martes, 23 de abril de 2024

ASESINATOS, S.L

Paul Klee. Magia de los peces


ASESINATOS, S.L 

                                                                                                                Maria E. Sánchez 
                                                                 Limoges, febrero 11, 2024


 “Lo que hay de terrible en la muerte, no es el número, sino la calidad de sus víctimas. La muerte de un Sócrates es un crimen infinitamente más grande contra la Humanidad, que las masacres que cometieron las innumerables y salvajes hordas de Gengis Khan que se desencadenaron en Asia”  
                                                                         Ivan Dragomiloff


 ¿Puede un hombre considerarse inocente de haber cometido no uno, sino múltiples asesinatos, debido a que éstos se ajustan a Principios Morales que él mismo se ha dado? ¿Y si este hombre ha examinado el precepto “No matarás” sobre bases filosóficas más rigurosas que las de la religión, las creencias y los ideales teológicos, y se ha otorgado a sí mismo el papel de Salvador, para liberar a la sociedad de seres considerados, de acuerdo a tales bases, ¿“indeseables”? 

¿Y si, como resultado de esa reflexión, resultara que “filosóficamente” quedáramos exentos del cumplimiento de ese precepto, y, por lo tanto, el asesinato dejara de ser condenable, más bien por el contrario, se justificara sobre las bases de una moral personal que pretende el bien común? ¿Una moralidad que permitiera enjuiciar y perpetrar a la vez? 

He ahí el núcleo sobre el cual se desarrolla la impecable novela “The Assassination Bureau, Ltd” (Jack London, primera edición 1963)

Nada más ni nada menos que una mirada, por añadidura revestida de un fino sentido del humor, a los límites entre lo legal y lo ilegal, entre el “orden social” y la anarquía, entre el libre arbitrio y el pragmatismo social, entre otros. Una empresa cuyo objetivo es asesinar, concebida y dirigida por un filósofo anarquista ruso residente en New York, Serge Constantine, (Ivan Dragomiloff, para efectos criminales y encarnación en una cierta medida, del pensamiento de London, por otra parte) bajo una rígida ética “personal” y un código deontológico que le faculta, entre otras cosas, a “asesinar solo cuando el asesinato esta moralmente justificado para la sociedad” 

Una empresa que despliega sus actividades en la más absoluta ilegalidad pero fundamentada en el honor, y en principios respetados en primer lugar por el propio Dragomiloff, pero también por cada uno de los miembros “reclutados” como asesinos, en razón de cualidades personales previamente definidas y establecidas entre todos. Una “empresa” capitalista, de la cual al comienzo tendemos a comprender, aunque no justifiquemos, sus fines, si nos basamos en sus repercusiones. Se supone que ellos ejecutan una suerte de “profilaxis” social. En palabras de Dragomiloff, se trataría de eliminar (siempre bajo contrato previo del cliente) “un capitán de barco brutal, un usurero, un político corrupto” (lista que Dragominoff utiliza para ejemplificar el tipo de personajes a eliminar como parte de las pruebas “iniciáticas” que deben superar sus miembros para ser contratados). 

El golpe a la conciencia que significa enterarnos de que tal cosa pueda existir, que alguien se haya dado a si mismo los argumentos “morales” para atribuirse el papel de desembarazar a la sociedad, mediante el asesinato, de aquellos que ya han sido enjuiciados y condenados por él, nos sacude y nos deja estupefactos. Aunque todos tendamos, abierta o secretamente, a aprobar acciones punitivas dirigidas a hacer más viable la convivencia social, justificamos las cárceles, y el castigo siempre que se apliquen por los medios legales establecidos. El dilema entre la moral aristotélica y la razón Kantiana se nos abre de forma acuciante, intensificada por la acción  magníficamente tensada por London. 

Pero en el fondo, tal profilaxis no es realmente la que orienta las acciones de Asesinatos, S.L. Es simplemente el interés económico puro y duro, ya que entre sus víctimas hay tanto “culpables” como “inocentes”. La cuestión aquí es otra. Es el debate de los “Principios” de la Oficina de Asesinatos, al que se entregan ardorosamente sus miembros, cada vez más obsesionados por el cumplimiento de sus estrictas normas, en todo momento y bajo cualquier circunstancia, y siempre a la búsqueda de justificaciones filosóficas para sus actos.

En la novela de London, el hecho de que alguien pueda concebir una empresa cuyo objetivo es asesinar, y que encima, lo haga de manera económicamente exitosa, tiene una deriva inesperada donde se entrelazan la intriga, el suspenso y los eruditos debates filosóficos, políticos y sociológicos que surgen entre sus miembros, como si practicaran un continuo examen deontológico de su organización, bajo un delirante fanatismo moral, sin renunciar por ello a sus objetivos pragmáticos. 

Asesinatos, S.L ha reclutado científicos, investigadores, helenistas, hebraístas, ex catedráticos de eminentes universidades, expertos artesanos. Todos poseen un meritorio currículum que han abandonado para entregarse por entero a la organización, pero no solo eso, también son ejemplares padres de familia y miembros de su comunidad. El conflicto entre el cumplimiento de la que sería la última misión de la organización –eliminar a su creador, bajo sus propias ordenes y por encargo de un cliente que, en cierto modo, es la encarnación de los ideales socialistas del propio London- sin destruir por ello a la empresa, queda resuelto por determinación del propio Dragomiloff, al desaparecer él mismo, habiendo eliminado previamente a los demás miembros de la organización encargados de asesinarlo, asegurando con ello la vigencia de su pensamiento y los Principios morales que sirvieron de fundamento a la empresa.

En esta novela que dejó inconclusa, y fue terminada en 1963 por Robert L. Fish, siguiendo las anotaciones dejadas por London, éste logra, con una brillantez regocijante, poner de manifiesto esta contradicción, permitiendo el afloramiento del absurdo, en ocasiones, pero también por momentos, dejándonos asomar a la “nobleza” de los móviles y a la “integridad” personal de los asesinos. Como en un juego de espejos, todo tiene varias caras, y son estas múltiples facetas de lo que consideramos valores eternos o principios irreductibles, lo que London cuestiona sutilmente y nos deja entrever aunque no lo advirtamos, por el ritmo de suspenso e intriga que mantiene la historia a lo largo de todo su desarrollo. Intuimos, sin embargo, la presencia de una especie de materia inefable que permea las fronteras entre lo que concebimos como permitido y como prohibido socialmente, que se desliza entre los cánones que las sociedades se han dado a sí mismas para posibilitar una mínima convivencia entre  “lobos domesticados”, (que es en última instancia, lo que somos) y la imposibilidad aparente de constreñir el sinsentido, la sinrazón de la existencia, bajo la rigidez de unas normas que siempre terminarán por ser arbitrarias e injustas, vengan de donde vengan. Y todo ello hasta el punto de no saber si algo dentro de nosotros nos inclina a rechazar el “fanatismo moral” de Asesinatos, S.L y sus ejecutorias, a considerarlo verdaderamente “una locura” como se refiere a ella el joven Winter Hall, o a experimentar finalmente cierta empatía con su creador, Dragomiloff, el héroe por así decirlo, de la historia, sus ideas y hasta en cierto sentido, los nobles motivos que lo impulsan.

 Una magnfica obra de este autor prematuramente desaparecido, que ha dado origen a múltiples ensayos, estudios y debates filosóficos desde su aparición 

domingo, 7 de abril de 2024

EL PELIGRO DE JUGAR CON LOS CISNES


Dorothea Tanning. Flor


EL PELIGRO DE JUGAR CON LOS CISNES

                                                                   Maria Eugenia Sánchez

                                                                                          Abril 2024

 

Cada quien libra a diario, consciente o inconscientemente, durante el transcurso de toda su vida, una batalla cuyo único fin es ser aceptado en el mundo y amado por los demás. Aunque parezcan muchas y diferentes, en el fondo todas se reducen a esa única y personal batalla, siempre insatisfecha, que libramos cada día bajo otros ropajes y con las armas que tengamos a nuestro alcance. Es que, sin ser amados o aceptados, no podríamos concebir la vida.   

Las armas que utilizó Truman Capote fueron su genio, su prodigiosa memoria y su talento histriónico para ser “adoptado” por la entonces llamada Café Society, símbolo de status, garantía de pertenencia a un Paraíso mundano y deslumbrante al que muy pocos accedían, cercano y esquivo a la vez. Para él significaba no solo reproducir la misma aspiración de su madre, sino reestablecer, al menos ilusoriamente, el único vínculo que la unía a ella.

Las mujeres pertenecientes a esa élite, encarnaban el epítome del refinamiento y el lujo, todo aquello que no podía comprarse, todo lo que estaba más allá del dinero. El las adoraba, las sorprendía con su agudeza y su inteligencia, las encantaba por su conversación, hasta lograr al cabo de un tiempo, transformarse en su leal amigo y confidente.

“delgadas, bellas, elegantes, meticulosas. Tanto en su atuendo de ciudad como en el campestre, conservan el exquisito encanto del espíritu”

¿Mujeres amadas? Para Balzac eran lirios. Para Capote eran cisnes:

“Puede ser que el cisne se deslice sobre las aguas de una liquidez lucrativa, pero eso no explica a la criatura en sí misma. Su talento –como todo talento- se compone de sustancias que no pueden comprarse. Porque un cisne es invariablemente el producto de la adhesión a un sistema de pensamiento estético, un código transpuesto a un autorretrato. Lo que vemos es el retrato imaginario, proyectado con exactitud.  Es la razón por la cual ciertas mujeres, que sin ser verdaderamente bellas han triunfado sin embargo sobre su físico ingrato, han podido ocasionalmente parecer un cisne. Ellas tienen de sí mismas una visión tan segura, decorada tan hábilmente de artificios exteriores, que cedemos a sus exigencias, e incluso quedamos convencidos de su (pretendida) autenticidad, que al cabo deviene verdaderamente auténtica”

Magnificas criaturas a las que, sin embargo, Capote traiciona. Después de la publicación de su libro ‘Plegarias atendidas” obedeciendo a la desdichada idea de divertir a sus lectores a costa de hacer públicas las confidencias íntimas que sus “cisnes” le han revelado en ocasiones al filo de suntuosas cenas, Capote lo pierde todo de un golpe. Al menos todo lo que había formado una parte de su empeño vital, de su necesidad existencial. Había vivido durante tanto tiempo en la atmósfera de esas charlas privadas y levantado con tanta paciencia el edificio de su prestigio, que no había calculado el riesgo y sin darse cuenta, vanamente impulsado por la necesidad de repetir el suceso de “A Sangre fría” y sorprender nuevamente al mundo, esta vez con una obra de estilo “proustiano”, había caído en su propia trampa y lanzado a la plaza pública lo que le había sido confiado bajo el sello de una amistad íntima.

La reacción a “Plegarias atendidas” había sido inmediata: sus fieles estaban consternados, los ricos, enojados por su audacia y su indelicadeza, se sentían traicionados. Algunos habían hablado de auto-destrucción. De nada había servido el baile en blanco y negro que celebrara en el año 1966 como demostración frente al gran mundo, de su notoriedad internacional. Para él, “Plegarias Atendidas’ fue la experiencia inédita del asombro y al mismo tiempo, el comienzo del descenso a los infiernos. Comienza a experimentar a partir de entonces, el paulatino abandono de la mayoría de sus amigos, abandono que no cesará de producirse hasta el final.

Hasta el mismo Norman Mailer, quien siempre lo consideró un escritor extraordinario, se vio obligado a decir:

“Jamás hubiera pensado que se mostraría tan imprudente. Y no se trata de audacia. Se trata de inconsciencia. Ya lo había visto mostrarse audaz –lo había sido toda su vida- pero no arrogante. Finalmente, ¿a quién le interesa ese género de cosas? La historia no tiene interés si uno no sabe de quién se trata”

Capote había elegido el título de su novela de la frase de Teresa de Ávila:

“Más lagrimas se derraman por las plegarias atendidas, que por aquellas que no lo son”

Y efectivamente, aunque no se expresara en lagrimas, el efecto que el rechazo mundano tuvo sobre el resto de su vida, fue definitivo. A partir de “Plegarias atendidas” comenzó a nadar contra la corriente. Al final de su carrera, exhausto y enfermo, cercado por la depresión y las ideas de suicidio, se interroga sobre las causas que lo llevaron hasta allí.  

Y, sin embargo, sus “dobles” (Joel, P.B.Jones, Holly Golightly) ya habían conquistado la inmortalidad. Desde “Otras voces, otros ámbitos” a “Una infancia radiante” sus personajes han permanecido atados a sus paraísos perdidos, revivido terrores pasados, la angustia del abandono, la imposible realización edípica. Con solo leer “Mojave”, “Miriam”, “Música para camaleones” o “Un verano indio”, comprendemos que Capote poseyó la fuerza de evidenciar, de convencer, tallada en su permanente obsesión por encontrar la forma más natural de contar una historia, de hacer que una vez leída, fuésemos incapaces de imaginarla de otra forma.  Es gracias a esa depuración, que hoy es considerado el mejor estilista de su generación, un soñador realizado, donde la escritura obedece a leyes de perspectiva, de luces y sombras, como la pintura y la música.

Desde su muerte, en agosto de 1984, la figura del extraordinario escritor que fue Capote, no ha dejado de crecer en Estados Unidos y en Europa. Artículos de prensa y revistas, reedición de sus novelas, reportajes y entrevistas, el cine, con los films “Escandalosamente celebre” de Douglas Mc. Grath, y ‘Truman Capote” de Bennet Miller, donde Phillip Seymor Hoffman obtiene el Oscar al mejor actor masculino por su magnífica interpretación de Capote, dan cuenta de su nivel icónico (por sus escritos desfilan cincuenta años de la sociedad de su tiempo) y de su inmenso prestigio literario, reconocido y ensalzado por los mejores escritores de su época.

Los círculos intelectuales y universitarios americanos, (Stanford, Iowa, Carolina del Norte, Cornell) lo celebran por su parte, a través de premios, como “Truman Capote Fellowship”, entre otros premios y reconocimientos.

Capote alcanzo la Gloria real, después de jugar peligrosamente con sus cisnes imaginarios.


miércoles, 3 de abril de 2024

 

Mario Abreu. Toro constelado


minimos de abril


En la inmensa pradera tibetana, la manada de bisontes dibuja una linea sinuosa, como siguiendo la huella imaginaria del desplazamiento de una serpiente gigantesca. Bisontes solitarios, salidos de los matorrales se unen en orden a la tropa, ensanchan y bifurcan el trazado, que desde las alturas recuerda una coreografia de la naturaleza salvaje, fundida en una sola masa con la tierra, el aire y el cielo. Una hiena, agazapada entre la maleza, espera. Desde las alturas observamos la aparición de un nudo que altera momentáneamente la perfeccion del dibujo. Un miembro de la tribu es atacado, sus compañeros intentan reatraparlo, pero fracasan. La hiena triunfa y se aleja con su presa. La manada continua su marcha implacable. 

(escena de la película "La panthere des neiges")


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Nada podemos hacer ante un gesto que nos desnuda


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Sólo el gesto tiene el poder de condensar siglos de historia en un instante


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Un gesto puede representar una herencia


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Tu familia te explica


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Ver el azul del cielo venezolano en una foto, es una experiencia fisico-química

 

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Hay que cabalgar sobre las palabras y domarlas como a potros salvajes

 

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miércoles, 27 de marzo de 2024

LOS OJOS DE ALEJANDRO


Dorothea Tanning "Cauchemar"


LOS OJOS DE ALEJANDRO


Los ojos de Alejandro

El Magno

se entrecerraron ante el fulgor

del oro, la plata y 

el alabastro

Intentaron en vano descrifrar el decorado

de las alfombras

Nombrar aromas vírgenes 

Preferir un adorno, o un mueble

El olor fragante de la mirra

inflamó su pecho

                                     ..................


Era la corte del vencido

Rey Darío de Persia

Era el Salón de sus tesoros

Conquistado

Sus pies se hallaban sobre tierra

y polvo de dos siglos.

                                       ..................


Desde los aquemenides, la Historia

no habia cesado de aposentarse

sobre rios de nácar 

plumas de aves

innombradas

dátiles ambarinos

palmeras y 

arenas sutiles como

vapores incandescentes

Tambien sobre sangre y sufrimiento


                                      ..................


Aullidos de dolor

de la torturada Gaza

se escucharon bajo su 

Dominio

Un canto desgarrado se

alzaba bajo su planta

invencible

El eco de ese coro resuena

Todavía 

                                         ................


Alejandro

El Magno

vivía en vida su propia

Leyenda, como

Aquiles

Y podía ser épico, cruel o

Magnánimo 

como el Héroe 

que, habiendo ganado

el Ganges, respiraba aún entre

las paginas de su infancia

esperando ser atesoradas

en el cofre de Darío 

                                         ...................


Alejandro

El Magno

con sus ojos de fuego

se miraba a si mismo y sabía.

Sabía que sus pies, alados

como los de Aquiles

no se habian detenido al

final del camino

Que la planicie del mundo

No terminaba allí

donde ahora miraban

sus ojos 

Que habia otros confines

Que era preciso llegar hasta

Hindu Kush

la montaña donde Aristoteles

su Maestro

le habia asegurado que se encontraba el borde

del Mundo

Alli sus ojos

verían al fin derramarse

la cascada del inmenso océano 

hacia el abismo infinito

Hacia la Nada aristotélica 

(o tal vez sartriana)

                                              .................. 

                                      

La ambición alejandrina

no conocía límites 

Su alma

Poseida por Pothos 

deseaba alcanzar lo ausente

Era preciso

comprobar que

el mundo estaba a su altura

Que era tan magno

como él 

                                           ..................


Los ojos de Alejandro nunca

contemplaron el borde

del mundo. Tampoco

llegó a saber que fue nombrado

El Maldito

por los seguidores de Zoroastro

La maldición fue pronunciada sobre

las brasas de la Biblioteca

incendiada bajo su orden 

En la memoria de aquel fuego

yace para la eternidad el 

Avesta  Sagrado


Alma claroscura

Leyenda

Ficción 

Historia

Presencia

Olvido

Los ojos de Alejandro

El Magno

guardan el secreto



martes, 26 de marzo de 2024

MÍNIMOS

 

                   

                                                          mínimos…

 

Si el agua es vida, y viene del cielo, entonces la vida viene del cielo


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Nadie nos va a revelar el misterio de la vida. Vinimos aquí para ensayar una y otra vez, solos, sin desvelarlo jamás.


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El camino de la auténtica felicidad nace en tu interior y se expande hacia todo lo que haces, todo lo que tocas, todo lo que vives. Si crees haberla encontrado en sentido contrario, tu felicidad será falsa


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No dejemos que el mundo exterior nos acorrale


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La naturaleza es maravillosa tal como es. No necesitamos verla a través de una pantalla


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La impaciencia es la hija del Sr. Miedo y la Sra. Desconfianza


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La Paciencia es el arte de disfrutar los minutos que transcurren


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Llega el momento en que notas que la felicidad que buscabas afuera, siempre estuvo en tu interior


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¿Por qué corremos, si lo que buscamos ya lo tenemos dentro?


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Es monstruoso que nos induzcan a ver el mundo con un casco de V.R


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Vinimos a sembrar                                                                                  

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Lo que va a pasar, pasará. Te impacientes o no

sábado, 16 de marzo de 2024

RENDEZ-VOUS AVEC UN RÊVE



 RENDEZ-VOUS AVEC UN RÊVE 


                                                        
 
La panthère des neiges


                                                               

SYLVAIN TESSON.  Ecrivain, voyageur et essayiste français, a accompagné Vincent Munier, son ami, photographe animalier français, au Tibet, a la recherche de la panthère des neiges. Ce voyage a donné lieu à un film extraordinaire « La panthère des neiges » sorti en 2021.


                                                                       

Sylvain Tesson

                                                

Voici quelques impressions de Sylvain :

« Je l’avais rencontré (Vincent) un jour de Pâques, après la projection de son film sur le loup d’Abyssinie, et notre amitié était née de mon admiration pour l’artiste. Il m’avait raconté sa vie de photographe animalier, et détaillé les techniques de l’affut. C’était un art fragile et raffiné, consistant à se camoufler pour attendre une bête dont rien ne garantissait la venue.

Il m’avait invité à l’accompagner au Tibet a la poursuite d’un être que je croyais disparu, la panthère des neiges.

Pour moi, un rêve

Pour lui, en rendez-vous »

                                 …………………….

                           


Vincent Munier dans une scène du film 


« Munier avait fait de l’affut une esthétique en même temps qu’une philosophie. Il avait attendu la venue des loups blancs d’Ellesmere, des harfangs de l’Arctique, des rennes de Sibérie »

« Mais que cherchait-il mon camarade, à fouiller ainsi les rochers à la jumelle ? Tout n’aurait donc pas être crée pour le regard de l’homme »

                                              

 

Vincent Munier


Sylvain : Toi, quand tu dois revenir dans les Vosges et que tu dois avoir des échos de l’actualité, et de tout le théâtre de marionnettes des hommes, tu dois trouver ça a la fois absurde et effroyable ?

Vincent : C’est sûr que les retours sont parfois compliqués. Mais je le sais. Ça fait plus de 20 ans. C’est vraiment des respirations d’aller dans des endroits comme ça. C’est un peu une fuite, finalement… tu vas dans une nature que n’a pas être bouleversée, que n’a pas été…tu vois…où l’homme n’a pas encore mis sa grosse griffe dessus.

 

(Après l’apparition de la panthère des neiges)

« C’est un saisissement du cœur quand même ; c’est tout ce à quoi on a renoncé, nous : la liberté, l’autonomie, la connaissance parfaite de l’environnement.

J’avais croisé le beau visage de l’esprit des pierres. Son image glissée sous mes paupières vivant en moi quand je fermais les yeux. Je voyais sa face de chat hautain, ses traites plissées vers un museau délicat et terrible

J’avais vu la panthère

J’avais volé le feu

Et je portais en moi le tison

J’avais appris que la patience était une vertu suprême, la plus élégante, et la plus oubliée. Elle aidait à aimer le monde.

Sur les pages de mon carnet, j’avais réuni les quelques principes que m’inspiraient ces journées passes à côtoyer la beauté :

Vénérer ce qui se tient devant vous

Ne rien espérer

Jouir de ce qui s’offre

Avoir foi a la poésie

Se contenter du monde

Lutter pour qu’il demeure »


Tempête au Tibet 











martes, 12 de marzo de 2024

ELOGIO DEL OCIO


ELOGIO DEL OCIO

                                                                    Maria Eugenia Sánchez

                                                                                        Marzo 2024

Nombré "Hallazgos del ocio" a este Cajón de Sastre donde dejo caer mis ocurrencias, porque en aquel momento recordé la famosa frase de Baudelaire, sobre la imaginación y “el ocio creativo”. Pero entonces no recordé que hace poco tiempo, gracias a una revista digital española: “El Vuelo de la lechuza” descubrí a un ser fascinante: Nicolás Gómez Dávila (Bogotá, 1913-1994) uno de los filósofos colombianos más reputados del S. XX, en su país y en el exterior, traducido a varias lenguas.

Gómez Dávila dedicó su vida “a un pensar febril” y sin duda, su mente fue capaz de decantar un pensamiento propio, de resonancias profundamente humanistas y de dejar aportaciones singulares a la corriente filosófica universal.

Fue un firme defensor del ocio. Lo consideraba indispensable para la maduración de los frutos del intelecto. Y nadie mejor que él para afirmarlo, debido a que llevaba una existencia “ociosa”. O, mejor dicho, “ociosamente productiva” Decía, por ejemplo: “La creación es un atributo Divino que justifica al creador, pero que solo puede emerger del ocio. Para crear es preciso contemplar, meditar, reflexionar”

Esta defensa del ocio no puede interpretarse como una invitación a tomar la vida como un perpetuo vagar, en espera de que la simple “desocupación” nos aporte la inspiración para crear una obra artística o intelectual. Al contrario, concibe y propone el ejercicio del ocio como un valor que opone a la sociedad de comienzos de siglo, que observa, analiza y critica duramente: “En la dinámica capitalista actual, en el desenfreno técnico que llamamos “progreso” no es concebible el ocio creativo. En su lugar lo que existe es una falsa válvula para la sociedad de consumo que nos empuja al trabajo diario, que concede unos pocos días de descanso, y luego se reinicia la labor a la manera de Sísifo. El ocio creativo ha sido sustituido por el entretenimiento”

En este sentido, afirma que “el hombre (actual) no debe su experiencia vital al tipo de vida que lleva diariamente, sino a las horas de ocio que ésta le deja”

Desarrolló y defendió ardorosamente la idea de que solo el ejercicio del ocio permitía alcanzar el esplendor de la inteligencia: “la inteligencia es una Patria. La mente es una catedral, y su luz es la inteligencia.

El disfrute consciente del ocio permite el florecimiento de la inteligencia, pero siempre que esté ligada al disfrute de nuestra sensualidad, entendida ésta no como la búsqueda de placeres superficiales y efímeros, sino de abrir nuestros sentidos para que el mundo sensorial nos penetre.

“La ociosidad como tal, no es la madre de ningún vicio, al contrario, se trata de una vida ciertamente Divina”

“La inteligencia actúa por reflejos. Necesita disparadores, vida, pulsiones. “La inteligencia brilla allí donde la realidad abre una herida” 

Penetrando profundamente en el verdadero sentido del placer, y negando de lo que comúnmente entendemos por él, afirma: “La sensualidad sin inteligencia queda inconclusa, trunca, ciega” Haciéndonos ver que todo lo que nos penetra a través de los sentidos, será vano, superfluo, y no dejará huellas en nosotros, a menos que lo incorporemos a nuestro ser a través de la inteligencia.

La vida misma es la primera fuente de placer y para vivirla a plenitud es necesario estar consciente de ella

“Imposible me sería vivir sin lucidez”

“Cuando la inteligencia y la sensualidad coinciden, se da un equilibrio donde el placer perfecto no es más que el conocimiento perfecto” El desarrollo de este pensamiento lo lleva a esta atrevida sentencia:

“La fórmula filosófica perfecta no puede ser otra que una “metafísica sensual”

Gómez Dávila dedicó su vida, como ya he mencionado, a “pensar” pero publicó poco, apenas cinco ensayos (1). Mientras más profundizaba en su pensamiento, más se convencía de que la expresión de la esencia humana no necesitaba de grandes establecimientos, declaraciones, principios ni doctrinas. Parecía que, paradójicamente, mientras más pensaba, más reparos le hacía al pensamiento tal como ha sido configurado y transmitido para el conocimiento de la humanidad.  Esto lo conduce a una “sana desconfianza frente a las grandes construcciones intelectuales”

Se le critica a Gómez Dávila su pensamiento aristocrático, de derechas, por ser un firme defensor de la tradición (en el sentido de herencia socio-cultural) como factor de equilibrio para la convivencia humana. En realidad, su pensamiento va mucho más allá de esa clasificación. Estudió y reflexionó sobre el legado del pensamiento filosófico en todas las etapas de la humanidad, y formula criticas profundas a la sociedad occidental, diciendo que la humanidad nunca ha alcanzado realmente la civilización, y menos en la actualidad, pues el desarrollo económico, industrial y tecnológico capitalista está lejos de constituir una civilización. De las etapas históricas de la humanidad concluye que “la Edad Media fue el último exponente de una realidad equilibrada y estable”

“Después de la Revolución Industrial, no ha existido ninguna civilización. El clasicismo griego y la tradición occidental ocupan el pasado”

Refiriéndose a la sociedad de su tiempo, considera que la pérdida de la tradición es nefasta para la convivencia humana: “cuando el respeto a la tradición perece, la sociedad, en su incesante afán de renovarse, se consume frenéticamente a sí misma”

En cuanto al Socialismo, afirmaba simplemente “El Socialismo es la filosofía de la culpabilidad ajena”

De las Revoluciones decía: “Al estallar una revolución, los apetitos se ponen al servicio de Ideales. Al triunfar la revolución, los ideales se ponen al servicio de los apetitos”

 

“Nuestros odios son la medida de nuestro rango”

Llevando al extremo su desconfianza en el futuro que le espera a una humanidad descontrolada y sin asideros morales, propone “Solo una cosmovisión parece salvarse: La aristocracia liberal” (la cual, dicho sea de paso, va de la mano de la “Metafísica sensual”) en esta especie de Republica Gómezdaviliana, donde las bajas pasiones del hombre en un sentido individual y social, han quedado dominadas por el ejercicio inteligente del ocio.  

En realidad, más que a pensar, Gómez Dávila se dedicó a “perseguir interrogantes existenciales” Su instrumento fue el escolio -una suerte de aforismo- y precisamente, es el título que lleva uno de sus libros “Escolios a un texto implícito” (1977)

Estaba convencido de que el exceso de palabras perjudica la expresión del pensamiento, y buscaba obsesivamente esa depuración, ese “fragmento” que fuera capaz de sintetizarlo todo.

Enemistado con el “Principio de autoridad aristotélica” desconfiaba de las condensaciones de saber acumulado:

“en filosofía, lo que no es fragmento es una estafa”

Su deseo era otro: “mi ambición es decir en diez frases lo que otros dicen en un libro” porque “carezco de opiniones. Solo tengo buenas ideas, transitorias y fugaces”

Lo que Gómez Dávila llama “unas pocas ideas” son en realidad, el fruto decantado de una vida dedicada a la lectura y a la reflexión sobre lo leído:

 

“La lectura, bien entendida, compromete, o no es lectura”

 

Sin la filosofía, la vida sería inconcebible:

“La filosofía es el pilar fundamental que permite al hombre soportar esa realidad incongruente y por momentos, mortífera”  

Sin embargo, la dedicación al pensamiento no viene exenta de la angustia y el tormento que se desprenden del simple hecho de vivir lúcidamente, y ser testigo de los abismos que circundan a una humanidad desorientada.

“Qué hacer de todo lo que me seduce”

“¿Cómo vivir entregado a la sola tarea de vivir”?

“La lucha del espíritu crítico es con el mundo, con lo prosaico del existir constantemente. Porque lo terrible no es existir, sino existir constantemente”

“Toda la habilidad del Mal esta en transformarse en ese dios doméstico y discreto, cuya presencia ya no inquieta”

 

 

(1)           Nicolás Gómez Dávila: “Notas” (1954. “Textos I” (1959) “Escolios a un texto implícito” (1977). “Nuevos” (1986) “Sucesivos” (1992)