LA MEDIDA DE TODAS LAS COSAS
“El hombre es la medida de todas las cosas”: eso pensaba sarcásticamente Ismelda cuando miraba su circunferencia, y continuaba: “la medida mia abarca el radio del globo” y entonces reía y reía y se reía de si misma, con el buen talante que solía tener, y que antes había sido la admiración de todos.
Desde la altura de su cabeza, sumergida en el tronco, -porque el cuello habia desaparecido hacia mucho-, y casi ahogada por unos pechos que se derramaban hacia el ecuador y subían hasta los polos, o mas exactamente, sólo hacia el polo norte de su humana corpulencia, bajando la vista. con dificultad, podía advertir que su inmensa barriga aventajaba todavía en unos cuantos centímetros, a sus pechos, por lo que su figura podía describirse como un inmenso montón de arcilla, que aumentaba en forma decreciente, y donde se han practicado con el bisturí, unas pequenas incisiones para sugerir el lugar donde deberían estar los pechos, la barriga y quizás, unas extremidades que de alguna manera, equilibraban el conjunto.
Existe un dicho que reza “fulano de tal no ve mas allá de sus narices” Hacía mucho tiempo que Ismelda no se veia a sí misma mas allá de su barriga. Lo que descendía desde esa zona hasta el colchón de su cama, era intuído. Una suposición. Sabía que algo habia allí cuando los zancudos le mordían los pies y las piernas. Recordaba la existencia de la parte trasera de su cuerpo cuando hacían su aparición ocasionales cataclismos intestinales.
A Ismelda se le iba la vida entre pensar en comer…. y comer. Pensar en la comida era un disfrute equivalente -y a veces hasta superior-, al acto de hacer pasar los alimentos por su garganta. Ismelda era una sibarita, una hedonista que ponía en la comida toda la pasión que, de haber podido, hubiera destinado al sexo, o al trabajo, o a una causa heróica. Sus horas discurrían entre imaginar menús primero y lograr que se materializaran después, en suculentos platos que se hacía llevar hasta su cama; de la que no podia moverse por si misma sin ayuda. Y para eso tenía a sus hijas.
Antes de adquirir su hipopotámica figura, Ismelda había tenido amores y hasta un marido.. Ya ni ella misma recuerda la secuencia de los hechos que la condujeron hasta su volumen actual, solo sabe que no siempre fue asi, que no fue obesa en su infancia ni en su primera juventud. Ahora, un par de jovencitas, sus hijas, existen como prueba de que hubo un tiempo y un espacio de sueños y risas.
En la bruma de su memoria aparece un recuerdo que experimenta como si fuera ajeno, como un acto escenificado por otra que no es ella, en el cual ve surgir desde dentro de sí misma, un monstruo, una hiena que no sospechaba que la habitaba, y que con fauces babeantes de furia, echa a la calle al padre de sus hijas, con el unico objetivo de quedarse con la casa, y con la inmensa cama, que desde entonces, es su presente y su destino irremediable.
De eso han pasado años.
La hiena que habita a Ismelda ha aprendido cuándo aparecer.. Se aleja durante sus ensoñaciones gastronómicas, se adormece junto a ella cuando Ismelda hace sus lentas digestiones, saliva de placer con los manjares que ella saborea..y mientras dura ese placer permanece agazapada; pero toma el protagonismo cuando se trata de defender su ración de comida, cuando decide que no se le ha servido a tiempo, que es insuficiente o que no ha sido preparada a su gusto. Es entonces cuando da rienda suelta a su malignidad y amenaza con cobrar vidas, incluyendo las de sus hijas si fuera preciso, a quienes atormenta, persigue, chantajea y somete a sus explosiones de humor y gritos histéricos acompañadas de exalaciones nauseabundas de su vientre, que despide a voluntad.
Una extraña amalgama de culpabilización, victimización, amor y odio transfiguran el rostro de Ismelda cuando aparece la hiena; cuando clama por la presencia de alguna de sus hijas apelando a su compasión, hasta que, atiborrada, la hiena deja de atenazarla y se aleja. Y así hasta la próxima secuencia, que con ligeras variantes, siempre es la misma: ansiedad incontrolable, deseos de matar y una vez saciada la adicción, el letargo digestivo, a la manera de las serpientes o los cocodrilos, y en medio de todo, pesadillas.. en las cuales su consciencia lucha por gritarle que comer, para ella, no significa la vida sino la muerte.
De las pesadillas casi siempre despierta con deseos de ir al baño..
Desde hace tiempo se debe acudir a servicios de emergencia para que la trasladen al inodoro; para lo cual hubo que ensanchar unas puertas y prescindir de otras.
Pero a veces la hiena duerme por su propia cuenta.. entonces aparece la risa de Ismelda, que a la luz de recuerdos o pensamientos amables, le sonroja las mejillas y hace brillar su mirada, y entonces nos damos cuenta de lo bella que debio haber sido, cuando todavía ser feliz era una posibilidad

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