lunes, 2 de diciembre de 2019

SIGUE SIENDO SEPTIEMBRE

SIGUE SIENDO SEPTIEMBRE Asisto casi a diario a la Catedral. Hablar de su magnificencia es redundar…todas las catedrales europeas son magníficas… pero no puedo dejar de orbitar en la atracción de la piedra que ha atravesado los siglos y continúa allí, presente. con su armonía, su lenguaje, su saber decir, su verdad, su importancia, su inevitabilidad.. siento en mi pequeñez, -cuando la observo desde mi altura-, la curva de las manos que la tallaron y colocaron cada una, en el lugar preciso para que junto a las otras, se elevara hacia los cielos para cantar alabanzas a Dios.. Entro en la catedral y observo cada columna minuciosamente. Cómo se adelgazan para formar en cada espacio, esos arcos maravillosos, donde se hace presente la Edad Media con toda su fuerza, su imponente recato, su austeridad. Los vestigios de los siglos, desde los romanos hasta el XVIII, están ahí dispuestos, solícitos, dejando que mis interrogantes sean respondidas con conjeturas. ?Por qué no están las figuras en las columnas, y dónde estarán ahora ? qué significan estas figuras de animales, quiénes fabricaron estas gárgolas? Cada día observo las variaciones de la piedra, ligeramente rosada en verano, cubierta de humedad y musgo verde ahora en invierno. Me siento en actitud sobrecogida y cada palabra adquiere una brillantez cegadora en mi espíritu. No en mi mente, sino en mi sentimiento.. Gozo, canto, alabanza, finitud, infinitud. Inevitable citar el libro de Fulcanelli.. las Catedrales son libros abiertos,

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