odeur nouvelle comme celle d’une fleur qu’on n’a jamais vue, écrasée entre l’air et l’eau (…) Il devait être tombe dans le bois, il sentait trop le sauvage. Maintenant je comprends pourquoi on raconte tant de choses étranges sur les bois, pourquoi il y a tant d’arbres, tant de fleurs extraordinaires, et de bruits de bêtes que se cachent dans les fourrés. Peut-être l’éclair devient une pierre, un lézard, une nappe de fleurs, et faut-il le sentir à l’odeur »

 « Une fois, j’avais vu là-haut une belle fleur lilas. Savoir si son odeur n’était pas le même que celle de l’éclair »

« Allons, donc –dit Sandiana- tout ce qui nait est fait de terre : l’eau et les racines sont en terre : dans le blé que tu manges et le vin du raisin, il y a toute la bonté de la terre »                        

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« ...Il vaut mieux s’arrêter à deux pas et savoir que toute la terre est un grand bois que ne pourrait jamais nous appartenir vraiment comme un fruit. Au contraire, les choses qui y poussent à deux pas tirent leur saveur de celles qui sont sauvages, et si le champ et la vigne nous nourrissent, c’est parce qu’il affleure à leurs racines une force cachée. Mon père disait que dans le monde, tout vient d’en bas »

                                  

« Je pensais que maintenant, mon père existait comme quelque chose de sauvage (…) sous terre, mon père n’avait pas changé. Il s’était transformé de corps de chair en racine, une de ces milles racines que, un fois la plante coupée, continuent à vivre dans la terre. Ces racines existent, la campagne en est plein. Les grandes fenêtres colorées de l’église n’y changent rien et font même penser que rien ne change même dehors sous le ciel et que ce qui est loin et enterre, continue à vivre tranquillement dans cette lumière. Maintenant, en toutes les choses, je sentais mon père. Son absence aiguë et monotone changeait tout ce que je voyais et entendais dans la campagne. Je n’arrivais pas à l’enfermer dans le cercueil au fond de la tombe étroite »   


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III.DOS POEMAS DE PLAIN-CHANT

Jean Cocteau 1923

 

Lecho de amor: detente. Bajo tus altas sombras,

al tendernos, zarpamos. Allá abajo se quedan

nuestros pies obedientes. Son caballos que a veces,

lado a lado dormidos, entrelazan sus cuellos.

 

***

 

Nada me da más miedo que la calma engañosa

de un semblante dormido;

tu sueño es un Egipto donde tú eres la momia

con su máscara de oro.

 

¿Qué mira tu mirada bajo el rico atavío

de una reina que muere,

deshecha y repintada por la noche de amor,

negra embalsamadora?

 

Abandona, oh mi reina, oh mi pato salvaje,

los siglos y los mares;

vuelve a flotar aquí, reconquista tu rostro

que se hunde hacia dentro.

JEAN COCTEAU.

Traducción de OCTAVIO PAZ.

Versiones y diversiones, México, 1973.



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IV.  BUENA SUERTE

Allen Gingsberg, 

 

Tengo suerte de tener los cinco dedos en la mano derecha
Suerte de hacer pipí sin que me duela mucho
Suerte que los intestinos se muevan.
Suerte, duermo de noche en una cama de capitán, siesta a media tarde
Suerte de pasear por First Avenue
Suerte de ganar un par de cien mil al año
cantando Eli Eli, escribiendo lo que se me pasa por la cabeza, grabando ga;abatos primordiales,
enseñando en un colegio budista, sacándole fotos con la Leica a la parada del bus
por la ventana de mis ojos
Oigo sirenas de ambulancias, huelo ajo y orín, pruebo nísperos y lenguado,
camino descalzo por el piso del loft, algo insensibilizadas las plantas de los pies
Suerte que puedo pensar y que el cielo puede nevar


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V. CÓMO CRECÍ 

Wolf Wondratschek (Alemania, 1943)

 

No pensaba cosas en ese tiempo

Cuando llovía pensaba ahora está lloviendo

sobre el mundo. Nada de viento y

Yo pensaba ahora los aviones se estarán cayendo y

Las manzanas. Cosechando manzanas le vi el culo a mi tía y

pensé ahora te van a poner en un contenedor para locos.

Me sentaba en los bosques y

odiaba todas las flores

y quería envejecer

Solo leía libros que no entendía

No era más grande que la cadera de un cowboy cuando

Sentí algo y pensé en el amor y lo hice con la mano

Por primera vez

Dolió

Los sueños me hicieron sangrar la nariz

Hacía chistes, cagué más allá de la taza

Y me jodí los zapatos del domingo jugando al futbol

Ese era el tiempo en el que todavía habia

Artistas del hambre

De pronto me quería morir

Sin razón alguna

Buscaba en mi cabeza un par

De manos con las que darle la mano

A los artistas del hambre

Aun entonces yo era un romántico

Me sentaba en los bosques

Odiaba todas las flores y quería

Ser un poeta

Pero nada surgió de eso








martes, 24 de junio de 2025

UNA SELECCION DE POEMAS





Y CONTINUAN LOS HALLAZGOS.. Dias leyendo sobre el precipicio al borde del cual nos encontramos, abro mis archivos y me aparece ésto. Una historia intemporal atravesada por la estupidez humana.. 


POEMAS de Carlos Drummond de Andrade. (Itabira, Minas Gerais, 1902-Rio de Janeiro, 1987) 


Congreso internacional del miedo 

Provisionalmente no cantaremos al amor,
que se ha refugiado más abajo de los subterráneos. 
Cantaremos al miedo, que esteriliza los abrazos, 
no cantaremos al odio
porque ese no existe, 
existe tan sólo el miedo, 
nuestro padre y nuestro compañero, el miedo enorme 
de las regiones agrestes, de los mares, de los desiertos, el miedo de los soldados, 
el miedo de las madres, el miedo de las iglesias, cantaremos el miedo 
de los dictadores, el miedo de los demócratas, 
cantaremos el miedo
de la muerte y el miedo de después de la muerte,
después nos moriremos de miedo 
y sobre nuestas tumbas nacerán flores amarillas 
y miedosas. 


Privilegio del mar 

En esta terraza mediocremente confortable, 
bebemos cerveza y contemplamos el mar.
 Sabemos que nada nos ocurrirá. 
El edificio es sólido y el mundo también. 
Sabemos que cada edificio abriga mil cuerpos que trabajan
en mil compartimentos iguales. 
A veces, algunos se insertan fatigados, en el ascensor y 
vienen aquí arriba a respirar la brisa del océano, 
lo cual es privilegio de los edificios. 
El mundo es realmente de cemento armado. 
Ciertamente, si hubiera un crucero loco,
fondeado en la bahía frente a la ciudad, 
la vida sería incierta... improbable... 
Pero en las aguas tranquilas sólo hay marineros fieles.
¡Qué cordial es la escuadra! 
Podemos beber honradamente nuestras cervezas 


Elegía 1938 

Trabajas sin alegría para un mundo caduco, 
donde las formas y las acciones no encierran ejemplo alguno
Practicas laboriosamente los gestos universales, 
sientes calor y frío, 
falta de dinero, hambre y
deseo sexual. 
Héroes llenan los parques de la ciudad
por la que te arrastras, 
y preconizan la virtud, la renuncia, 
la sangre fría, la concepción. 
De noche, si hay neblina, abren paraguas 
de bronce o se recogen a los volúmenes
de siniestras bibliotecas. 
Amas la noche por el poder de aniquilamiento 
que encierra y sabes 
que, durmiendo, los problemas te dispensan de morir. 
Pero el terrible despertar prueba la existencia 
de la Máquina Enorme y 
vuelve a reponerte, minúsculo, 
frente a indescifrables palmeras. 
Caminas entre muertos y con ellos 
conversas sobre cosas del tiempo futuro y
asuntos del espíritu. 
La literatura estropeó tus mejores horas de amor. 
Al teléfono perdiste mucho, muchísimo tiempo 
de sembrar. 
Corazón orgulloso, tienes prisa por confesar 
tu derrota y 
aplazar para otro siglo la felicidad colectiva. 
Aceptas la lluvia, la guerra, el desempleo 
y la injusta distribución 
porque no puedes, tú solo, 
dinamitar la isla de Manhattan.

jueves, 19 de junio de 2025

DOS POEMAS MÍOS

 


Dorothea Tanning. Océano blanco. 1962


ISOLEMENT

 

Llegamos a un recodo del camino

Sin tener a la mano la poesía, la pintura

La música, ni

aquella imagen indescriptible.

¿Cómo, entonces, expresar, en nuestra orfandad

 lo que sentimos?

¿Cómo elegir las palabras cosidas a Miedo

Angustia o

Extravío?

Cuando hemos pisado el umbral

Nuestra criatura interior reclama

Su liberación

No sabemos en qué navío naufrageremos

Mirar no es lo mismo que regarder

Quizás miramos en un solo acto. Pero

Regarder es guardar

en tu interior

Dos veces lo visto

atesorar

lo fugaz

¿Cómo expresar lo visto en la otra orilla

de lo inconmensurable sin bordes?

¿Dónde guardo el amor que me ahoga como

una tempestad

Inabarcable

inexpresable

El amor recóndito que viene de donde

Nunca sabré. 

El amor indecible, incomunicable

Por Ellas, las

criaturas que alumbré y

que desconocen

la medida y

la nebulosa sin final

donde habito

Un ojo interior ha vislumbrado lo que será

Cuando ya no sea

Se pregunta cómo será rozar

el alma de Tchaikovsky

que respira aún

bajo su concierto para violín

N 35, Andante

Y esta tristeza intransferible

Y este desacomodo de mi misma

Y esta ajenidad del mundo

Y esta …


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A ALGUNOS NOS PASA


A algunos nos pasa

Que cuando entendemos de qué va

Ya nos queda menos de vida

No es que yo Todo

lo haya entendido

Pero a veces intuyo

El refulgente

reflejo del Aleph

y una partícula de inmensidad

Creo que nunca me he sentido tan feliz como

Hoy

Y eso puedo repetirlo cada día que

pasa

Cuando pasa

Mientras pasa

Y no tengo riquezas

Ni fama

Ni poder

Tengo un tesoro mayor:

Estar en la memoria de mis viejos

amigos

He descubierto las trampas de la prisa

Y la tiranía del reloj

Y he logrado vencerlas

Tengo las vocecitas de mis nietas

He sido testigo de sus deslumbramientos y

Por si fuera poco

Hay ocasiones en que

Acompaño a 

mis hijas

Y las extraño en su presencia

evanescente

Sé que no me está dado recuperarlas

Íntegramente

Solo soy espectadora furtiva

de su instante.

Sus vocecitas de infancia y

Sus anhelos reposan

En la fosa oceánica

De mis quimeras

Pero me regocija contemplar

sus aconteceres

Reconozco que

Es más que la Nada

Que ha podido ser

                

Ahora que el futuro se reduce

restituyo

Su lugar al pasado

Combato los embates

De la memoria

El dolor equilibra la balanza

 

Acaricio mejillas sonrosadas, abrazo

amo

Y doy lecciones elementales

de experiencia

Cuando puedo

              

 Los que van a leer esto

Son los mismos de siempre

No mis trescientos setenta o lo que sea

Que dictamina Facebook

Sino mis amigos de un tiempo anterior

conocidos

O no tanto

los que me quieren

al menos un poco

Los que quiero y admiro

 

Los que amo

Los que están en lo mismo

Aunque no los conozca

No necesito más

Con eso tengo

Con el pan y el vino nuestro de cada día

Con el mensaje en la botella que llega

al puerto entre recuerdos

apresurados

Y un libro entre manos

 

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domingo, 25 de mayo de 2025

HALLAZGOS DEL OCIO DOMINGUERO

 

Yo. Flores de domingo

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« Ces paroles outrancières ou indigentes étaient donc acculées à une existence de recluses, enfonces dans la bourre, vivant dans l’ombre, la honte et le silence. Pourtant, et cela le Crieur l’avait bien compris en sept ans de récolte, ces mots ne mouraient pas pour autant. Ils s’accumulaient, se montaient les uns sur les autres, s’aigrissant à mesure que s’écoulait leur existence de taupe, assistant, rageurs, a l’exaspérant va-et-vient des paroles fluides et autorisées »

 

Fred Vargas « Pars vite et reviens tard »

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DAR VIDA

 *A Cristina

 

Hoy se hizo presente -a través de sus ojos-

Lo vi, tan real como si estuviera frente a mí

Fue un destello del Tiempo

un instante en que comprendí que

existimos como línea de puntos

suspensivos

! Es que nunca se fue, nunca partió!

Permanece ahí

En los ojos de mi hija

Y hoy lo vi.  ¡Era él!

¡Era él! , era él!

Era su mirada, era el color de sus ojos

Era un fulgor, venia de muy lejos

Era eterno

E inmortal

Y sentí pavor, estremecimiento y gozo

Yo, que un día antes

Me estaba acuchillando con

el puñal acostumbrado

Que me repetía que nada había valido la pena

Que nada de mi vida

Importaba. En fin... lo habitual

Comprendí

Me fue revelada la inmensidad del Milagro

Que lo que había hecho “Yo” era algo muy arrecho

Yo le había concedido una parte de su inmortalidad

Con mi cuerpo como herramienta, la creamos juntos

Y ella ahora existe

El mundo es habitado por ella

Y eso es estremecedoramente real.

Regresé de verla

Una agitación incomprensible quería salir de mí

Mientras la identificaba

Pensé que una cerveza quizás me ayudaría

Abrí mi propia tasca en medio

De mi desierto cotidiano

Donde quizás algún día puedan decir

«Además de cerveza

La encontramos ahíta de jamón serrano

Chips y aceitunas»

(Negras, eso sí)

mis favoritas

Sin embargo

De mi encuentro de hoy

Con la Creación misma

De la cual formé parte

Me queda el abismamiento

Esta certitud de pequeñez

Y este deseo

De llorar frente a

Una lata de cerveza alemana


 

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Eduardo Ainbinder

Buenos Aires 1968

 

Si mi padre fuese el hombre bala del circo

Si mi padre fuese

el hombre bala del circo podría

despegar de la camilla en la que está

montado y circula por los pasillos

del hospital. Si fuera el enfermero

que lleva esa camilla

le diría a mi padre: "Te llevo

como un botín, prendido a un

enemigo arrepentido y sin fuerzas

ahora a la merced de todos".

a

Si fuese el enfermero que lleva a mi padre

Si fuese el enfermero que lleva

a mi padre por los pasillos del hospital

pensaría que ese acto es una

peregrinación sin fe. El hombre

bala del circo piensa que en su

salto no va a morir

y es una fe arrojada al vacío.

 

Borde de la cama

Lo real no se parece a nada:

un padre no es el hombre bala

del circo, alguna vez tuvo esa fuerza

en el cuerpo, ahora le dice al médico:

"terminaron mis hazañas" mientras

se sienta al borde de la cama:

para dar o no su salto mortal.

a

Pasillo de hospital hacia afuera

La camilla hizo

un giro brusco en la oscuridad:

ha muerto mi padre y

nadie sabe dónde anda,

ni quién le perdonará los abandonos

a esta camilla que ha tomado

definitivamente autonomía.


viernes, 2 de mayo de 2025

ACASO SOMOS LO QUE HACEMOS?

 

Obra de Peter Blake

En la década de los sesenta’s, desde la óptica del socialismo, se hablaba de alienación, para referirse a quienes nos hallábamos “sometidos” al sistema capitalista. El término era muy socorrido por quienes se definían a sí mismos como “antisistema”. El capitalismo era concebido como una maquinaria que funciona por sí misma (inhumana) que devora a sus miembros y cuyo único objetivo es la ganancia económica. Dentro del sistema capitalista, todos somos mercancía y por lo tanto, intercambiables de acuerdo a las leyes de la oferta y la demanda. Los humanos somos apenas una pieza de un engranaje que una vez creado, se ha independizado de la voluntad humana y aplica implacable y autónomamente el principio que lo rige, es decir el lucro. Y el fin justifica los medios.

Para contrarrestar la inequidad social y económica, la injusticia legal y restablecer las sociedades sobre principios humanistas, estaba el comunismo bajo su faceta más amable, el socialismo.  Hablo en pasado, obviamente, y “estaba” es la palabra adecuada. No me voy a detener en el recuento de la debacle del ideal comunista y su estrepitoso fracaso en la realidad, prefiero centrarme en aquel entonces, cuando ese ideal encerraba sueños colectivos y apelaba a lo mejor de cada uno, porque ¿quién que no tomara conciencia del funcionamiento de la economía capitalista, podía no adscribirse al socialismo, que predicaba la igualdad de todos y nos devolvía la esperanza en la humanidad?  Y aquí viene el término “alienación” a ofrecernos la explicación y la respuesta: el “alienado” no ha adquirido esa conciencia, y la maquinaria invisible trabaja para que no la adquiera nunca, para que viva “enajenado”, es decir “fuera de sí mismo” y en función del mantenimiento del sistema. El alienado se percibe falsamente feliz dentro de una sociedad que incita al consumo como único leit motiv de la existencia humana. El alienado pacta con el sistema, se encuentra inserto en él sin saberlo y sin sentirse infeliz por eso, al contrario.  La prédica socialista nos advertía sagazmente contra las estratagemas del capitalismo para someternos voluntariamente. La más eficaz era –y evidentemente sigue siendo bajo otras apariencias y potenciada un millón de veces gracias a Internet- el acondicionamiento, es decir, la influencia sobre nuestras mentes a través de mensajes “subliminales” utilizando los Mass Media y la publicidad como transmisores de mensajes al consumidor de un sistema de producción orientado al lucro, que a cambio le ofrece la “libertad” de adquirir lo que quiera y, por ende, la “felicidad”.  No hay que olvidar que, por esos años los análisis de los llamados “Mass media” conocieron su mayor auge: ahí están La aldea global, “el medio es el mensaje”, de Mc Luhan; “Apocalípticos e Integrados” de Umberto Eco, “El hombre unidimensional” de Herbert Marcuse _haciendo la honrosa salvedad de que Marcuse también acusó al sistema comunista de alienar a sus individuos_  como prueba de la importancia de un tema que ha trascendido décadas y que emplaza profundamente los fundamentos éticos de la sociedad occidental.

La película “L’arrangement” (‘El arreglo”) escrita y dirigida por Elia Kazan, en 1969, que recién he vuelto a ver, me retrocedió mentalmente a esos años de polémicas fructíferas.  Después de 56 años, pareciera que las preguntas siguen siendo las mismas. El sistema y sus peligros siguen estando ahí, aunque debo reconocer que la “conciencia” también, a la espera de que vayamos a su encuentro, y exigiendo hoy más valor que nunca para afrontar el brillo de su iluminación, que nos empuja a actuar.  Más valor, sin duda, del que tuvo Eddie Arness (Kirk Douglas en el film), quien quiso “romper” con el sistema _primero en un fallido intento de suicidio y después tratando de destruirlo desde adentro__ para terminar siendo víctima él mismo de sus propias indecisiones, al adoptar conductas erráticas y contradictorias que solo consiguieron unir a todos los “adaptados” en su contra y sellar vergonzosamente su fracaso. La “sociedad” actuando como un ente amorfo de mil cabezas aullando por su sobrevivencia, acaba triunfando y su ensañamiento es tan cruel que por momentos se hace insoportable; sobre todo porque la historia tiene como trasfondo la expresión más extrema del sistema capitalista: Norteamérica. Con el agravante de que Eddie, hasta el instante mismo anterior a su “toma de conciencia”, encarna a una estrella fulgurante del Universo de la Publicidad, lo que no es un dato casual.

Para mí el instante más demoledor, de hecho, el que precede a la debacle final, es el dialogo entre Eddie y su esposa Florence    (magistralmente encarnada por Deborah Kerr) cuando ella intenta hacerlo “comprender”, le ofrece su “ayuda” y le pregunta que es lo que verdaderamente quiere “hacer”. Él le responde que no quiere “hacer” nada.  Solo tirarse en la hierba de cara al sol.  Solo quiere “ser”

A continuación, ella le pregunta, ¿pero... “ser qué”? 

-Nada, sólo “ser”

-Pero ser qué cosa, insiste ella...

-Nada, solo “ser” yo mismo

-Pero ¡tú qué eres!  Solo eres publicista... ¿y mientras tanto de qué vamos a vivir?

domingo, 13 de abril de 2025

EL AZAR Y LA RAZÓN

 

Reading Sociology

Si de algo estoy convencida, es de que el azar histórico existe, y lo que tomamos por hechos inevitables son producto de la casualidad, más que de decisiones.

En la Universidad Central dominaba la izquierda en pensamientos, palabras y obras, y la Escuela de Sociología en la que estudié no era la excepción. No podía serlo, eran los años 60’s.  En la escuela se discutían las tesis de los fundadores de la sociología, desde Comte hasta Parsons y las teorías funcionalistas. Esto lo reconozco hoy con admiración. Los profesores que dictaban esas materias se inmolaban cada día ante el tribunal inapelable del materialismo dialectico, pero no puedo negar que la izquierda estudiaba las teorías del “enemigo” para vencerlo en su terreno, y ciertamente no se evadían los debates con “la derecha” ni a la inversa, lo cual habla muy bien de la universitas que imperaba para la época.  Uno de los autores que estudiamos fue la del italiano nacido en Paris, Wilfredo Pareto (1848-1923) y su tesis de la circulación de las élites, que desde que la conocí hasta ahora, me ha parecido sabia.  De hecho, Pareto fue el responsable de introducir el termino élite en el análisis social. Para decirlo en pocas palabras, Pareto había constatado simplemente, lo que la historia nos ponía delante de los ojos: que las élites se alternaban en el poder, que éste les era negado a aquellos a quienes los políticos llamaban “el pueblo”, e incluso a las élites les daba un nombre: los leones constituyen la élite ilustrada, conservadora, idealista y burocrática. Los zorros cuando ejercen el poder, son calculadores, pensadores y materialistas. No es difícil deducir que los leones simbolizan a la “derecha” y los zorros a la “izquierda”. La izquierda negaba de raíz esta connivencia, odiaba cordialmente a Pareto y nadie se atrevía a insinuar que quizás sería mejor si nos gobernaran los que saben, los mejores, los más preparados, fueran leones o zorros. Yo al menos, nunca me atreví a proclamarlo públicamente, pero las tesis de Pareto me habían hecho un guiño que duraría casi que por siempre. Ya en cierta forma, en el país teníamos nuestras versiones autóctonas de sus tesis, las de Vallenilla Lanz, por ejemplo, y su Despotismo Ilustrado encarnado por Guzmán Blanco y el Gendarme Necesario, muy en la onda “leviatana” de Hobbes.

Y hablo del azar y la casualidad, porque releyendo un poco los antecedentes, no puedo llegar a otra conclusión respecto a cómo _por ejemplo_ conseguimos nuestra “independencia”(palabra que hoy no sé si me hace reír o llorar) ante la duda de si se debió a un conocimiento “elitista” o a la simple casualidad que, en la última década del siglo XX, durante los accidentados episodios que precedieron al golpe de estado de Hugo Chávez, hubiéramos tenido durante un cortísimo periodo, un miembro de la “élite ilustrada” al frente del gobierno: el historiador Ramón J. Velázquez, quien presidió un comité de Notables de cuya eficacia técnica y profesional se esperaba un cambio de timón de 180 grados en la conducción de un país que desde su nacimiento y hasta entonces había estado presidido por dictadores militares, con un breve periodo de cuarenta años de democracia representativa.  

Mi duda parte más de una curiosidad por lo casual, que del lastimoso desenlace del gobierno de Velázquez. Me refiero a si el hecho de llamar Notables a este grupo de hombres (contra quienes el país entero se ensañó con una fiereza, encono y desprecio que no se habían merecido antes ni los más desprestigiados miembros de los muy desprestigiados partidos políticos del momento) de si llamarlos así partió, repito, de la casualidad o del conocimiento histórico. Tratándose del Dr. Velázquez no me queda duda de lo último, aunque sí de que él se haya llamado a sí mismo y a su equipo “Notable” pues era conocida su decencia y humildad. Y la casualidad no está solamente en el apelativo, sino en las consecuencias que sobre toda nuestra historia como país tuvieron hechos que solo el azar pudo tejer de esa manera.

Nuestra rebelión independentista contra la corona española tuvo lugar mientras la península se hallaba desgarrada por la guerra contra la invasión napoleónica. Las ideas de la revolución francesa apenas habían podido traspasar los Pirineos, pero sin embargo penetraron y fueron asimiladas por adeptos libertarios, conocidos como los “Ilustrados”.  Bajo el reinado de José Bonaparte, esas mentes esclarecidas, esos Notables se reunieron en Cádiz bajo la forma de un parlamento, conocido por la historia como Las Cortes de Cádiz, para redactar la primera constitución española, que, inspirada en las ideas de la independencia americana y francesa, proclamó que la soberanía de la nación residía en el pueblo. Corría el mes de agosto de 1812. En ese parlamento se encontraban representantes de los territorios antillanos, americanos e incluso de la lejana Filipinas, que no temieron alzar su voz proclamando que sus países eran más vastos y más ricos que España, a la cual aún se encontraban arbitrariamente sometidos. Anunciaban sus próximas independencias y anunciaban, no la muerte de España, sino el nacimiento de nuevas naciones. 

La constitución de Cádiz representa un fino ejercicio de alta política, un ejemplo de lo que puede lograr la razón humana bajo los preceptos del honor y el respeto a las leyes, y constituyó sin duda alguna en aquel momento, la posibilidad para las colonias españolas de obtener su independencia civilizadamente. Pero los franceses fueron expulsados de España, y el pueblo, diezmado y exhausto del caos y de la guerra, ansioso de paz y orden, aclamó el regreso de Fernando VII, un personaje torvo, neurótico, malvado, obtuso y vengativo que durante su exilio en Francia se dedicó a quemar los libros de Voltaire y Rousseau. Cuando recuperó el trono, una de sus primeras decisiones fue abolir la Constitución de Cádiz y todos los “Ilustrados” y “notables” fueron apresados, junto a actores, periodistas, abogados e incluso aristócratas.  Muerte a las ideas. Viva la Muerte.

¿Qué habría ocurrido con nosotros y con nuestra historia, si en lugar del aberrante Fernando VII se hubieran impuesto las ideas de la Ilustración francesa, se hubiera ejecutado la Constitución de Cádiz, y los notables españoles se hubieran alternado en el poder no por su posición partidista sino para el bien del pueblo, como lo anunciaría Pareto 50 años después?  Probablemente nuestra sangrienta, interminable y absurda guerra de independencia, inútil como todas las guerras, o casi todas, no habría tenido lugar, Simón Bolívar hubiera podido dedicarse a viajar y a disfrutar de los placeres de su posición y su fortuna, y 200 años después,  habríamos alcanzado un grado de convivencia civilizada a través de la educación, habríamos valorado a nuestros Notables y no habríamos sido víctimas de un nuevo alzamiento militar que pretendió y lo pretende aun, retroceder la historia para cometer crímenes de lesa patria invocando su nombre.

jueves, 3 de abril de 2025

LOS SUEÑOS DE LA SIN RAZÓN

Francisco de Goya, De la serie Los Caprichos Asta su abuelo

Cada vez que tenía la ocasión, Carlos contaba que su influencia más fuerte como pintor, había sido y seguía siendo Goya. A su regreso a Venezuela, cuando comienza a investigar para su libro “La Mudanza del Encanto” las imágenes de Goya lo orientan y presiden. En la introducción del libro, afirma que los demonios no han abandonado al mundo, que su libro no se trata sólo de episodios de brujería y hechicería ocurridos en el siglo XVI ni de la quema de herejes, ni de los Autos de Fe de la Inquisición en América, sino de reconocer que los demonios siguen acechando al mundo bajo otras formas. Y hoy, 300 años después de Goya y 500 después de la Inquisición, cada vez que veo el mundo que tengo ante mis ojos, recuerdo esos párrafos. El parangón me parece indudable. 

Jamás he olvidado una escena precisa de la película “Goya, el herético”, dirigida por Konrad Wolf en 1971, y que gracias al bendito azar pudimos ver Carlos y yo, en un cine merideño. Es una escena en la que Goya penetra en una iglesia en Cádiz, mientras una gitana canta una saeta. Quizás fue lo último que en verdad escuchó, pues fue ahí precisamente, en Cádiz, donde fue atacado y vencido irremisiblemente por la sordera. Lo que brotó de la garganta de aquella mujer en aquel lugar inconcebible fue sublime y desgarrado, una flecha lanzada al centro mismo del alma de quien no podía permanecer insensible a tan tremenda revelación. Es la España que el artista, a quien la sordera ha privado de comunicación con los otros, encuentra en sus “visiones”. Los conocedores de su obra piensan incluso que su sordera la ayudó a crecer, impulsándolo a buscar en el fondo de sí mismo, en el silencio, imágenes que nadie antes que él, había visto. Su gloria crecía mientras, al mismo tiempo que ejecutaba los retratos que le encargaban, perseguía una búsqueda más personal y secreta en sus grabados y en pinturas que prefería no mostrar a nadie y que en lo esencial, no fueron conocidas sino mucho después de su muerte. Ya en 1799 Goya ha publicado “Los Caprichos” una serie de 80 grabados donde, como él mismo proclama “El sueño de la razón engendra monstruos”. Se ha representado a sí mismo a sus 53 años, el labio inferior grueso, la mirada cansada, los cabellos grises, el mentón doble, lleva un grueso sombrero negro y todo ello posee un aire descuidado e indiferente que parece decir “éste soy yo, así es como luzco y este es el mundo que veo”. En ese mundo se encuentran criaturas graciosas, las “majas”, chicas elegantes y fáciles, finamente calzadas que muestran algo de sus calzones con sus piernas ligeramente abiertas como signo indiscutible de prostitución, “dueñas”, divididas en cuatro, monjes deformados como criaturas coquetas, brujas, gallinas humanas desplumadas, espectros empestando el aire, machos cabríos gigantes, tribunales infames, muertos saliendo de sus tumbas. La razón dormida da lugar a los caprichos. Las imágenes recuerdan a la poderosa Inquisición de años atrás, sorprenden y hasta escandalizan. Los espíritus religiosos no encuentran allí ni la menor traza de piedad, al contrario: curas y monjes no muestran sino el rostro del horror. Toda la España del siglo XVIII se encontraba en “Los Caprichos”: una naturaleza inexorable, un cielo oscuro, sin esperanza, donde la gente sin embargo, no podía renunciar a rezar, una opresión antigua e inaceptable pero constantemente renovada como si renaciera de ella misma, una resignación reprimida y furiosa a la vez, una rareza normal, y siempre, siempre, la presencia de la muerte como miembro de la familia; la certeza tranquilizadora de que la razón no conduce al mundo e incluso, de que la Verdad Suprema es seguramente ella misma, irracional. Los demonios acechan en un rincón, en el pasaje repentino de una sonrisa de mujer a los más negros sueños. Toda la España e incluso mucho más. 

Goya se encontraba en Madrid cuando el 1 de mayo de 1808 el pueblo ataca a los mamelucos de Murat y lo paga caro al día siguiente. Sin embargo, no pinta sus famosos “Dos de Mayo” y “Tres de Mayo” sino seis años después de los hechos. Al elevar el acontecimiento por encima de sí mismo, lo inscribía para siempre en todas las memorias, a pesar de rechazar en el momento, mostrarlas al público. 
Casi toda España quería permanecer fiel a su monarquía, a la excepción de unos pocos “ilustrados” que acogían los ideales libertarios de la Revolución Francesa con entusiasmo. Pero eran muy pocos, sin capacidad para luchar contra siglos de aislamiento y atraso e impedir que semejantes cambios les fueran impuestos por la fuerza, que era lo que pretendía Napoleón. A pesar de lo ocurrido en Madrid y al contrario de lo que se le informaba a Napoleón, España no había sido conquistada por los franceses. El pueblo español se opuso con fiereza y coraje a los invasores, sin darles tregua, por todo el territorio, de Madrid hasta las Baleares, calle por calle, casa por casa, en todo lugar y a toda hora. Todo había explotado en Zaragoza, bajo el comando del duque de Palafox y su lema “guerra y cuchillo” que inaugura la guerra de guerrillas. Goya visita su ciudad natal tras los acontecimientos y horrorizado por lo que ve, comienza a esbozar lo que después seria “Los Desastres de la Guerra” hoy en día el catálogo más crudo y exacto jamás concebido por un hombre, sobre la atrocidad que nos habita. 
Solo en ocasiones comentaba que los fantasmas lo acompañaban y se hacían presentes en sus pinturas: “los fantasmas son insistentes -decía- “tenaces y más inflexibles cuando no podemos verlos” … “no sé de donde vienen ni quiénes son, pero mis manos los ven. De pronto están allí, bajo mis dedos y no puedo atraparlos. Nada puedo hacer, es como si sus rostros demoniacos o sus caras angelicales se escondieran en mis manos, de donde saldrán de tiempo en tiempo” 
Decía que pintaba miradas. Una de ellas era la de la Duquesa de Alba: “su mirada era la más fuerte, te traspasaba sin perdonarte nada, pero al mismo tiempo te comprendía y te ayudaba, venia desde encima de ti y se detenía a tu nivel. Era como una gracia. Una de las más bellas miradas que he encontrado” “Nadie se imagina cómo las miradas pueden ayudar a un pintor, pero no solo las de las duquesas. Hay veces en que un mendigo me mira fijamente en la calle, entonces entro a mi casa y la dibujo tratando de reencontrar el brillo que he percibido en sus ojos, pero también en sus manos enfermas, sus dientes podridos, su cuerpo encorvado. Lo mismo puede ocurrirme con un perro”. “Cuando pintaba al rey, al Borbón, no encontraba nada, solo un vacío. Una mirada como de agua sucia, de cabra muerta. Nadie se imagina cuánto padecí”. 
Goya, genio iluminado, atacado por los caprichos del azar, convencido de la existencia de fantasmas y guiado por la certitud de sus visiones, fiel reproductor de su propia imaginación y sin embargo capaz de copiar la realidad y ennoblecerla incluso dentro de la fealdad y el horror, capaz de la tarea imposible de embellecer a la Reina Maria Luisa y de hacer crecer al Conde de Floridablanca. Sordo como Beethoven, guiados ambos en las tinieblas del silencio por la magia de una divinidad ignota. Genio inmortal.