Bajo el reinado de Victoria, Gran Bretaña vivió su máximo esplendor y poderío, y finalmente su decadencia, que vista a la luz de hoy, aunque se debió a muchos factores, fue desencadenada sin embargo, por el irreductible concepto de la moralidad puritana de la Reina. De no haber sido porque, bajo esa rigidez moral, Victoria decidiera enviar a la India a las esposas de los administradores de la Compañía Británica de las Indias Orientales, quizás la historia hubiera tenido otro final. Hasta la llegada de sus esposas, los ingleses radicados en la India realizaban su trabajo para la compañía bajo términos bastante cordiales con los lugareños, sin mayores tropiezos. Allí extraían lo que había que extraer, lo empacaban y lo enviaban a la Corona, por las rutas comerciales previamente abiertas por ellos mismos, y todo transcurría en relativa concordia. Allí vivían y tenían sus mujeres indias, silenciosas, alegres y complacientes. La llegada de las esposas trastocó toda aquella armonía y desencadenó sucesos terribles que sacaron a relucir la peor cara del imperialismo británico, que ya entonces hubo de sofocar de un modo terrible la primera yihadd, el primer alzamiento contra la corona bajo el mando del lider musulman El Magdi, en Sudán, escenario del enfrentamiento entre Inglaterra, Turquía y Rusia, por el control del Canal de Suez. El resto es historia conocida.
Pero lo apasionante aquí es la confrontación de dos visiones opuestas de lo que significa poseer un inmenso y casi ilimitado poder, y cómo ejercerlo con magnanimidad y sin abusos. Bajo el reinado de Victoria, en Inglaterra se enfrentaban dos ideales personificados por sus dos más descollantes Primeros Ministros: W.E. Gladstone (liberal) y Benjamin Disraeli (monárquico), quien contaba con todo el apoyo de Victoria. Éste último, férreo defensor del Imperialismo de la para entonces primera gran potencia industrial del mundo, sostenía que Inglaterra debía no sólo defender su imperio, sino ampliar su influencia a cualquier costo. Gladstone, por el contrario, gran orador, defendía la idea de la conmisceración cristiana, el ideal de Justicia, el respeto a las leyes y el juego limpio. Opinaba que había que poner fin a las atrocidades cometidas y defendía ardorosamente la idea de que Gran Bretaña abandonara su política imperialista. Durante los dos períodos que ejerció como Primer Ministro, y en contra de los deseos de Victoria, Gladstone promulgó un conjunto de leyes destinadas a frenar el avance del Imperialismo belicista encarnado por Disreali: el auto-gobierno para Irlanda (pobre Irlanda, jodida desde entonces), más jueces indios, ante los cuales los ingleses no podrían negarse a comparecer, y otras de corte social. Hubo otros, además de Gladstone. El Drs. Livingston, quien se extravió por años en Africa, en busca de las fuentes del Nilo, y fue luego sensacionalmente encontrado por Morton Stanley (.. Dr. Livingstone, I supose..) muy enfermo y próximo a su muerte, escribió su última carta pidiendo a las potencias occidentales europeas poner fin a la esclavitud. Falleció el 3 de abril de 1878. Vargas Llosa hace un admirable retrato del expolio del Congo en su libro El sueño del Celta

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