lunes, 2 de diciembre de 2019
LA MASCOTA
LA MASCOTA
Hoy acabé con la vida de mi mascota. Puse fin a su presencia aborrecible que nunca busqué. Al fin pude deshacerme de esos ojos desorbitados que me miraban a toda hora sin yo saberlo, cómodamente colocados al tope de su cabeza triangular, al mando de su cuerpo alado y peludo. El pensamiento de que tal bicho había decidido por su cuenta convertirse en mi mascota me sobrevino hace unos ocho días, cuando noté que me perseguia por toda la casa, lo cual me hizo sospechar que detectaba mi olor, o que sus poderosos ojos – o antenas, o bigotes, no lo sé bien- identificaban el calor que se desprende de mi cuerpo, generando para ella un campo de energía, de un color seguramente atractivo a sus sentidos. Esto lo digo como reflexión post-mortem porque ahora que he salido triunfante de la carrera de hostigamiento en la cual nos empeñamos ambos furiosamente, he quedado convencida de que mi auto-designada mascota tenia sus cinco –y hasta sus seis- sentidos muy bien puestos. Ahora que contemplo su cuerpo inerte a mis piés y despues de asegurarme de que no respira por ninguna parte de él, no puedo negar que no hubo dias en que el desafío hasta llego a interesarme. Reconozco que no me importó perder unas cuantas horas en estudiar su estrategia para poder vencerla. También debo reconocer que, - contrariamente a mis intenciones -las de ella (o de el, nunca pude averiguar su sexo y a quien le importa) nunca fueron abiertamente homicidas. Solo se limitó a dejarme entender que el único proposito de su existencia era joderme el rato. Conducirme a la locura y a la desesperación. Reírse de mi sardónicamente desde su escondite mientras yo la insultaba y le mentaba a la puta de su madre, y – a mi vez- soltaba una risotada de loca cada vez que comprobaba que habia vuelto a escapárseme. Ahora comprendo que conducir a alguien a la locura puede ser – y es- una variante del homicidio, muy premeditado en este caso. Esa criatura infernal e inútil con cuya vida acabe hoy, fue echada al mundo como ejemplo de cómo puede ser de frio, cruel y malintencionado el calculo de la naturaleza cuando se trata de experimentar algunas formas de extinctión con ciertos miembros del Reino Animal. Con los días aprendí a distinguirla del resto de sus congéneres por su forma de comportarse. No era como las demás. Cuando abría la puerta de mi casa, la encontraba alli, clara y ostensiblemente esperándome. Era élla, no ninguna otra de sus cientos, miles, millares de hermanas o primas, o madres..mientras continuaba cagándose en cada rincón y contaminando cada partícula del aire , mirándome, altanera y chocante. Un poco horrorizada, caí en cuenta de que ese ser horripilante me había elegido para practicar, a la manera de las moscas, un escalofriante remedo del comportamiento de algunos malchicos.
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