Leonora Carrington. Mural
Acabo de leer o releer, no sé, o quizás acabo de pensar, o de escuchar o de ver en las noticias, la prácticamente total impunidad de los ataques terroristas,, que se enfrentan con estupefacción y siempre con reacciones tardías ( !reacciones, al fin y el cabo!) .. y los rostros, gestos, miradas, de las víctimas.. todas las víctimas.. los que mueren y los perpetradores, los que fallecen y los que quedan vivos, los allegados, los relacionados, los sospechosos, los que tienen miedo y los que se sienten seguros… hasta que elaboré estas definitivas y a la vez transitorias conclusiones.. porque todo cambia, nada permanence intacto y el tiempo es una illusion fragmentada..
Estas son mis conclusiones para este fragmento en el que me deslizo lo más subrepticiamente que puedo:
El hombre contemporáneo no tiene certezas, aunque se muestre muy seguro de sí mismo. En el fondo, el habitante de la selva amazónica, el de las estepas afganas, el de los fiordos noruegos, o el de las megalópolis urbanas, está tan herido y desorientado como las aves y los peces que van a morir en las costas, sin saber qué les ha ocurrido.
Si los primeros viven de la caza y la pesca, el planeta contaminado les ha ganado la batalla, porque el ciclo de la vida ha estallado en cada eslabón de su cadena y el azar ha tomado el control. La existencia del hombre dentro de su aldea social, pierde minuto a minuto su sentido sobre el planeta.
Presas de su miedo y su confusion, algunos optan por adscribirse a la formula salvadora de un Pensamiento Unico, que se impone y se le impone, casi siempre a costa del terror y la extinción. Una sola explicación, un solo color, un solo Credo que lo resuma todo, vuelve a aparecer en su horizonte como la solución mágica que calmará la angustia existencial y se extenderá como un manto de sueño sobre la tierra, así esté yerma y despoblada, plagada de peste y muerte.
Todo puede destruirse y es destruido. Nada es sagrado, todo es intercambiable. Las dudas no pueden abrirse paso, son abatidas por el instante de placer que da el espejismo del Poder, y la angustia y el miedo que le condujeron al fanatismo parecen momentáneamente derrotadas. En su mente atribulada, se considera Salvado.
El hombre contemporáneo no tiene raíces; la itinerancia integra su nuevo ADN, es un transhumante de un espacio náutico irreal, que le confiere una configuración extra humana, o sub-humana. No es una totalidad, es un apéndice virtual. No importa que su transhumancia sea real, es decir, no importa que se desplace verdaderamente con sus piés de un lugar a otro, arrastrando consigo pedazos de su propia historia, o que lo haga detrás de su dispositivo electrónico. Ambos desplazamientos terminan siendo igualmente engañosos y adquieren una lamentable banalidad, cuando pasan a ser del conocimiento de otros. Las que creíamos Verdades Trascendentales, se transformaron en frases bonitas. Las tragedias humanas perdieron grandeza y profundidad cuando pasaron a ser globales. Nada es suficientemente horrendo ni hermoso, nada tiene el poder de conmovernos mas alla de unos minutos.
El hombre contemporáneo no sabe quién es. No importa si maneja todos los hilos del Poder....o ninguno. No importa si vive en una aldea en Borneo, en un pueblo al norte de Finlandia, o en un barrio de Nueva York. Aquél muy rico y poderoso, convencido de que en su propia Isla estará a salvo, está tan perdido como el último desplazado de las guerras africanas. Está tan desamparado y aterrado, tan ajeno de si mismo, como el anónimo hacker atrincherado en su bunker. Solo que ninguno de ellos lo sabe, y tanto unos como otros, viven bajo el engaño del poder, lo tengan o no, lo ejerzan o no; son presas de sus propias o ajenas creaturas. El refugiado sirio, el rohinya, el aldeano Somalí, el indio mexicano.. vive en un agujero negro tan lleno de interrogantes como el poderoso, -aunque éste último sea preso de su paranoia- sin posibilidad de intervenir en el manejo de su propio destino. Las preguntas que se hace el que no tiene nada son tan imposibles de responder como las del que lo tiene todo: ambos sin saberlo son rehenes de fuerzas que no controlan.
Una Guerra ejena determinó la vida del desplazado. Una conspiración de enemigos ocultos puede acabar con la existencia del poderoso que invertiría toda su fortuna para asegurarse la inmortalidad.
Porque cree que todo lo que existe comienza y termina con él. Porque cree que morir es lo peor que puede pasarle.


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